4,49 €
eBook Interactivo. Resumimos aquí la muestra de la mejor producción artística humana, que nació de un pueblo guerrero y comerciante como los helenos, que se convirtió en el emblema del género humano durante varios siglos. Aunque su actividad económica fue semejante a la de los fenicios, por ejemplo, nadie ha podido explicar jamás cómo desarrollaron su mente y su capacidad de creación artística hasta el nivel que ellos alcanzaron, que llegó a convertirse en meta y símbolo del arte de todos los tiempos.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
ÍNDICE
ORGANIZACIÓN POLÍTICA, SOCIAL Y ECONÓMICA
CULTURA DE LA ÉPOCA HELÉNICA
OTRAS PUBLICACIONES
Sobre los aqueos y jonios, que poblaron las penínsulas griegas a fines del segundo milenio, cayeron unos pueblos del norte--los dorios--que ocuparon paulatinamente toda Grecia, hasta el Peloponeso. Destruyeron la cultura micénica y quizá también la cretense. Estas migraciones se produjeron desde el 1200 al 1000 a. de J. C. en distintas oleadas. Con los dorios venían otros indoeuropeos, como los etolios, tesalios, beocios, etc... Los etolios fundaron Etolia, y cruzando el istmo de Corinto, se establecieron en el Peloponeso, en la Elida. Los dorios descendieron al Peloponeso y fundaron muchas ciudades: Esparta, Megara, etc. Los beocios destruyeron la Orcómenes micénica y fundaron la Beocia con capital en Tebas.
Los tesalios se quedaron al Norte, en el valle del río Peneo. Los aqueos y los jonios fueron en unos sitios rechazados (Micenas, Orcómenes) y en otros asimilados por estos guerreros agricultores del Norte: Atenas, Argos y Sicione.
Estas inmigraciones septentrionales de la Edad del Hierro produjeron una formidable expansión colonial por el Mediterráneo. Ya en la época “micénica” se había experimentado este fenómeno de colonización hacia Asia Menor, fundando los aqueos ciudades como Mitylene, Esmirna, Lesbos, etc., y conquistando Troya. Los jonios fundaron las ciudades de Quíos, Samos, Focea y otras. Los aqueos (que dieron lugar a una población mezclada o “eolia”) se dedicaron a la agricultura, pero los jonios convirtieron sus colonias en grandes urbes comerciales que heredaron el poder marítimo de Creta. Sólo las de Tiro y Sidón hacían sombra a los jonios en esta época.
Estas primitivas colonias, anteriores al 1000 a de J. C., se vieron superpobladas a causa de las migraciones originadas por los dorios a partir de esta fecha. Crecían las colonias y aumentaba su radio de acción. Y no se limitaron a las costas de Asia Menor y las islas del Egeo, sino que extendieron su garra colonizadora hacia el Norte (Mar Negro), Sur (Egipto) y Oeste (Italia, Galia, África y España). En la época de esplendor de la colonización griega los jonios fundan o engrandecen Mileto, Efeso, Focea, Teos, a través del puente insular de las Cícladas, Quíos y Samos. Los habitantes de Focea, a su vez, poblaron las colonias de Massalia y Emporion, en el Mediterráneo Occidental. Los jonios de Calcis (Eubea) fundaron varias colonias en el península Calcídica (Macedonia) y luego se lanzaron a Occidente y fundaron Cumas, Nápoles, Regio, Catania y Mesina.
Poco después, hacia el año 900 a. J. C., Ios mismos etolios y dorios sintiéronse estrechos en su nueva patria y optaron también por lanzarse al mar y buscar en las colonias la tierra y los alimentos que difícilmente conseguían en Grecia. Los dorios de Megara fundaron Bizancio, Calcedonia y otras colonias en el Ponto. Los dorios de Corinto fundaron Corcira y Siracusa, en Sicilia. Los dorios de Esparta fundaron Tarento en el sur de Italia. También fueron los dorios los fundadores de Cirene, Trípoli y otras en el norte de África (FIG. 1).
En esta aventura tuvo papel preponderante el oráculo de Delfos, que con sus vaticinios dirigió la colonización de las nuevas tierras con un criterio entre religioso y político. Las colonias no llevaron una vida cómoda. Las asiáticas tuvieron que soportar el ataque de los lidios y de los persas. Las occidentales chocaron con Cartago y los etruscos y mantuvieron una enconada porfía bélica. La labor de estas colonias fue mucho más intensa y eficaz que las de los fenicios en Levante, porque los griegos no levantaban solamente factorías comer-ciales, sino que establecían auténticas colonias agrícolas permanentes. Estos núcleos de población, que tenían un contacto marítimo ininterrumpido con la metrópoli, difundieron la cultura helénica a los pueblos costeros mediterráneos.
Pero volvamos a Grecia. Los habitantes de las penínsulas griegas no se llamaban a sí mismos griegos, sino “helenos”. La época que vamos a considerar ahora es la que va del siglo X al V a. de J. C. es decir, la época que suele llamarse “helénica” o “arcaica”.
La invasión doria pone fin a una época heroica y militarista, la aquea, que había dejado sus hazañas eternizadas en cantos y leyendas. Estas hazañas aqueas son recogidas después (siglos VIII-VII a. de J. C.) por Homero en “La llíada” y “La Odisea”.
Los dorios transformaron el estilo de vida griego. La monarquía militarista aquea se transforma en una monarquía aristocrática de carácter agrario, en la que los reyes son terratenientes no muy superiores a los otros nobles (hetairoi). El rey sólo es el “primero entre sus iguales” y tiene un carácter sacerdotal (basileus) más que propiamente político. Junto al rey--asesorándole en las tareas de gobierno--hay distintas instituciones que subrayan las limitaciones de esta monarquía. Está la Asamblea popular, que se reúne en el “ágora” (plaza pública), y que se convoca por medio de los heraldos (protegidos por Hermes) cuando hay que atender a alguna causa importante. El Consejo de ancianos (boulé o gerusia) asistía permanentemente al monarca.
Cada ciudad tenía una administración y una economía independientes. Es la “polis” o « ciudad-estado » germen de la urbe occidental. En este período hay más de 150 polis en Grecia. Entre ellas no existían relaciones de amistad generalmente, pero había vínculos supraciudadanos que son las bases del Derecho internacional. Uno era el heraldo del rey, que, portando el sagrado símbolo de Hermes, el caduceo, era inviolable. También había pactos de hospitalidad (“xenia”) entre dos ciudades o poleis distintas. Y por último, estaba la apelación al Zeus de los suplicantes, a la que recurre Orestes perseguido por las Coéforas. Alguna de estas costumbres son supervivencias aqueas que se conservaron en el período helénico.