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EL PRIMER LIBRO DE LA OBRA COMPLETA DE MARCIAL, QUE APARECE EN DOS VOLÚMENES. De Marco Valerio Marcial apenas sabemos detalles de su vida con seguridad. Nacido en Bílbilis, no lejos de la actual Calatayud, pasó algo más de tres décadas en Roma, antes de volver a su tierra natal. En ese período se convirtió en el maestro indiscutible del epigrama, una forma poética breve e ingeniosa que llevó a las máximas cotas de expresividad a través de gran variedad de temas. Procedente de la tradición helenística, el epigrama originalmente era tan solo una sencilla inscripción conmemorativa, que poco a poco se convirtió en un vehículo poético autónomo, con múltiples posibilidades formales y temáticas. En Roma, se recogió esta tipología y se le dio una nueva dimensión que culminó con Marcial, quien formula desde el yo poético concisas obras maestras que van del sarcasmo y la burla más aguda a la elegancia y sensibilidad más delicada.
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Seitenzahl: 463
Veröffentlichungsjahr: 2024
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 236
Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por CARMEN CODOÑER .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1997.
www.editorialgredos.com
Las introducción, traducción y notas han sido llevadas a cabo por A. RAMÍREZ DE VERGER (§§ II, III, IV y VI de la intr., Libro de los Espectáculos y Libros I-VI) y J. FERNÁNDEZ VALVERDE (§§ I, V y VII de la intr.).
REF. GEBO331
ISBN 9788424932602.
INTRODUCCIÓN GENERAL
I. VIDA Y OBRA DE MARCIAL
A excepción —naturalmente— de su muerte, todos los datos que se conocen de la vida de Marco Valerio Marcial, incluido su nombre 1 , proceden de su propia obra.
Los hitos incontrovertibles de su biografía son su nacimiento en Bílbilis, su marcha a Roma, su estancia en ésta durante al menos treinta y cuatro años y su regreso a Bílbilis, donde muere. En cuanto a las fechas exactas, todo depende del año de publicación del libro X, pues en él están todos los datos referentes a ellas: en X 24, 1-5 afirma que tiene 57 años:
Calendas de marzo, mi cumpleaños ,
día más hermoso que todas las calendas ,
en el que me envían regalos incluso las muchachas:
pasteles quincuagésimos y este séptimo
incensario añado yo a vuestros fóculos .
Y en X 103 y 104, que lleva 34 años en Roma y está a punto de regresar a Bílbilis:
Paisanos míos, a los que Bílbilis Augusta engendra
en el abrupto monte que baña el Jalón con sus rápidas aguas ,
¿no os causa algún contento la radiante gloria de vuestro poeta?
Pues soy la prez y la reputación y la estima vuestras ,
y su Verona natal no le debe más al sutil Catulo
y estaría ésta no menos dispuesta a que yo fuera llamado suyo .
Han transcurrido ya el trigésimo verano más cuatro cosechas
desde que, sin mí, le ofrecéis a Ceres los rústicos pasteles ,
mientras he estado habitando las hermosísimas murallas de la señorial Roma:
los reinos ítalos han encanecido mis cabellos .
Si acogéis con buena voluntad al que regresa, iré;
si tenéis el corazón hosco, me puedo volver .
Ve en compaña de mi amigo Flavo, ve, librito ,
por el ancho mar —pero de olas favorables— ,
y con feliz travesía y vientos propicios
dirígete a las alturas de la hispana Tarragona .
Desde allí te llevará un carro y, a mata caballo ,
quizás tras cinco jornadas, divisarás
la encumbrada Bílbilis y tu querido Jalón .
¿Qué te encargo, me preguntas? Que a los amigotes
—pocos pero viejos, y a quienes dejé de ver
hace treinta y cuatro inviernos—
los saludes tan pronto como llegues ,
y le recuerdes una y otra vez a mi amigo Flavo
que me compre a buen precio un recreo
risueño y nada trabajoso
que haga indolente a tu progenitor .
Nada más. Ya está llamando el arrogante capitán
y te reprocha el retraso, y una brisa más intensa
ha abierto el puerto. Adiós, librito:
a la nave —creo que lo sabes— no la retrasa un solo pasajero .
La dificultad que plantea la datación de este libro X radica en que lo que conservamos de él es una segunda edición:
El resultado de mi décimo librito —realizado con prisas en anterior ocasión—
me ha rememorado ahora esa obra que se me escapó de las manos .
Leerás algunos epigramas ya conocidos pero pulidos con nueva lima;
inédita será su mayor parte 2 .
La anterior ocasión, es decir, la primera edición, fue en diciembre del año 95, un año después del libro IX 3 , de la misma forma que el libro XI será publicado en el mismo mes de 96 y que una antología de los libros X y XI lo será en 97 4 . Esta segunda edición aparece a mediados o finales de 98 5 . Lo que ha ocurrido entre las dos ediciones ha sido el asesinato de Domiciano el 18 de septiembre de 96 y el reinado de Nerva entre esa fecha y principios de 98, en que fue elegido Trajano, hechos —sobre todo el primero— que habrían obligado a Marcial a eliminar de ese libro X los epigramas laudatorios sobre Domiciano y a sustituirlos por otros.
El problema es averiguar a cuál de las dos ediciones pertenecen los tres poemas citados anteriormente. En cuanto al primero, X 24, es imposible saberlo. Por tanto, si en el momento de escribir ese epigrama tenía 57 años, quiere decir que Marcial nació entre los años 38 a 41, o más presumiblemente el 38 o el 41, dependiendo de que el poema perteneciera a la edición del año 95 o a la del 98 y dado que aparece en este libro y no en el XI, publicado, como hemos dicho, en 96.
Con respecto a los otros dos epigramas, el 103 y el 104, la cuestión parece más clara. A lo largo del libro X surge de forma recurrente la añoranza de Marcial por su tierra natal, su deseo de regresar a ella e incluso las medidas para liquidar su patrimonio en Roma y —como hemos visto— los preparativos del viaje y de su próxima residencia 6 . Nada de esto aparece en el libro XI. Por tanto, es lógico suponer que estos dos epigramas pertenezcan a la segunda edición y que, en consecuencia, la llegada de Marcial a Roma se produjera en el año 64, es decir, treinta y cuatro años antes. Y, por otra parte, que el regreso de Marcial a Bílbilis tuviera lugar poco después de 98, seguramente en el año 99, según cuenta él mismo en XII 31, 7:
a mi vuelta, al cabo de siete lustros
Uno de los pocos datos seguros de su biografía es el de su lugar de nacimiento: la ciudad de Bílbilis, cuyas ruinas se encuentran hoy en el Cerro de Bámbola, a unos cuatro kms. al NE de la actual Calatayud, en la provincia de Zaragoza, en la confluencia de los ríos Jalón y Ribota. Marcial la cita en numerosas ocasiones, dándole incluso —en el ya visto X 103, 1— la categoría de Augusta Bilbilis . Se calcula que pudo tener unos 50.000 habitantes.
Pero aparte de la ya dicho, poco más se sabe con certeza. Ni siquiera el día de su nacimiento, por más que el propio Marcial asegura al menos en tres ocasiones 7 sin lugar a dudas que su cumpleaños era en las calendas de marzo, esto es, el 1 de ese mes; pero ya H. Lucas 8 demostró que los cumpleaños se solían celebrar en las calendas del mes correspondiente al nacimiento, fuera cual fuera la fecha de éste. Es decir, que Marcial nació en el mes de marzo del año 38 ó 41. Y tampoco se sabe con absoluta seguridad los nombres de sus padres. De V 34 se deduce —con bastantes visos de verosimilitud— que se llamaban Frontón y Flacila; si así fuera. habrían muerto antes del año 90, fecha de la publicación de este libro.
