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Jane Helier relata su caso en el "club de los martes". Un joven autor le envía una obra de teatro para su consideración, poco tiempo después, el escritor recibe una carta firmada por la actriz citándolo a verla personalmente en un hotel. Acude al lugar, pero quien lo recibe no es la actriz sino una impostora. A partir de este incidente desaparecen unas valiosas joyas. Los miembros del club, y especialmente Miss Marple, deberán utilizar todas sus células grises para resolver lo que en realidad ocurrió.
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Seitenzahl: 24
Veröffentlichungsjahr: 2024
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—Pensé en un caso... —dijo Jane Helier.
Su rostro, hermoso, por cierto, se iluminó con la sonrisa confiada de una niña que busca aprobación. Esa sonrisa conmovía al público todas las noches en Londres y había significado una enorme cantidad de dinero para los fotógrafos.
—Le ocurrió a una amiga —continuó con Jane cautelosamente.
Todos hicieron gestos de aliento, pero de modo ligeramente hipócrita. El coronel Bantry, su esposa, sir Henry Clithering, el doctor Lloyd y la anciana miss Marple estaban convencidos de que la supuesta amiga de Jane era ella misma. Sabían que era incapaz de interesarse por algo que afectara a cualquier otra persona.
—Mi amiga —continuó Jane— no mencionaré su nombre, es una actriz muy conocida.
Nadie expresó la menor sorpresa y sir Henry Clithering pensó, “me pregunto cuánto tardará en dejar la ficción y decir yo en lugar de ella...”
—Mi amiga se encontraba de gira por las provincias, hará uno o dos años. Supongo que es mejor no dar a conocer el nombre del lugar. Estaba en la costa, muy cerca de Londres. Lo llamaré...
Hizo una pausa, frunciendo el entrecejo. Al parecer, inventar un simple nombre era demasiado para ella, y sir Henry acudió rápidamente en su ayuda.
—¿Lo llamarás Riverbury? —sugirió.
—Sí; claro, Riverbury, lo recordaré. Bien, como decía, mi amiga se encontraba en Riverbury con su compañía cuando ocurrió algo muy curioso —frunció nuevamente el entrecejo—. ¡Es tan difícil decir lo que intento! —se lamentó—. Temo confundirme.
—Lo hace muy bien —la animó el doctor Lloyd— continúe.
—Bien, pues ocurrió algo muy curioso. Mi amiga fue llevada a la estación de policía. Al parecer se había cometido un robo en su bungalow, situado junto al río, y habían detenido a un joven que les contó una extraña historia, y por eso fueron a buscarla. Nunca había estado en una estación de policía, pero se mostraron muy amables con ella, amabilísimos.
—No me extraña en absoluto —comentó sir Henry.
—El sargento, creo que era un sargento, o tal vez fuera un inspector, no lo sé, la invitó a sentarse y le explicó lo ocurrido. Desde luego entendí en seguida que se trataba de una equivocación.
“¡Aja!”, pensó sir Henry. ¡Yo, en primera persona! Es lo que imaginé”.
—Eso dijo mi amiga —continuó Jane, inconsciente de su propio error—. Explicó que había estado ensayando con su suplente en el hotel y que nunca había oído siquiera el nombre del señor Faulkener. Y el sargento dijo: “Señorita Miss Hel...”
Se detuvo avergonzada.
—¿Miss Helman? —completó sir Henry con un guiño.
—Sí, eso es. Gracias. El sargento dijo: “Señorita Helman, creo que debe de haber alguna equivocación, ya que usted se aloja en el Bridge Hotel”. Y luego me preguntó si me importaría que me confrontaran con aquel joven. No sé si se dijo confrontar o carear. No lo recuerdo.
—No importa tanto —aseguró sir Henry.
—De todos modos, yo dije: Claro que no. Y lo trajeron y dijeron: “Ésta es miss Helier”. y... mmm —Jane se interrumpió.