La brújula interior - Álex Rovira - E-Book

La brújula interior E-Book

Àlex Rovira

0,0

Beschreibung

Este libro representa un nuevo modelo para entendernos a nosotros mismos y a los demás. Términos como "misión", "meta" u "objetivos" forman parte del trabajo habitual de un ejecutivo o directivo, pero rara vez son utilizados para la definición de una misión en la propia vida, de un posicionamiento personal o de unos objetivos que lleven a la propia realización. A través de una serie de divertidas cartas, apasionantes y lúcidas, el lector conocerá una nueva perspectiva para entender la vida, desarrollar la creatividad y comprender mejor lo que significa tener una existencia autónoma y feliz. La brújula interior nos invita a reflexionar y nos otorga un método para que recobremos algo que nunca debimos haber perdido: ser los directores de nuestra propia vida.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 167

Veröffentlichungsjahr: 2019

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



La brújula interior

Conocerse a uno mismo es fuente inagotable de éxito duradero

Álex Rovira

Primera edición en esta colección: septiembre de 2019

© Álex Rovira, 2019

© del prólogo, Jordi Nadal, 2019

© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2019

Plataforma Editorial

c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona

Tel.: (+34) 93 494 79 99 – Fax: (+34) 93 419 23 14

www.plataformaeditorial.com

[email protected]

ISBN: 978-84-17622-94-7

Diseño de cubierta y fotocomposición: Grafime

Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).

Índice

Bienvenida

Prólogo

La función clorofílica de los libros

Carta 1

Una frase perversa: «Hay que ganarse la vida»

Carta 2

Vivir cuesta muy poco, pero…

Carta 3

La gran paradoja: el eficaz profesional que anhela dirigir eficazmente su vida

Carta 4

¡Es urgente que sea urgente!

Carta 5

¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Carta 6

¿Escasez y frustración? ¡No!

Carta 7

Una hipótesis razonable: te oyes, pero no te escuchas

Carta 8

El inconsciente y la imaginación: dos amantes apasionados y fieles

Carta 9

Caperucita, la abuelita y el lobo feroz van al terapeuta

Carta 10

En busca de talentos propios

Carta 11

Tu vida es tu oportunidad… si tú quieres

Carta 12

Tu principal condicionante: lo que crees ser

Carta 13

El techo está en el cielo… o donde tú lo pongas

Carta 14

Un paso más hacia la felicidad: el sano egoísmo

Carta 15

La brújula interior

Carta 16

El jefe…

Carta 17

Tu mejor obra: el guion de tu vida

Carta 18

Pasión y vocación

Carta 19

Mil maneras diferentes de no hacer una bombilla

Carta 20

¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!

Carta 21

La medida del éxito es el éxito a tu medida

Carta 22

Cuando el éxito llega

de repente

Carta 23

Piedras en el camino

Carta 24

Escribe una carta a tu inconsciente

Carta 25

Para ser un buen jefe se requiere el tercer cerebro

Posdata

Seguiremos en contacto

Una sabia base de datos

Los libros que conviene tener cerca

Navegación estructural

Cubierta

Portada

Créditos

Índice

Dedicatoria

Epígrafe

La brújula interior

Bibliografía

Colofón

Para mis hijos, Laia, Pol y Mariona.

Y para los niños en general, porque gracias a ellos podemos recuperar la memoria perdida de nuestros anhelos y la dirección de nuestras vidas.

«Cada segundo que vivimos es un momento nuevo y único del universo, un momento que jamás volverá… ¿Y qué es lo que enseñamos a nuestros hijos? Pues les enseñamos que dos y dos son cuatro, que París es la capital de Francia. ¿Cuándo les enseñaremos, además, lo que son? A cada uno de ellos deberíamos decirle: ¿Sabes lo que eres? Eres una maravilla. Eres único. Nunca antes ha habido ningún otro niño como tú. Con tus piernas, con tus brazos, con la habilidad de tus dedos, con tu manera de moverte. Quizá llegues a ser un Shakespeare, un Miguel Ángel, un Beethoven. Tienes todas las capacidades. Sí, eres una maravilla. Y, cuando crezcas, ¿serás capaz de hacer daño a otro que sea, como tú, una maravilla? Debes trabajar —como todos debemos trabajar— para hacer el mundo digno de sus hijos.»