En este punto, cabe hacer notar lo resbaladizo del terreno que se pisa cuando los datos sobre la vida de una persona —y más, de un escritor— los proporciona ella misma. Así, es de suponer (y empezamos con las suposiciones) que Marcial, dada su trayectoria posterior, recibió una educación esmerada, ya fuera en la propia Bílbilis o en ciudades cercanas de mayor importancia, como Cesaraugusta o Tárraco. Ahora bien, lo que él mismo cuenta en IX 73, 7-8
En cambio , a mí los mentecatos de mis padres me enseñaron unas pocas letras:
¿qué tengo yo que ver con los gramáticos y los rétores?
¿se corresponde con su caso concreto o es pura ficción literaria? Lo mismo podría preguntarse de las referencias a distintos lugares hispanos en I 49 y IV 55: ¿los conoció Marcial personalmente en algún viaje durante su época juvenil o son referencias indirectas? Lo que sí resulta cierto es que en el año 64, cuando contaba 26 ó 23 años, marcha a Roma en busca de fortuna, como tantos otros jóvenes con inquietudes de todas las partes del imperio.
Si a su llegada a la capital fue acogido por la familia Annea y, en consecuencia, en el círculo de Séneca, como algunos sugieren a partir, sobre todo, de IV 40 y XII 36, habría que concluir que Marcial no tuvo suerte alguna en sus inicios romanos, dado el triste final que sufrieron sus supuestos protectores tras el descubrimiento de la conjura de Pisón en el año 65. Y es de suponer —otra vez— que se buscaría otros y que empezaría a ganarse la vida vendiéndoles sus poesías. Esta suposición parece plausible si atendemos a lo que cuenta en I 113 sobre sus composiciones de juventud y a que su primer libro no se publica hasta el año 80. Posiblemente los dos libros que suelen cerrar su obra, Xenia y Apophoreta , sean fruto de esos dieciséis años en que no publicó nada. Tampoco se explicaría muy bien, salvo osadía propia de poeta novel, el epigrama 1 del libro I y la referencia de Marcial a su negativa a ejercer la abogacía a petición de Quintiliano, como parece desprenderse de II 90. En definitiva, Marcial es un cliente más en la Roma que contempla esperanzada la instauración de la dinastía Flavia. Un cliente que tiene un modesto pasar, que depende de la generosidad del emperador y de los regalos de sus patronos a cambio de sus epigramas, que vive, en un principio, en un habitáculo alquilado en el tercer piso de una casa de la calle del Peral, en el Quirinal 9 . Con el tiempo, y con la publicación de su obra, irá mejorando su situación y hacia el año 94 llegará a tener casa propia en la misma zona 10 , además de la pequeña finca que poseía desde años atrás en Nomento 11 , regalo probablemente de algún amigo o patrono 12 y adonde, a pesar de sus repetidas quejas sobre sus condiciones, se retira de vez en cuando huyendo del ajetreo de la gran ciudad 13 . Añádanse a todo esto las prebendas que conllevaban los «derechos de los tres hijos» (que, pese a no tenerlos, le concedió Tito y confirmó Domiciano 14 y que Marcial cita ya en II 92) y los privilegios del cargo honorario de tribunus militum semestris15 (otorgado por Domiciano), que llevaba aparejado el rango de caballero.
Pero todo esto no quiere decir que Marcial llegara a alcanzar una posición económica desahogada. A lo largo de toda su obra se queja de su nada boyante situación, a veces con algún destello de amargura. Sirva como ejemplo el epigrama que cierra el libro XI, el último que escribe en Roma:
Aunque puedes estar harto de un librito tan extenso ,
lector, todavía me pides unos pocos dísticos .
Pero Lupo me reclama su préstamo y mis esclavos su pitanza .
Lector, paga. ¿Te callas y te haces el distraído? Adiós .
Epigrama que remite al comienzo del mismo libro, en concreto a XI 3, 6, en el que se queja una vez más de la poca rentabilidad económica de su poesía. Lo mismo podría decirse de sus epigramas sobre su trabajo como cliente, que aparecen prácticamente en todos los libros, incluido el último, escrito ya en Hispania 16 , por lo que habría que concluir que nunca dejó de ejercer esa labor. Y añádase, como veremos más adelante, que ni siquiera disponía de dinero para costearse el viaje de retomo a su patria.
Por todo ello se podría decir que su situación económica no fue nunca estable, sino que anduvo a salto de mata. Entonces, parece un poco aventurada la suposición de que llegó a poseer unos veinte esclavos entre su finca de Nomento y su casa de Roma 17 . No más de seis de ellos aparecerían con nombres propios: el amanuense Demetrio 18 , los pueri Álcimo 19 , Diadúmeno 20 y Jacinto 21 , la esclavita Eroción 22 y el ayo Caridemo 23 ; pero, a excepción de Demetrio y de Eroción en X 61, se podría pensar que fueran sólo ficción literaria o poemas de encargo para algún patrono o amigo, sobre todo en el caso de Caridemo, de quien, de ser cierto lo que se escribe de él, habría que deducir que vino desde Hispania a Roma con Marcial.
Concluyamos, pues, que Marcial fue trampeando como pudo para ganarse la vida, sobre todo como cliente 24 , a expensas siempre de sus patronos y amigos, con momentos mejores y peores, pero sin una situación estable. Y a expensas, también, de lo más bien poco que le dejaban sus libros, que, como hemos visto, comenzó a publicar en el año 80, cuando vio la luz el Libro de los Espectáculos . Hasta cinco años más tarde no publicó de nuevo, en este caso los que ahora se ordenan al final de su obra, el XIII y el XIV, Xenia y Apophoreta . A partir de entonces va a seguir Marcial casi al pie de la letra el ritmo de publicación de un libro por año que anunciará más tarde en X 70, 1: en el 86, los libros I y II; en el 87, el III, único libro, junto el XII, escrito fuera de Roma, en este caso desde el Foro de Cornelio (la actual Ímola, en Lombardía), adonde probablemente había acudido a pasar una temporada por invitación de algún patrono o amigo; en el 89, el IV; en el 90, el V; en el 91, el VI; en el 92, el VII; en el 94, el VIII; en la primavera del 95, el IX; y, como hemos visto más arriba, en diciembre del 95 la primera edición del X, en 96, el XI y en 98 la segunda edición del X; para acabar con el XII en el año 101 25 ya desde Hispania.
Al terminar cada uno de ellos los ponía a la venta en la librería de Segundo 26 , de Quinto Polio Valeriano 27 , de Atrecto 28 o de Trifón 29 ; pero, a juzgar por esos mismos testimonios, no debían de rentarle en exceso debido, por una parte, a la manía de algunos de sus lectores de no comprar sus libros y pedirle que se los regalara y, por otra, a la competencia desleal de los plagiarios, otro de sus temas recurrentes.
No hay tampoco ningún dato seguro sobre su situación familiar en Roma, aunque es muy probable que permaneciera soltero. Los epigramas que se citan para intentar demostrar que se casó 30 y que incluso tuvo una hija 31 no dejan de ser pura ficción literaria. De haberse casado, su visión del matrimonio no sería tan tópica y superficial como la que demuestra y su misoginia, quizás, menos exagerada.
