Las dunas del deseo - Thomas Harris - E-Book

Las dunas del deseo E-Book

Thomas Harris

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Beschreibung

Es un viaje a través de un laberinto de significaciones y emociones intensas. Ella evoca la búsqueda de un texto totalizador de nuestros miedos y fantasías más profundas, sin eludir la fragmentación que nos envuelve a diario.

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Seitenzahl: 72

Veröffentlichungsjahr: 2024

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© LOM ediciones Primera edición: agosto de 2024 ISBN impreso: 9789560018427 ISBN digital: 9789560018700 RPI: 2024-A-7404 Imagen de portada: Friedrich Nietzsche (Óleo y Lienzo 1906), Edvard Munch. Edición, diseño y diagramación LOM ediciones. Concha y Toro 23, Santiago Teléfono: (56–2) 2860 [email protected] | www.lom.cl Tipografía: Karmina Impreso en los talleres de gráfica LOM Miguel de Atero 2888, Quinta Normal Santiago de Chile

Prólogo

«Extranjero» es la primera voz que se deja sentir. La cita corresponde al canto XIX de la Odisea, donde se nos advierte que el sentido de los sueños no se discierne fácilmente ni enseguida. Pero la voz se podría relacionar también con ese desasimiento de la novela de Camus y con ese hombre enigmático e intrigante que describe Baudelaire, aunque el texto busca discurrir por sus propios derroteros.

El «extranjero» de El sueño de Nietzsche lo es también para sí mismo. Entre la Aurelia real y la fantasmal de Nerval, entre las cavernas cinematográficas post-platónicas y el «this is the end, my only friend» de Morrison, entre Diógenes el perro y la tristeza de un poeta peruano que agoniza en París, entre el cine del Magreb, los pop corn y –no podían faltar– los deseos negados de «Putamérica», el relato se sumerge en estas atomizadas imágenes que se baten sin cesar en un no identificable o trashumante soñador.

Aparentemente son los sueños de Nietzsche, los residuos soñados de sus sueños o los sueños de estos residuos soñados los que delinean una escena cuya irrealización se da en Jena, en la cama de su hospicio, en la fusión de los cuerpos con Aurelia, allí en «algún apartado rincón del universo centelleante», allí donde hubo una vez un astro, «un planeta como culo o flor». Allí ese trashumante, poeta o filósofo, de pie sangrante, que es y no es Nietzsche o Diógenes el perro o el poeta peruano, cercado por los encalados muros de Jena, acosado y perseguido por los enfermeros –esos sempiternos «cazadores del deseo»–, sueña con metáforas agotadas y antropomorfismos que fingen ser la verdad.

No se crea, sin embargo, que lo descrito llama al amor fati. Lejos de cualquier aquiescencia, a estos afiebrados sueños se les ha quitado toda aura romántica, toda belleza y redención, y no hay nada en ellos que reemplacen el dolor inescrutable del pie sangrante: «porque ni la poesía ni el fantasma ni la filosofía nos absolverán». Ante la inclemencia, sin retorno ni salida, de «la barraca pútrida de Jena», a este errante de El sueño de Nietzsche, no le queda otro recurso que apelar al hipócrita y prójimo lector, o a la consideración de unos «hermanitos» a los que se les pide que no se hagan los lesos y que no lo dejen solo con sus nietzscheadas como único recluso en Jena.

Carlos Ossandón Buljevic

A Leopoldo María Panero, tras el año de su desbarrancamiento final,en el silencio que abarca todas las inmediaciones del poemay sus vacíos entre signos y significados imposibles. El acorde trémulo del último suspiro de la flauta de Narciso.

A Teresa Calderón

Extranjero, de seguro que los sueños no son fáciles de comprender y que su sentido no se discierne enseguida; todo lo que anuncian está lejos de ser realidad para los hombres. Pues hay dos puertas para los sueños inconsistentes; una está hecha de cuerno, la otra es de marfil; cuando los sueños entran por el marfil aserrado, no hay en ellos nada verdadero; son palabras que no crean lo real ante nuestros ojos; pero cuando los sueños nos llegan por la puerta de cuerno pulimentado, esos sí que crean una certidumbre para cualquiera que los ve.Pues bien. ¡Yo no creo que mi extraño sueño haya entrado por ahí.Odisea, canto XIX.