PAU CASALS

«Quédate hoy conmigo, vive conmigo un día y una noche y te mostraré el origen de todos los poemas. Tendrás entonces todo cuanto hay de grande en la Tierra y el Sol y nada tomarás ya nunca de segunda ni de tercera mano, ni mirarás por los ojos de los muertos, ni te nutrirás con el espectro de los libros. Tampoco contemplarás el mundo con mis ojos. Ni tomarás las cosas de mis manos. Aprenderás a escuchar en todas direcciones. Y dejarás que la esencia del universo se filtre por tu ser.»

WALT WHITMAN

Bienvenida

«El ideal terapéutico es curar en una sesión; el ideal al escribir es curar en un libro.»

STEPHEN B. KARPMAN, M. D.

Este libro es el resultado de un camino, de un proceso que me llevó a tomar el lápiz y el papel como herramientas de autoterapia por el plazo de unos siete años.

En ese proceso fui anotando un conjunto de reflexiones que, entre la primavera y el otoño de 2002, puse en orden y complementé con textos extraídos de libros, cuentos, películas e incluso canciones de los autores que más me han impactado a lo largo de mi vida. Por lo tanto, este libro fue escrito para mí: fueron y son cartas a mí mismo.

Contando con el enorme privilegio que supone ser editado y poder compartir estas cartas, no puedo ni quiero evitar expresarte cuál es mi deseo: que las palabras que vas a encontrar en adelante te inviten a pensar, a sentir, a hacer un alto en tu camino y encontrar, revisar o confirmar el rumbo de tu vida.

Este libro ha sido escrito para aquellos buscadores e insatisfechos inteligentes que día a día intensifican la luz del camino por el que andan. Para aquellos que, como el caballero de la armadura oxidada de la fábula, soltaron o están en camino de soltar el rígido caparazón de antiguas ideas y actitudes cristalizadas y están dispuestos a emprender un trabajo que los ayude a liberarse de miedos, prejuicios, ansiedades, eso-que-tú-quieres-no-se-puede, dudas y desaprobaciones interiores y exteriores.

Y, sobre todo, para aquellas personas que ansían dar dirección y sentido a su vida.

En su día, José Luis Sampedro dijo: «El arte de vivir es hacerse quien uno es. Yo, como todos, tengo el deber de ser lo que soy. Pero no soy nadie sin los demás». Hacernos nosotros mismos, sabiendo ser con los demás: probablemente en eso está el sentido último de la vida y el destino de toda buena dirección.

Para ti, que intuyes que hay una manera diferente de vivir y que deseas encontrar la verdadera dirección de tu vida.

Prólogo La función clorofílica de los libros

Algunos libros nos ayudan a sentir, a respirar, a ser más y mejor quien uno aspira a ser. Algunos libros están destinados a ser nuestros amigos.

La brújula interior, de Álex Rovira, es una obra que ayuda a mostrar el camino que cada uno merece. Su ecosistema es clorofílico: limpia el aire a nuestro alrededor y lo hace más respirable.

Píndaro decía en su célebre máxima: «Llega a ser el que eres». Álex ha escrito un manual de instrucciones con su alma, como si hubiese recibido el encargo de Píndaro en persona, para ayudarnos a pensar y sentir mejor.

La verdad es que este libro contiene, como mínimo, dos enormes suertes: una, la de su propósito, su mensaje, su opción, que no es otra que la de ayudarnos a ser felices siendo buenas personas, siendo buenos profesionales, siendo buenos ciudadanos. Siendo, en lugar de creyendo ser.

La otra, menos visible, pero no por ello menor: la de descubrir a un tipo que acaba siendo tu amigo: Álex Rovira, un hombre joven cuya inteligencia y potencia se dan la mano con una ternura y una capacidad analítica inusuales. El libro y la persona van juntos, y muy de la mano, porque han recorrido un camino juntos. El libro se ha ido realizando en el interior de un hombre que, un día, sentado delante del ordenador, ha empezado a poner, palabra por palabra, todo cuanto forma parte de su creencia.