En cualquier caso, hay un momento en la vida de Marcial en que éste no se siente a gusto en Roma; ya hemos visto que esto se produce entre el año 95 y el 98 y que a lo largo de la segunda edición del libro X (hecho que no se produce en el XI) aparece el deseo del poeta de regresar a Bílbilis. La causa no debe buscarse solamente en la búsqueda de la tranquilidad frente al ajetreo de la gran ciudad, como podría desprenderse de esos epigramas y de algunos que aparecen en el libro XII 32 ; debe buscarse más que nada en el cambio de escenario político que se ha producido en Roma en esos años y al que hemos aludido más arriba: el asesinato de Domiciano y su sucesión por Nerva y Trajano. Es un hecho fuera de toda duda que Marcial —porque así lo creyera, por agradecimiento o por conveniencia personal— había sido un significado partidario de Domiciano. El libro VIII es un excelente ejemplo de su labor propagandística y adulatoria hacia el emperador en los últimos tiempos de éste. Su desaparición debió de colocar a Marcial en una posición tan incómoda que no tuvo más remedio que poner tierra por medio.
A su llegada a Bílbilis fue ayudado por Marcela, que se convertiría en su patrona y que le regaló una finca en el campo 33 , donde parece alcanzar los ideales que soñó años atrás 34 . Pero no todo debía de ser así. La misma carta proemial del libro XII es toda una declaración de que Marcial se ha vuelto definitivamente romano y de que no tiene ya casi nada en común con sus paisanos: «... echo de menos el auditorio de la ciudad, cosa a la que me había acostumbrado, y tengo la impresión de que pleiteo en un tribunal extranjero 35 ; de hecho, lo que en mis libritos haya que tenga éxito me lo dictaron mis oyentes: esa finura de razonamientos, esa ocurrencia de asuntos a tratar, las bibliotecas, los teatros, las reuniones, en donde los buenos ratos no se aperciben de que están trabajando; en definitiva, todo lo que abandoné hastiado lo añoro como si me lo hubiesen quitado. A esto se añade la caústica maledicencia de mis paisanos, y la envidia en vez del razonamiento, y uno o dos malnacidos...»; para terminar casi renegando de sus orígenes: «... no vaya a ser que envíe a Roma (...) un libro no hecho en Hispania sino hispano». Lo mismo que el epigrama XII 21, una alabanza a su protectora Marcela que se convierte en un insulto a sus paisanos y que acaba con este dístico:
Tú me instas a que mi añoranza de la ciudad sin par
se me haga más llevadera: tú sola conformas una Roma para mí .
La muerte de Marcial la conocemos por una carta de Plinio el Joven a su amigo Cornelio Prisco 36 , datada en torno al año 104:
Me entero de que ha muerto Valerio Marcial y me duele. Era una persona inteligente, aguda, penetrante, y en sus escritos mostraba tanta gracia y mordacidad como franqueza. Cuando se marchó, lo acompañé dándole dinero para el viaje ...
Así pues, Marcial murió en Bílbilis en torno al año 103, cuando contaba entre 62 y 65 años de edad.
El corpus de epigramas de Marcial que ha llegado a nosotros deriva de una edición preparada después de la muerte de su autor. La colección se abre con el Epigrammaton liber (conocido también como Liber de spectaculis o Liber spectaculorum , títulos propuestos en la edad moderna), que abarca unos treinta epigramas. Le siguen doce libros de epigramas (1173 en total) de temas muy variados 37 . La colección se cierra con los Xenia , 127 epigramas, que se publicaron en diciembre del 84, y los Apophoreta , 223 epigramas, que salieron a la luz en diciembre del 85. Estos dos últimos libros aparecen como el XIII y el XIV del corpus de epigramas, aunque no coinciden con el orden de su publicación. Los Xenia venían a ser unos billetes poéticos, de un solo dístico, que acompañaban a los regalos que se enviaban a los amigos con motivo de la celebración de las Saturnales durante el mes de diciembre; los Apophoreta eran también billetes poéticos de un solo dístico, que acompañaban a los regalos que los patronos ofrecían a sus invitados para llevarse a casa.
Marcial había publicado una colección de epigramas juveniles (v. I 113) que no se conserva. También hay que tener presente que los epigramas se conocerían mucho antes de su publicación. Y también parece lógico que todos los libros, no sólo el X, hubieran conocido varias ediciones, en las que el poeta habría introducido nuevos epigramas. La cuestión queda abierta. Bástenos, sin embargo, la espléndida colección de epigramas que hemos recibido de la antigüedad para estudiarla y disfrutarla.
II. EL EPIGRAMA ANTIGUO38
Naturaleza del epigrama39
Dos son las principales características del epigrama. La primera de ellas es la brevedad. Cirilo, en la Antología griega IX 369, decía:
El dístico es un epigrama excelente; pero si excedes de
tres, es una rapsodia, no un epigrama .
Y la segunda característica es la agudeza que en muchas ocasiones se convierte en la puntilla final. E. H. Coleridge definió muy acertadamente al epigrama como sigue:
What is an epigram? A dwarfish whole;
Its body is brevity, and wit its soul .
O recuérdese la definición anónima del epigrama:
Omne epigramma sit instar apis: sit aculeus illi ,
sint sua mella, sit et corporis exigui .
El metro más usado fue el dístico elegíaco, aunque se usaron antes y durante el período helenístico otros ritmos. En Marcial encontramos mayoritariamente el dístico elegíaco, pero no son inusuales los escazontes y los hendecasílabos 40 .
El epigrama griego
Marcial representa la culminación en Roma de una larga tradición del epigrama griego y latino 41 . Originariamente, como es bien sabido, el epigrama no era sino cualquier inscripción sobre objetos, ofrendas, tumbas, monumentos o edificios públicos, en la que se recordaba al propietario, al donante, a la persona o dios a quien se ofrecía o se expresaba simplemente un breve mensaje. Estas inscripciones sepulcrales, conmemorativas o dedicatorias se desarrollaron a través del género literario epigrama en forma de poesías breves, que fueron cultivadas por autores arcaicos y clásicos, como Safo, Alceo, Semónides, Anacreonte, Píndaro, Platón y otros muchos. Todo este conjunto de epigramas fue reunido en colecciones que gozaron de gran difusión en la antigüedad. Las más famosas fueron la Corona de Meleagro de Gádara, de los primeros años del siglo I a. C., y la Corona de Filipo de Tesalónica (sobre el año 40 d. C.). Después, tal vez de época de Adriano o, tal vez antes, vendría la Musa puerilis o «Musa de los muchachos» de Estratón de Sardes y otras antologías tardías 42 .
El epigrama helenístico sufrió una gran influencia de temas convivales, exhortatorios y eróticos, que pertenecían a la esfera del dístico elegíaco, pues este metro, sin descartar al hendecasílabo o al escazonte entre los epigramatistas latinos, se adaptaba a muchos y variados temas, y además el dístico tenía la ventaja de poder constituirse en una unidad de sentido autónoma. De ahí que el epigrama pueda tener una extensión media de uno a cinco dísticos. En Marcial, por ejemplo, y dejando aparte los Xenia y Apophoreta , la extensión media de sus epigramas gira en tomo a los siete versos.
A los poetas helenísticos de comienzos del siglo III a. C. se debe el desarrollo del epigrama como un género separado y autónomo. Destacaron, sobre todo, Calímaco, Leónidas de Tarento, Asclepíades de Samos y Posidipo de Pela. Con ellos comenzó una tradición que duró casi un milenio hasta los escritores bizantinos. Ellos fueron los que ampliaron los epigramas de temas sepulcrales y dedicatorios a una gran variedad de temas: satíricos, eróticos y literarios.
Los epigramas griegos se conservan en lo que ahora se llama la Antología Griega , una colección de unos cuatro mil epigramas distribuidos en dieciséis libros, que proceden de la Antología Palatina de Constantino el Rodio (sobre el 940 d. C.) y de la Appendix Planudea , reunida por el monje Planudes (c . 1300 d. C.). Y tanto la Palatina como la Planudea derivan de una Antología de epigramas griegos entresacados sobre el año 900 d. C. por Constantino Céfalas de antologías populares anteriores. Temáticamente, los epigramas reunidos en la Antología Griega se distribuyen de la manera siguiente:
1.