«Habrá guerras como nunca las ha habido,No soy un hombre, soy dinamita.Nosotros somos los hiperbóreos»Nietzsche dixitLa raza que destruirá al mundoSeres congelados como vampiros que quizá vivanEternamente.Leopoldo María Panero

Se supone que los artistas son hijos de Saturno, viven bajo el sol negro,como dice la Kristeva en un libro muy lindo sobre la depresión,y ellos sufren la pesadez del plomo, el saturnismo, que es el peso,la gravedad de vivir. Pero, por otro lado, esa misma gravedadestaría muy ligada a la vocación artística y filosófica.Gonzalo Millán

La belleza no es un azar.Friedrich Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos

Introito

Imaginemos, porque de eso se trata la literatura, que Nietzsche fue al cine, a un improbable cine, la tarde aciaga cuando vio maltratar un caballo en la Plaza Carlo Alberto de Turín, a un caballo de tiro por su dueño, a palos. Imaginemos que ese filme que vio trastornó aún más su ya descontrolado sentir. No importa qué película habrá visto el filósofo esa tarde y en ese cine imposible (¿El caballo de Turín de Bella Tarr?), pero supongamos que le produjo esa sensación de todo hombre sensible que una tarde después de ver algo que lo acongoja, se refugia en la caverna post-platónica: ¿cómo habría afectado su sentido dramático? Como dice en el aforismo 117 de El paseante y su sombra, ¿continuaría afirmando que: «Quién carece de los cuatros sentidos más finos para el arte trata de entenderlo todo con el quinto, el más tosco: el sentido dramático», sumándole un sexto o un séptimo, el de las imágenes que fingen el movimiento en la oscuridad de una sala rodeado de extraños? Y tal como el título del libro al que aludimos, sale del cine y despierta de un atropomorfismo más, esta vez de líquidos químicos y hechiceros, y pasea por las calles de Turín, acongojado por la falsedad de las imágenes, sin comprenderlas del todo, a la calle, a la luz del día, paseando con su sombra. ¿Pensaría en El nacimiento de la tragedia, en una experiencia apolínea o dionisíaca? ¿Se sentiría como en otra realidad más real que la realidad de su pensamiento? ¿Le ocurriría, como a Roland Barthes, en el texto «Salir del cine» del libro Lo Obvio y Lo Obtuso?: «Soy un hombre que viene saliendo del cine… Todo sucede como si, incluso antes de entrar en la sala, ya estuvieran reunidas las condiciones clásicas de la hipnosis: vacío, desocupación, desuso; no se sueña ante la película y a causa de ella; sin saberlo, se está soñando antes de ser espectador. Hay una ‘situación de cine’, y esta situación es pre-hipnótica. Utilizando una auténtica metonimia, podemos decir que la oscuridad de la sala está prefigurada por el «ensueño crepuscular» (que según Breuer-Freud), precede a la hipnosis, ensueño que precede a esa oscuridad y conduce al individuo, de calle en calle, de cartel en cartel, hasta que éste se sumerge finalmente en un cubo oscuro, anónimo, indiferente, en el que se producirá ese festival de los efectos que llamamos una película». Nietzsche en la situación de Barthes: un filósofo del siglo XIX saliendo del cine tras un episodio acongojante y con esa sensación de hipnosis tan bien descrita por Barthes. Y en quien oficia de autor. De eso intenta este libro.

T.H.

El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino.Frank Herbert, Dune

En todo el recuadrode la pantalla de cal

EL FANTASMA DE AURELIA ASIDO DE TU MANO CON SU GARFIA MONDA ESPERABA ENTRE LAS DUNAS DEL DESEO LA VISIÓN CUÁNTICA QUE ANHELABAN LOS POETAS ROMÁNTICOS SIN SABERLO DEL TODO NI EN SU POESÍA NI EN SUS VIDAS Y SUS SUEÑOS QUE LO ABARCABAN TODO.

Se superpone este segundo cartoon mientras el primero se disuelve en la pantalla de cal

SOÑÉ CON LA VOZ DEL FANTASMA. EL FANTASMA ERA AURELIA, LA MUSA DE TODOS MIS SUEÑOS NEGROS: LA MUSA DE NERVAL, DE GERARD DE NERVAL, EL MÁS DE LOS ROMÁNTICOS. Y EN ESTE SUEÑO EN PLENO DESIERTO DEL GOBIE, EN MI CAMA DE JENA, FUSIONÁBAMOS LOS CUERPOS CON AURELIA. NERVAL YA HABÍA MUERTO AUNQUE ERA PÓSTUMO DESDE QUE NACIÓ (COMO YO) Y DESDE QUE NADAR LO SOLIDIFICÓ EN UN DAGUERROTIPO NOS MIRABA DESDE EL MURO DEL HOSPICIO DE JENA. SU DAGUERROTIPO MIRABA CÓMO NOS HACÍAMOS UNO EN LA FUSIÓN DE LOS CUERPOS CON AURELIA, CASI CON PUDOR O PENA. ESTA ES SU MIRADA EN LA MÍA.

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Nunca nada nadie

En memoria de Juan José Saer

Me acaban de informar que no existo que no soy que nunca fui el que me dijeron