El resultado no puede ser más notable. Porque La brújula interior es un mapa para encontrar la salida a esos callejones cerrados en los que tantas personas se encuentran. Es una obra que logra la complicidad inmediata, escrita con el tono de lo cercano, aunque está siempre cerca de lo profundo.

Pasa fácil, y deja huella, porque es como su autor: potencia, esencia, ternura, entusiasmo y belleza. El alma de Álex resplandece en esta obra. Es un libro que puede leerse con poca luz externa, porque esta ya emerge de sus páginas.

El lector sale de la obra distinto, porque ya no tiene excusas para dejar de ser quien ha sido llamado a ser.

JORDI NADAL

Editor y director de Plataforma Editorial

Carta 1Una frase perversa: «Hay que ganarse la vida»

«Me ganaba la vida…, pero no la vivía.»

Una de las frases más frecuentemente citadas por los enfermos terminales, según Elisabeth Kübler-Ross, la principal autoridad mundial sobre el acompañamiento a enfermos terminales.

«El hecho de que una opinión la comparta mucha gente no es prueba concluyente de que no sea completamente absurda.»

BERTRAND RUSSELL

Querido jefe:

Hace un buen rato que intento acabar el informe que me has pedido, pero no puedo concentrarme. Ya sabes que suelo responder con eficacia a tus indicaciones, pero algo en mi interior se niega hoy a seguir redactando fríos y descorazonados memorándums. En cambio, cuando me he puesto a escribirte esta carta, mi pulso se ha acelerado y mis dedos han empezado a danzar livianamente sobre el teclado del ordenador.

Seguro que te preguntarás por qué te escribo una carta en lugar de enviarte un e-mail o simplemente llamarte al móvil. No estoy seguro, pero creo que tiene que ver con la distancia y la ausencia de prisas. Dicho de otra manera, la carta me da la posibilidad de escribir pensando, de volver atrás y rectificar, de explicarme sin la incómoda sensación de que tengo que ser breve para no hacer perder el tiempo a mi interlocutor. Sin la premura de otros medios, en definitiva. Y lo que quiero explicarte, como verás, no admite prisas.

El caso es que hay una cosa que me tiene preocupado, a ratos estupefacto y a ratos cabreado, y que no me deja conciliar el sueño desde hace semanas. Es algo sencillo y fácil de entender, pero a la vez terriblemente profundo. Quizá te parezca banal a simple vista, pero tengo razones para pensar que es esencial para nuestro futuro como personas y como sociedad.

Te lo diré sin rodeos: la gente no es feliz. Por supuesto, es una generalización, pero más extendida de lo que muchos creen.

Desde hace algún tiempo, cuando pregunto a mis amigos y compañeros algo tan simple como «¿qué tal?», obtengo respuestas como estas:

«Pche, tirando» (del carro, evidentemente, con lo que la identificación con un animal de tracción es obvia). «Ya ves» (que en realidad quiere decir: «Decídelo tú, porque yo ni me veo»).

«Vamos haciendo» (en un gerundio sin fin). Fíjate, «vamos» y no «voy», porque en esta situación es mejor sentirse acompañado.

«Luchando» (como si la vida fuera una guerra).

«Pasando» (¿por el tubo?).

«No puedo quejarme» o su versión extendida: «No nos podemos quejar», donde el que responde asume, en un alarde de masoquismo, que podría estar peor.

O el ya frecuente: «Jodido, pero contento», en el que se manifiesta que el estado natural de uno es estar jodido.

Son muy pocos los que contestan «¡bien!» y casos aisladísimos los que espetan un asertivo, sincero y convencido «¡muy bien!». Así que está claro que alguna cosa falla.

La realidad, la de hoy, la que percibo a mi alrededor, es que millones de personas van cada día a trabajar con tristeza y resignación, sin otra esperanza para salir de su desgraciada circunstancia que acertar en la lotería y llegar por un atajo a la felicidad.