Epigramas votivos y dedicatorios (AP VI).
2.
Epigramas en forma de epitafios o inscripciones sobre tumbas (AP VII-VIII).
3.
Epigramas eróticos y pederásticos (AP V y XII)
4.
Epigramas epidícticos (AP II, III y IX), dedicados a alabar o vituperar personas o lugares, así como a desarrollar descripciones de obras de arte, edificios y monumentos.
5.
Epigramas que contienen reflexiones o consejos sobre la vida y la moral (AP X).
6.
Epigramas convivales (AP XI).
7.
Epigramas satíricos (AP XI).
Marcial explota todos estos tipos, además de los apophórēta y xénia (o descripciones de regalos) de los libros XIII y XIV, que no son muy distintos de las descripciones de ofrendas (anathēmatiká) ya señaladas.
El precedente de Catulo43
En el inimitable poeta de Verona el epigrama breve e intenso era la forma en la que el poeta expresaba sus sentimientos más íntimos, sus gustos y sus pasiones, siguiendo la tradición helenística de expresar en pocos versos, cuidadosamente elaborados, el intimismo que no tenía cabida en las formas rígidas e impersonales de los géneros mayores. Claro está que en Catulo el epigrama expresa unos sentimientos, gustos y experiencias personales que no se conocían en el epigrama griego. Y, por otra parte, el epigrama sirve a Catulo como medio, crudo y realista, de atacar a sus enemigos siguiendo la tradición itálica de escarnio e invectiva 44 Esa fue también la vía que tomaron Domicio Marso y Albinovano Pedón 45 , otros predecesores de Marcial.
Marcial y el epigrama griego antes de la época de Nerón
El parecido entre los poetas de la Antología Griega hasta época de Nerón y los epigramas de Marcial se debe fundamentalmente «to the common stock of sentimental motifs or characters-types or literary devices available to them all» 46 . Se trata, pues, de una coincidencia más o menos aproximada en motivos literarios tradicionales.
Habría que distinguir una primera generación de epigramatistas helenísticos, cuya obra fue recogida en la Corona de Meleagro . Me refiero a los ya mencionados Calímaco (ca . 305-ca . 240 a. C.), Asclepíades de Samos, Hédilo, Leónidas de Tarento y Posidipo de Pela. Sus epigramas sobre el amor y la muerte y sus viñetas sobre la vida diaria influyeron sólo indirectamente sobre Marcial. En realidad se trata de la utilización de unos temas que se habían convertido en lugares comunes. Sus epigramas influyeron más en la poesía latina a partir de Catulo 47 .
Tampoco se puede exagerar la influencia que ejercieron sobre Marcial los poetas de la Corona de Filipo de Tesalónica sobre el año 40 d. C., quien reunió en su colección a Antípatro de Tesalónica, Antífilo, Marco Argentario, Crinágoras, Filodemo y a él mismo. Por ejemplo, las coincidencias lingüísticas de detalle son poco frecuentes. Se trata más de coincidencias temáticas que de otra cosa. Con todo, los poetas de la Corona de Filipo significan en cierto modo una renovación respecto a la Corona de Meleagro . El gusto se ha transformado y más que poetas son hábiles versificadores y rétores 48 . El epigrama se convierte en un ejercicio frío y el realismo acaba con el lirismo, como ocurre con Marcial. Pero, por otra parte, el epigrama se convierte en un elemento de la vida social, en el que se recoge el refinamiento mundano o la vida de los cortesanos.
Examinemos un ejemplo para recordar que en la literatura clásica un tratamiento original de temas anteriores era una prueba de doctrina49 .
Marcial inserta algunos epigramas que son invitaciones a cenar (vocatio ad cenam) , de gran tradición tanto en la poesía griega como latina. Es, por tanto, un ejemplo más de la dependencia de la literatura latina de la griega, o, puesto en mejores palabras, es una prueba más de la unicidad de la literatura greco-latina.
La vocatio ad cenam50 se distribuía fundamentalmente en tres partes: a) invitación propiamente dicha; b) menú; y c) entretenimiento. Otros ejemplos antiguos son: AP XI 34, 44 (Filodemo); Catulo, XIII; Horacio, Od . X 20 y Epístolas I 5; Marcial, V 78, X 48 y XI 52; y Juvenal XI 11.
Si traemos a colación los epigramas de Filodemo 51 o la deliciosa invitación catuliana a Fabulo 52 , lo único que lograremos es entresacar un mismo tratamiento de una composición genérica, la citada vocatio ad cenam . Marcial, eso sí, destaca por su mayor detallismo y concreción, respetando más que Catulo y Horacio todos los tópicos de las invitaciones: mención de los invitados y la hora, enumeración de los platos, evocación del clima de camaradería y amistad. Como en XI 52 53 :
Cenarás estupendamente, Julio Cerial, en mi casa;
si no tienes una propuesta mejor, ven .
Podrás dedicarle a partir de las dos de la tarde; nos bañaremos juntos:
sabes qué cerca de mi casa están los baños de Estéfano .
De entrada se te servirá lechuga, buena para limpiar
el estómago, y tallos cortados de sus propios puerros ,
luego, un atuncito pasado y mayor que una raquítica caballa ,
pero que lo cubran unos huevos con hojas de ruda;
no faltarán otros huevos cocidos en débiles ascuas ,
y queso cuajado al fuego del Velabro ,
y aceitunas que sintieron el frío del Piceno .
Hasta aquí, los entremeses. ¿Deseas saber lo demás?
Te mentiré para que vengas: pescados, albóndigas, mamas de cerda ,
y aves cebadas del corral y de la charca ,
que ni Estela suele poner de cenar sino raras veces .
Yo te prometo más: no te voy a recitar nada
aunque tú mismo me vuelvas a leer de un tirón tus Gigantes
o tus Geórgicas rayanas con el imperecedero Virgilio .
Pero la dependencia de Marcial respecto del epigrama griego no se agota ni mucho menos con los ecos y coincidencias generales. Falta detenernos en los epigramatistas que más influyeron en Marcial: Lucilio y Nicarco.
Marcial y el epigrama griego de época de Nerón
Marcial se encontraba lejos, no por la cultura, pero sí por la época y por los gustos literarios de los maestros del epigrama alejandrino. Un poco más cercano se sentía Marcial de los poetas de la Corona de Filipo (40 d. C.).
Pero, sobre todo, fueron los epigramatistas de la época de Nerón (54-68 d. C.), Lucilio y, a distancia, su imitador, Nicarco, quienes marcaron un nuevo rumbo al epigrama griego 54 con la explotación de la agudeza y la sorpresa (aprosdókēton) . Hay otros dos epigramatistas, Rufino 55 y Estratón de Sardes 56 , de época discutible, pero que coinciden en diversos epigramas con algunos de Marcial.
Lucilio fue sin discusión quien ejerció una mayor influencia sobre Marcial, tanto en la técnica del retrato satírico como en la concepción del epigrama satírico como una crítica dirigida a tipos generales, no a individuos 57 . A esto hay que añadir un dato importante, señalado por P. Laurens 58 : «Desde el declive de Alejandría el epigrama griego se escribe en realidad en Roma». Primero, fueron Arquías, Filodemo, Antípatro II, Crinágoras, Antífilo, y, después, Leónidas de Alejandría, Lucilio, Nicarco, Rufino y otros.
Precisamente, en época de Nerón destacaron varios epigramatistas griegos que ejercieron una notable influencia 59 sobre nuestro Marcial, pese a que este autor sólo reconozca en el prefacio del libro primero (sic scribit Catullus, sic Marsus, sic Pedo, sic Gaetulicus, sic quicumque perlegitur) . Pero la influencia griega se observa en casi todos los tipos de epigrama.
Hagamos un repaso del epigrama satírico. La mayoría de ellos se encuentran en el libro XI de la Antología . Podríamos distinguir los siguientes grupos 60 :
a) Defectos corporales
Contra los narigudos: AP XI 76 (Lucilio), 198 (Teodoro), 200 (Leónidas), 203 (Anónimo), 267-268 (Anónimos), 405 (Luciano), 406 (Nicarco), 418 (Trajano); Marcial VI 36, XII 88.
Compárense estos dos últimos:
AP XI 198 (Teodoro):
Hermócrates de la nariz, pues si dijéramos la nariz
de Hermócrates, daríamos cosas grandes a pequeñas .
En este epigrama y en uno de Nicarco (AP XI 406) se ha inspirado Marcial para componer el siguiente epigrama (XII 88):
Tongiliano tiene nariz: lo sé, no lo niego. Pero aparte
de nariz Tongiliano ya no tiene nada .
La tradición literaria siguió viva, como es notorio, en nuestro Quevedo, que dio cuenta del tema satírico en su célebre soneto «Érase un hombre a una nariz pegado», del que se buscan modelos tanto en la Antología Griega como en Marcial 61 , y es el ejemplo de D. Miguel Agustín Príncipe (1811-1866) 62 :
Tales, Almirante, dicen
que tienes mucha nariz;
pero si no me equivoco ,
ella es quien te tiene a ti .
Contra los flacos: AP XI 88-95, 100-101, 103-107, 265, 308, 392 (Lucilio), 102 (Amiano o Nicarco), 109 (Anónimo), 110-111 (Nicarco), 372 (Agatías), 407 (Nicarco). Marcial se burla de una mujer flaca en XI 101 (v. AP XI 110 [Nicarco]; contra los gordos: AP XI 250 (Anónimo), Marc. II 52; contra los altos: AP XI 87 (Lucilio), 97 (Amiano), Marc. VIII 60 (v. AP XI 87 [Lucilio]).
Contra los viejos y viejas: AP XI 65 (Parmenión), 71 (Nicarco), 72 (Baso de Esmirna), 76 (Lucilio), 203, 273, 420 (Anónimos), 289 (Páladas), 419 (Filón); Marc. I 100, III 32, VI 40, VIII 79, X 39, 67, 90, XI 97. A veces el poeta dice que la vieja debe pagar, no ser pagada, por hacer el amor: AP XI 73 (Nicarco), V 114 (Mecio); Marc. VII 75, XI 29, 62. Los poetas se burlan también de los achaques de la vejez: la podagra, la caída de los dientes, el color del pelo, la sordera, la caída del cabello y otros. He aquí algunos ejemplos: AP XI 74 (Nicarco), 229, 414 (Amiano), 403 (Luciano), 414; Marc. I 19, II 41, VI 74, VIII 57; III 8, 39, IV 65, XII 22; II 33, V 49, X 83, XII 7 y otros. Otras veces, se critica a los viejos que se esfuerzan por simular la juventud y belleza perdidas: AP XI 66 (Antífilo de Bizancio), 67 (Mirino), 68, 69, 310 (Lucilio), 370, 374 (Macedonio el cónsul), 398 (Nicarco), 408 (Luciano); Marc. VI 12, 57, III 42, 43, IV 36, XII 23, V 43.
Podríamos comparar el de Nicarco (XI 398) con Marcial:
Un hombre, al teñirse la cabeza, destruyó el cabello mismo ,
y la cabeza de tener mucho pelo se hizo toda como un huevo .
Esto es lo que consiguió el tintorero, que ya ningún barbero
pueda cortar su pelo ni blanco ni teñido de negro .
Ha servido de inspiración a VI 57:
Engañas, Febo, con cabellos fingidos mediante ungüentos
y tu sucia calva se cubre de pelo teñido .
No hay necesidad de traer al barbero para tu cabeza:
una esponja puede mejor, Febo, arreglarla .
Contra las mujeres feas o deformes: AP XI 201 (Amónides), 266 (Lucilio), 287 (Páladas), 327 (Antípatro de Tesalónica), 353 (Páladas), 367 (Juliano Antecensor); Marc. V 29, VI 23, X 84; cf. Catulo 41, 43.
b) Epigramas convivales
Los poetas griegos se quejan de la cena parca y frugal (AP XI 96 (Nicarco), 325 (Automedonte), 377, 387 (Páladas), 413 (Amiano), como sucede en Marcial I 23; 43, II 19, VII 79, VIII 22. Marcial suele presentar una variante en algunos epigramas, donde critica que el anfitrión se sirva manjares y bebidas de calidad, mientras al invitado lo despacha con lo peor: I 20, III 49, 60, 82, IV 68, 85, X 49. Otras veces, la crítica reside en que el anfitrión sirve escasos alimentos, aunque en vajillas de lujo (AP XI 313-314, 371 [Páladas]), como en Marcial III 12, donde critica que se ofrezca perfumes de marca, como en Catulo XIII 11-12 («te daré un perfume que las Venus y Cupidos regalaron a mi amada»), pero escasa comida:
Ofreciste, lo reconozco, un perfume estupendo
a los convidados, pero no trinchaste nada .
Es gracioso oler bien y pasar hambre .
Quien no cena y es perfumado, Fabulo ,
ése sí que me parece un muerto .
A veces, se ataca la intervención de poetas y gramáticos en las cenas. He aquí un ejemplo 63 de Lucilio y Marcial, en epigramas que responden a lo que Giangrande 64 llama «the anti-literary symposion».
Lucilio, AP XI 10:
Conoces la condición de mi banquetito. Hoy, Aulo ,
te invito bajo nuevas leyes convivales. Ningún poeta
lírico se sentará y recitará, y tú mismo ni nos pondrás
en apuros ni te pondrás en apuros con discusiones gramaticales .
Este epigrama ha servido a Marcial para rematar un epigrama e inspirarse para otro. El remate aparece en IX 35, 11-12:
Olvídate de tus triquiñuelas; hoy cenarás en mi casa
con la condición, Filomuso, de que no me cuentes nada nuevo .
La inspiración sirve para del motivo luciliano modelar un epigrama con datos más concretos y un aguijón fulminante. Es el caso de III 45:
Si Febo huyó de la mesa y la cena de Tiestes ,
lo ignoro: yo, Ligurino, he huido de la tuya .
La tuya sin duda es estupenda y aderezada con los mejores
manjares, pero no me agrada nada en absoluto cuando recitas .
No quiero que me sirvas rombos o un mújol de dos días
ni quiero setas, no quiero ostras: cállate .
A veces Marcial coincide con los poetas de la Antología en atacar a los invitados que pasan alimentos a sus esclavos para que se los lleven a casa: AP XI 11, 205, 207 (Lucilio); Marc. II 37, III 23, VII 20. En este grupo el epigrama de Marcial III 23 se entiende bien a la luz de su fuente luciliana 65 en AP XI 11. Veamos los ejemplos:
No sabía que tú, Epícrates, eras un poeta trágico ni un
flautista coral ni ninguna otra cosa cuyo asunto sea tener un
coro. Mira, te he invitado a ti solo, pero tú vienes de casa con
un coro de bailarines, a quienes entregas todo por detrás .
Si ello es así, sienta a la mesa a los esclavos y nosotros
nos pondremos a sus pies para servirles .
Si entregas todos los manjares a los esclavos de detrás ,
¿por qué no se te pone la mesa junto a los pies?
Los esclavos se situaban de pie a los pies de sus señores para servirles. La puya reside, como indica Lucilio, en poner la mesa para servir a quienes se sitúan a los pies, es decir, a los esclavos, y así no hay que molestarse en desviar los alimentos. Los tres dísticos de Lucilio se han reducido a uno en Marcial, pero éste ha conservado incluso la traducción de términos griegos: opísō/retro, pròs pódas/a pedibus, ei/cum .
Otros epigramas atacan a los golosos (AP XI 379 [Agatías]; Marc. II 40, III 17, 22, V 70, X 31) o a quienes comen porquerías (AP XI 402 [Luciano], Marc. XI 27). No faltan los epigramas en los que se hace burla de los borrachos (AP XI 343, 426 [Anónimo]; Marc. I 11, 26, 28, XI 82, XII 12, 70) o de las borrachas (AP XI 297, 298 [Anónimos], 409 [Getúlico]; Marc. XII 65, 187).
c) Crítica a diversos profesionales
Contra los filósofos, especialmente los cínicos o quienes se hacen pasar por filósofos cínicos con su porte tradicional: báculo, alforja, barba y ropa raída: AP XI 153-154 (Lucilio), 156-157 (Amiano), 158 (Antípatro), 430, 434 (Luciano). Se les critica que sean censores severos para los demás, mientras que son indulgentes con sus propios vicios. Es el caso de Marcial IV 53:
Ese que ves a menudo, Cosmo, dentro del santuario
de nuestra Palas y del umbral del nuevo templo con un báculo
y una vieja alforja, con el cabello canoso y hediondo y con una
sucia barba que le cae sobre el pecho, a quien cubre la capa
mugrienta a modo de esposa de un desnudo camastro ,
a quien la gente al pasar da alimentos que ha pedido a
ladridos, ¿que es un cínico crees engañado por una falsa imagen?:
éste no es un cínico, Cosmo: ¿qué es entonces? un perro .
Ha sido modelado sobre otro similar de Lucilio 66 , AP XI 153:
Nadie niega, Menéstrato, que eres un cínico, que tienes
los pies desnudos y que tiritas de frío .
Pero si sin ninguna vergüenza robas piezas de pan ,
también tengo yo un bastón y a ti te llaman perro .
Y como a un perro te voy a moler a palos, sería la lógica deducción del lector. Marcial siempre suele ser más detallista en las descripciones, acentúa más lo que Salemme 67 llama «l’elenco degli oggetti» y de ahí que en este caso haya doblado el número de dísticos del original. Pero se conserva en los dos lo esencial: el juego de palabras kynikós-kýon que se corresponde con filósofo cínico-perro. La gran diferencia reside en el remate final, que en Marcial es más contundente: una palabra, «perro», para la que se han ido preparando los siete versos anteriores.
Contra los gramáticos. Se suele atacar la impericia e ignorancia de los gramáticos (AP XI 138, 140, 279 [Lucilio], 321 [Filipo], 322 [Antífanes], 335 [Automedonte], 378, 383 [Páladas], 400 [Lucilio]; Marc. XIV 120, IX 68, X 60, 62, XII 57). También se hace burla de los poetas ignorantes (AP XI 127 [Luciano], 129 [Cerealio], 133-137, 185, 394 [Lucilio]; Marc. I 91, II 77, 88, III 9, 44 y otros). O se ataca a los críticos que sólo valoran a los poetas antiguos y desprecian a los coetáneos, como en Lucilio, AP XI 132:
Odio, soberano César, a quienes nunca gustan los jóvenes
escritores, ni aunque digan ‘canta, diosa, la ira’ .
Y si no se es tan viejo como Príamo, si no se está medio calvo
o si no se está muy encorvado, no puede escribir un alfa .
Pero, oh excelso Zeus, si esto es así ,
la sabiduría sólo visita a los herniados .
En él se inspira Marcial VIII 69:
Admiras, Vacerra, sólo a los poetas antiguos
y no alabas más que a los que están muertos .
Te pido, Vacerra, que me perdones: para caerte
en gracia no merece la pena morir .
y XI 90:
No das por bueno ningún poema que discurre por un plácido sendero
sino los que brincan por las breñas y las altas rocas ,
y, para ti, más conseguido que la poesía de Meonia es
«Aquí yace Metrófanes, la columnita de Lucilio»;
y, con la boca abierta, lees «tierra mucho abastada» ,
y todo lo que largan Accio y Pacuvio .
¿Quieres que imite, Crestilo, a tus poetas los antiguos?
Que me cuelguen si desconoces a qué sabe una polla .
Contra rétores y abogados, a quienes se tilda de impericia e ignorancia: AP XI 141-143, 148 (Lucilio), 144 (Cerealio), 145, 149, 151 (Anónimo), 146, 152 (Amiano), 376 (Agatías), 422 (Antíoco); Marc. I 97, VI 35, VIII 7, VI 48, III 25, V 21, 54. De entre ellos destaco a Marc. VI 19:
No sobre violencia ni sobre muerte ni sobre veneno ,
no, mi pleito versa sobre tres cabritas:
me quejo de que éstas se han esfumado por el hurto de un vecino .
Esto es lo que el juez quiere que se le pruebe .
Tú a Cannas, a la guerra de Mitridates ,
a los perjurios de la locura púnica ,
a los Silas, Marios y Mucios
a grandes voces te refieres y con toda clase de gesticulaciones:
habla ya, Póstumo, de las tres cabritas .
Lucilio 68 compuso (AP XI 141) antes de Marcial otro del mismo tenor:
He perdido un cochinillo, un buey y mi única cabra ,
y para reclamarlas has recibido una minuta, Menecles .
Pero yo no tengo nada en común con Otríades69
ni cito por robo a los héroes de las Termópilas ,
sino que citamos a Eutíquides al proceso, de manera que
¿qué me importa a mí allí Jerjes y los lacedemonios?
Así que piensa en mí como marca la ley o gritaré fuertemente:
Menecles dice una cosa, otra mi cochinillo .
Los dos epigramas tienen la misma estructura y el mismo contenido. Marcial se ha limitado a romanizar los nombres griegos y los detalles 70 y a insuflar una mayor fuerza en el acumen final, donde se muestra como un maestro consumado.
Contra los médicos, de quienes se critica su impericia en el arte de la medicina o el mal uso que hacen de él: AP XI 15 (Amiano), 112-116, 124 (Nicarco), 117 (Estratón), 119-122 (Calicter), 123 (Hédilo), 131 (Lucilio), 280 (Páladas), 334 (Anónimo), 401 (Luciano); Marc. I 30, 47, V 9, VI 53, VIII 74, IX 96.
Marcial, VI 53:
Se bañó con nosotros, cenó alegre y por la mañana
ese mismo Andrágoras fue encontrado muerto .
¿Preguntas, Faustino, por la causa de tan repentina muerte?
En sueños había visto al médico Hermócrates .
Inspirado claramente en Lucilio (AP XI 257):
Diofante vio en sueños al médico Hermógenes y ya no
despertó, y eso que llevaba un amuleto .
También aparecen ataques a ladrones (AP XI 174-179, 183-184, 315 (Lucilio), 324 (Automedonte); Marc. VI 72, XII 29), a barberos (AP XI 191 [Lucilio]; Marc. VII 83, XI 84), a pintores (AP XI 212, 215 [Lucilio], 213 [Leónidas]; Marc. I 102, V 40), a las facciones del circo (AP XI 344 [Anónimo]; Marc. VI 46).
Epigramas eróticos
Los temas eróticos 71 son muy numerosos y casi siempre es difícil separar aquellos motivos que pertenecen al acervo común de los que puedan haber sido imitaciones conscientes.
El motivo de la lámpara como testigo de los abrazos de los enamorados era frecuente en el epigrama erótico griego y en la poesía amatoria latina. Léase, por ejemplo, a Filodemo (AP V 4, 1-3):
Filenis, emborráchate con el aceite de la lámpara ,
el silencioso confidente de lo que no podemos hablar ,
y después márchate .
El mismo motivo se halla en dos epigramas de Marcial, X 38, 6-8:
¡Oh qué combates, qué batallas por ambos bandos
ha contemplado, dichoso, vuestro lecho y vuestra lámpara
embriagada de efluvios de Níceros!
XIV 39:
LÁMPARA DE ALCOBA
Yo, una lámpara testigo de las dulzuras de tu cama ,
aunque hagas todo lo que quieras, guardaré silencio .
Un epigrama de Automedonte (AP V 129) sirvió de inspiración al epigrama que Marcial dedicó a Teletusa de Gades.
Automedonte (V 129):
A la danzarina de Asia, la que con posturas picaronas se menea
desde la punta de sus delicadas uñas ,
la aplaudo y no porque despierte el entusiasmo ni porque sus
brazos delicados mueva de este o aquel modo ,
sino porque sabe bailar en tomo al clavo 72 más deteriorado y
no huye de las arrugas de los viejos .
(Trad, de M. Brioso)
Marcial, VI 71:
Experta en trazar posturas lascivas al son de las castañuelas
de la Bética y en danzar al son de los ritmos de Gades ,
la que podría ponérsela tiesa al tembloroso Pelias y excitar
al marido de Hécuba junto a la pira de Héctor ,
Teletusa abrasa y atormenta a su anterior dueño:
la vendió de esclava, ahora la vuelve a comprar de señora .
En ambos epigramas la fuerza no reside en la descripción de las cualidades artísticas de las bailarinas, sino en su capacidad para excitar a los viejos.
El caso de Estratón y Marcial
De Estratón únicamente sabemos que procedía de Sardes. Su datación sigue siendo hoy problemática. Podríamos situarlo en el lapso que va desde el siglo I a. C. hasta el II d. C. Sí nos interesa más constatar el hecho de que nos ofrezca la imagen de un ‘poeta especializado’ en temas eróticos, como fue el caso de Lucilio, ya visto, en temas satíricos.
Lo que a nosotros nos interesa aquí es ver la relación que existe entre algunos epigramas de Estratón y de Marcial o viceversa. En algunos casos, más que de una influencia mutua habrá que hablar de la utilización de motivos literarios comunes 73 ; en otros, la relación parece mucho más estrecha.
Veamos un ejemplo del primer caso: Marcial, I 57 y Estratón, AP XII 200.
Dice Estratón:
Detesto los besos logrados a la fuerza, los gritos de la lucha
y de las manos la recia oposición .
Mas aquél que, entre mis brazos, al instante accede y con total
abandono se me entrega tampoco me complace .
Sí en cambio el que es término medio entre esos dos, el que
a la vez sabe no entregarse y entregarse .
(Trad, de M. Brioso)
Marcial escribió:
¿Me preguntas, Flaco, a qué mujer quiero y a cuál no quiero?
No quiero ni a la demasiado fácil ni a la demasiado difícil .
Apruebo lo que está en medio y queda entre los extremos:
ni quiero lo que hace sufrir ni quiero lo que empalaga .
En los dos hay coincidencia entre el verso 3 de Marcial y el 5 de Estratón: Illud quod medium est atque inter utrumque probamus / ton ek toútoin amphoîn méson74 .
Pero el motivo es universal: el término medio es lo mejor («Lo poco agrada y lo mucho enfada», que diría el castizo). Este pensamiento universal, explotado en las discusiones diatríbico-satíricas, se aplica al amor y se convierte en un topos de gran tradición en el epigrama, que se manipula en diversas variantes: Filodemo (AP XII 173: virgen y cortesana); Honesto (AP V 20: ni demasiado joven ni demasiado vieja); Rufino (AP V 37: ni demasiado gorda ni demasiado flaca; AP V 42: «Detesto a la que en liviandad o en castidad se pasa: / la una quiere tarde, la otra con prisa excesiva», M. Brioso). Se aplica, como se ve, al amor la filosofía del justo medio.
Marcial desarrolla el motivo en varios epigramas 75 . Y especialmente notable es la relación que hay, en el desarrollo de este motivo, entre Marcial XI 100:
No quiero, Flaco, tener una amante esquelética ,
a cuyos brazos puedan abarcar mis anillos ,
que arañe con su rabadilla a flor de piel y pinche con sus rodillas ,
a la que le sobresale una sierra en el torso, un punzón en el culo .
Pero tampoco quiero una amante de mil libras de peso .
Yo trajino con carnes, no trajino con grasas .
y Rufino AP V 37:
No tomes entre tus manos a una mujer que sea demasiado flaca
ni demasiado grasa, sino elige el medio entre las dos .
La primera no tiene bastante carne y la segunda tiene demasiada:
no elijas ni escasez ni demasía .
La relación entre el epigrama de Marcial y los de Estratón y Rufino dan que pensar en una fuente común o en el desarrollo de un mismo motivo tradicional, que es reelaborado mucho más tarde por Ausonio 76 , Epigrama 56:
Quiero a quien no me quiere; a la que me quiere, yo no la quiero: Venus quiere domeñar los corazones, no saciarlos. Desdeño los encantos que me ofrecen, renuncio a los que se me niegan: no quiero yo saciar mi corazón ni tampoco hacerlo sufrir. Ni me agrada Diana dos veces vestida ni desnuda la Citerea: aquélla no me excita nada, ésta demasiado. Pero ojalá me ponga en venta una hábil mujer la mitad del arte de Venus, uniendo así lo que llaman el «quiero no quiero» .
(Trad. de A. Alvar)
En otros casos, la relación entre los epigramas de Marcial y de Estratón no responde tanto a la utilización de una fuente común, sino a una dependencia tal vez un poco más estrecha 77 .
Estratón, AP XII 175:
O no estés celoso de tus amigos por causa de tus jóvenes
esclavos, o no les pongas delante unos coperos de gracias
femeninas. ¿Qué hombre es para el amor de acero? ¿Cuál tan
insensible al vino? ¿ Y quién puede mirar tales bellezas sin
tener en vilo el alma? Así se comportan las criaturas. Y, si
quieres, Diofonte, vete allá donde no existen ni los amores ni
las curdas, y allí a Tiresias o a Tántalo indúcelos al vino:
que el uno no ve nada y el otro sólo ve .
(Trad. M. Brioso)
Marcial, IX 25:
Cada vez que miro a tu Hilo mientras sirve el vino ,
me reconvienes, Afro, con una ceñuda mirada .
¿ Qué delito, te pregunto, qué delito es contemplar a un apetecible criado?
Miramos al sol, a los astros, a los templos, a los dioses .
¿ Voy a tener que desviar la vista —como si la Górgona me ofreciera
de beber— y taparme los ojos y la cara?
Tremendo era el Alcida, y se podía contemplar a Hilas;
Mercurio puede juguetear con Ganímedes .
Si no quieres que un invitado contemple a tus atractivos criados ,
invita. Afro, a Fineos y Edipos .
En los dos epigramas se dan semejanzas temáticas y estructurales. Los dos finalizan con una alusión mitológica. Pero también existen diferencias, pues el epigrama de Marcial es más sencillo y desarrolla únicamente el motivo de las miradas indiscretas, sin que trate, por ejemplo, los efectos del vino sobre los comensales.
También existen grandes similitudes entre Estratón, AP XII 191 y Marcial, IV 7, que desarrollan el motivo del eisì tríches o la salida del cabello 78 :
¿No eras ayer un muchachito? Ni en sueños pensabas
en esta barba. ¿ Cómo ha sucedido esta desdicha ,
que ha cubierto de pelos tu antaña belleza? ¡Ay, qué maravilla!
Si ayer eras Troilo, ¿cómo te has convertido en Príamo?
¿Por qué lo que me habías dado ayer, hoy, joven Hilo ,
me lo negaste, tan repentinamente altivo quien ha poco eras
complaciente? Y ya pretextas la barba, los años y el pelo:
¡oh noche qué larga eres, pues en una haces un anciano!
¿Por qué te ríes de mí? Quien fuiste, Hilo, joven ayer ,
dime, ¿de qué manera eres hombre hoy?
Los dos epigramas, que desarrollan el motivo ya mencionado del eisì tríches , presentan el último dístico estructuralmente igual y el griego tiene algunos parecidos con otro de igual contenido de Lucilio (AP XI 216) 79 . Autore defendió una dependencia de Estratón respecto de Marcial, pero una vez más todo puede deberse a una fuente común.
Los epigramatistas, tanto griegos como Marcial, toman prestados los temas que tratan, pero variándolos de múltiples formas. La originalidad no reside, pues, en la invención de nuevos temas, sino en el arte de variar un mismo motivo 80 . No se trata meramente de identidad de temas, como quiere Autore (pág. 76), sino incluso de identidad formal, lo que lleva a que en no pocas ocasiones haya que ver más imitación que una mera coincidencia de temas literarios tradicionales. Ahora bien, la diferencia entre Marcial y sus modelos griegos se podría resumir en dos hechos, bien señalados por Laurens 81 : realismo más intenso y universo cómico y satírico más extenso que el de los griegos.
III. LA TÉCNICA DEL EPIGRAMA
Ya el epigrama griego se había emancipado de la forma epigráfica, aunque había mantenido al dístico elegíaco como la forma propia del género. Todavía en Catulo los epigramas en dísticos aparecen separados de los poemas en metros variados. En Marcial la situación es la siguiente: el Liber de spectaculis estaba compuesto, probablemente por completo, en dísticos elegíacos; en los Xenia sólo aparecen dos epigramas no compuestos en dísticos; en los Apophoreta las excepciones son nueve; y en los doce libros de epigramas el dístico elegíaco es el metro prevalente, pero son muy frecuentes otros metros diversos, entre los que destacan el falecio y el escazonte.
En Marcial el término epigrama se aplica a cualquier composición breve, en metro variado, de carácter ocasional, dedicado a hechos concretos, a describir tipos sociales o experiencias de vida. Con Marcial el epigrama desarrolla más el elemento cómico-satírico y explota la tendencia al aguijón final o fulmen in clausula . Es verdad que el epigrama griego de época helenística presentaba una sutil agudeza y una agradable ironía y que en su evolución posterior se había acentuado la tendencia a concentrar la agudeza al final de la composición. Lucilio y Nicarco, de época neroniana, habían puesto el acento en la fuerza cómica de los finales de sus epigramas. Marcial, aun siguiendo los procedimientos compositivos de estos poetas, cultiva un tipo de epigrama insertado en la tradición romana de la poesía agresiva y mordaz de un Catulo o del realismo de la pintura social de la sátira latina.
El epigrama en Marcial se formula desde el punto de vista del yo del autor que se dirige directamente a la víctima del epigrama, una persona ficticia, o a una tercera persona que puede ser real o ficticia. El epigrama suele ser breve, usualmente de dos a diez versos, a veces tiene más de veinte versos hasta un máximo de cincuenta y un versos. Se suelen incluir de manera breve apóstrofes, interrogaciones, pequeños diálogos entre el poeta y un interlocutor; la situación y los tipos descritos se delinean mediante trazos concisos. En otras ocasiones, los cuadros son más amplios y en ellos Marcial muestra su gran capacidad para representar la realidad.
Pero donde Marcial despliega toda su maestría es en los finales del epigrama, donde resume las situaciones descritas en el cuerpo del epigrama, unas veces de una forma muy incisiva, otras veces a través de una hipérbole cómica y otras nos sorprende con un final imprevisto (aprosdókēton) .
Con todo, se puede trazar un esquema general para los epigramas de Marcial y de todos los tiempos. Según Lessing, el epigrama tipo se compone de dos partes: la primera representa el objeto creando en el lector una expectativa; la segunda es la típica conclusión que resuelve la expectativa creada. Pero esta teoría no es aplicable a todos los epigramas de Marcial.
El epigrama también ofrece a los lectores una cuadro vario e incisivo de la sociedad de su tiempo, que Marcial observa desde su punto de vista, dibujándola de manera harto grotesca e hiperbólica. De todas formas, es el hombre el centro de su obra: hominem pagina nostra sapit (X 4, 10). Por sus epigramas desfilan parásitos, fatuos, plagiarios, avaros, timadores, cazadores de herencias, poetastros, médicos peligrosos, y otros. Con todo, hay que tener en cuenta que la crítica de Marcial se dirige a los defectos, no a las personas: hunc servare modum nostri novere libelli/parcere personis, dicere de vitiis (X 33, 9-10).
IV. TEMAS Y FORMAS
En todos los libros se alternan epigramas cómico-satíricos con otros de géneros muy diversos, porque el criterio principal de ordenación de los epigramas es el de la variatio con la búsqueda de un equilibrio interno en cada libro 82 .
Marcial trata en una treintena de ocasiones el epigrama funerario 83 con extrema elegancia y sensibilidad.
El epigrama anatemático, además de su representación en los Xenia y los Apophoreta , aparece para celebrar ritos familiares de amigos y protectores y ritos públicos.
En el epigrama epidíctico se evocan episodios históricos o de actualidad. En todos estos tipos de epigramas se deja sentir la influencia de la tradición griega, aunque el sello personal de Marcial siempre deja en ellos su impronta.
A los amigos dedica Marcial un gran número de epigramas con alusiones a su vida y a la sociedad en la que desarrollan sus actividades personales.
Muchos epigramas literarios ofrecen un interés especial como testimonios de la vida cultural y literaria de su tiempo. Por supuesto, Marcial debió defenderse de los críticos que le acusaban de escribir en un género menor, de emplear metros no adecuados al género epigramático, de emplear demasiada obscenidad (lasciva est nobis pagina, vita proba en I 4, 8), demasiada agresividad y demasiada extensión. Marcial suele defenderse casi siempre con el argumento del éxito de su poesía y con su manifiesto de que sus epigramas no van contra las personas, sino contra los defectos (X 3, 10).
Marcial explotó enormemente el epigrama celebrativo. Se trata de epigramas adulatorios dedicados a describir episodios de la vida pública y privada de amigos y protectores, en cuyo centro se encontraba lógicamente el propio emperador. Los epigramas dedicados al emperador constituyen un testimonio fundamental para el conocimiento de la etiqueta de la corte y del culto imperial en la época de Domiciano.
A la variedad de temas corresponde una gran variedad de formas expresivas. Así, en los epigramas cómico-satíricos Marcial hace uso de coloquialismos y de términos de la vida cotidiana, entre los que destacan términos vulgares y obscenos. Justamente, la obscenidad es una de las características de su poesía cómico-realística. Con todo, Marcial se muestra siempre como un artista refinado de la palabra, obteniendo efectos felices mediante la selección hábil de términos y construcciones, mediante su colocación ingeniosa, mediante juegos eficaces de la antítesis, mediante el uso brillante de ejemplos y mediante la selección de imágenes muy seleccionadas. Por otra parte, en las cartas a los amigos la lengua de Marcial es clara y sobria; en los epigramas para celebrar hechos señalados y en los epigramas epidícticos Marcial hace alarde de una gran elegancia compositiva. Y en los epigramas adulatorios Marcial emplea todo el aparato lingüístico y expresivo de la poesía solemne tradicional; aquí nuestro poeta se alinea con el manierismo estaciano tan característico de la cultura flavia.
V. FORTUNA DE MARCIAL EN ESPAÑA84