Son muchos los que trabajan en oficios que no los realizan, que andan estresadísimos, que sienten profunda y tristemente que cobran menos de lo que valen y que, en definitiva, se sienten mercenarios de una hipoteca. Y dicen…

… «No puedo cambiar».

… «Tengo una hipoteca a treinta años».

… «Tengo una familia a la que sacar adelante».

… «Soy un profesional con unos compromisos muy fuertes que debo mantener, ¿qué otra cosa podría hacer?».

Llevo tiempo dándole vueltas y creo que esta infelicidad tiene mucho que ver con una frasecita perversa que todos conocemos bien. Yo la he oído a lo largo de toda mi vida, desde que era un crío. Es una expresión que forma parte de nuestro lenguaje aceptado y compartido. Está en el centro de nuestra vida y, probablemente por eso mismo, nunca reflexionamos sobre sus implicaciones.

Tiene apariencia inofensiva, la muy puñetera, pero no hay que fiarse. Si la escuchas sin prestar mucha atención, dices: «Vale, ¿y qué?». Pero, si te paras a pensarla, a rebuscar entre las palabras, sacas conclusiones escalofriantes.

Voy directo al grano. La frase en cuestión es corta, solo tiene cinco palabras y es: «Hay que ganarse la vida».

¿Qué, cómo la ves? ¿Alguna reacción a bote pronto? ¿Te dice algo? ¿Se activa alguna alerta en tu mente?

Lo cierto es que a mí no me decía nada hasta que hace un par de semanas, en una reunión con unos clientes, se la oí decir resignadamente a uno de ellos. Entonces, de pronto, me vino a la cabeza el siguiente pensamiento:

DECIR QUE TENEMOS QUE GANARNOS LA VIDA IMPLICA PARTIR DE LA PREMISA DE QUE LA VIDA ESTÁ PERDIDA.

Has leído bien, sí, ¡perdida! ¡Y esto es fuerte, muy fuerte! Y, sin embargo, todos o casi todos lo tenemos asumido como normal, como lo que toca, como lo que es, como lo que hay.

Y si asumimos la perversión de esta frase tan socialmente aceptada y muy escasamente pensada, lo mejor que podemos esperar de nuestra existencia, el mejor de los futuros imaginables, es recuperar algo que, en realidad, nos es consustancial. Para no vivir como muertos, nos pasaremos la vida intentando «ganárnosla». Con resignación y, según el carácter de cada uno, con un poso de mala leche en el fondo.

¡Y todo porque nos han hecho creer que la vida, aquello que está en el origen de la existencia, de la conciencia, de la felicidad, de la creatividad, del amor, de la intimidad, tenemos que ir ganándonosla! ¡Que, cuando nacimos, el tema estaba perdido!

Y desde pequeñitos nos lo tragamos, ¡zas!, sin rechistar, ¡directo al inconsciente!

Tenemos que hacer algo al respecto, jefe, y cuanto antes mejor, si queremos una vida feliz y que este sea un mundo mejor. Y, de paso, si queremos conseguir que nuestra empresa prospere, porque seguro que no se te escapa que una cosa va ligada a la otra.

¿Cómo podemos cambiar esta manera de pensar…? Yo no soy psicólogo ni filósofo, pero tengo mis ideas, como cualquiera. Así que te propongo una cosa: demos un nuevo significado y una nueva forma de expresión a esta frase y así lograremos que las personas establezcan un nuevo punto de partida, que reasignen el valor de la vida en su cerebro y que definan una nueva «posición existencial de partida», más sana y menos sometida y resignada.

¿Qué te parece? Mi propuesta es que abramos los ojos y nos olvidemos de esta frase, ya que…

… LA VIDA NO TIENE QUE SER GANADA PORQUE ESTÁ GANADA DESDE QUE NACEMOS.

Tú eres una persona razonable, por lo que confío en que sabrás entender estas inquietudes que te transmito. Es más, estoy seguro de que estos pensamientos han debido rondar ya por tu cabeza y que has llegado a conclusiones que a mí se me escapan (por algo eres el jefe). Así que espero con ansia tu respuesta a estas líneas. Con un afectuoso abrazo,

Álex

P. D.: Ya lo decía el sabio escritor estadounidense Henry David Thoreau… ¡en el siglo XIX!: «No hay nadie tan equivocado como aquel que pasa la mayor parte de su vida ganándose la vida».

Carta 2Vivir cuesta muy poco, pero…

«Nadie necesita ayuda para tener problemas.»

Proverbio maorí

Querido y ocupado jefe:

Han pasado ya bastantes días y no he recibido respuesta a mi anterior carta. Sé que estás muy ocupado con el tema de los presupuestos, que vas de reunión en reunión, pero me extraña que no te hayas dignado al menos a mandarme un acuse de recibo.

Tal vez necesitas más argumentos para darte cuenta de que realmente estamos ante una situación preocupante… A ver qué te parecen estos:

— La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho público recientemente el siguiente dato: la depresión es la primera causa de discapacidad en el mundo y es el origen del veintisiete por ciento de las discapacidades que se registran cada año.

— Se prevé un incremento de hasta un cincuenta por ciento en el número de personas que se verán afectadas por la depresión en los países occidentales en los próximos veinticinco años.

— Las urgencias psiquiátricas han aumentado entre un diez y un veinte por ciento en todo el mundo en los últimos diez años. La OMS alerta de que los trastornos mentales se convertirán en breve en el principal problema de los países desarrollados o en vías de desarrollo. Los trastornos más comunes atendidos en los servicios de urgencias de los hospitales son los emocionales, la angustia y, cómo no, la depresión. Las causas de este incremento están motivadas, según las fuentes oficiales, «por una ruptura en los hábitos sociales, donde predominan la soledad, la presión social y la angustia». Repito y desgloso:

La soledad. La presión social. Y la angustia. Lee detenidamente los párrafos anteriores y verás que aparece una enorme paradoja, una contradicción tragicómica de gigantescas dimensiones: ¡estar desarrollado o en vías de desarrollo te lleva a la depresión, a la soledad y a la angustia, fruto de la presión social!

O sea: ¡ESTAR DESARROLLADO ES UN PROBLEMA! Necesito oxígeno, aire… Salgo a la ventana y grito: «¡Socorro! ¡Que alguien me ayude a comprender esto!»

Y digo yo, humildemente, que tendremos que someter a revisión el concepto «desarrollo»…, ¿o no? ¡Porque me niego a que mis hijos vivan en un mundo peor!

¡Me niego! ¿Por qué está ocurriendo esto? ¿Qué hacemos mal? Porque está claro que alguna cosa hacemos mal, a menos que el objetivo sea que todos estemos deprimidos dentro de cien años o que la norma, lo normal en la sociedad en la que vivan nuestros hijos, sea estar deprimido.

¿No crees, como yo, que nos estamos complicando la vida?

VIVIR CUESTA MUY POCO, PERO PODEMOS COMPLICARLO TANTO COMO QUERAMOS.

Coincidirás conmigo en que, en esencia, el acto de vivir es muy simple, especialmente si va acompañado de una sana conciencia, de capacidad para pensar y de libertad para decidir. Pero, si nuestra mente, como te comentaba en mi carta anterior, se rige por la orden de «ganarse la vida», la cosa empieza a complicarse.

El conjunto de las experiencias relacionadas con el trabajo son vividas entonces como una dura competencia, muchas veces ligada a un esfuerzo en el que puedes realmente acabar dejándote la vida, bien porque esta pasa y no te enteras de que has vivido, bien porque el corazón o el cuerpo te dicen: «¡Basta, me rindo, lo dejo aquí porque esto no hay quien lo aguante!» (ya sabes, lo que le pasó a Valdés, el jefe de ventas, hace un par de semanas: un colapso como una casa).

Espero, apreciado jefe, que esto no nos pase a nosotros. Tuyo,

Álex

P. D.: Dice Anthony de Mello: «Con la vida ocurre lo mismo que con los chistes: lo importante no es lo que duren, sino lo que hagan reír». Sería bueno que pensáramos en ello.

Carta 3La gran paradoja: el eficaz profesional que anhela dirigir eficazmente su vida

«La vida es lo que hacemos de ella.»

Aforismo hindú

Apreciado aunque ausente jefe: