5,49 €
Cuatro amigos descubren por error el cuerpo de una mujer asesinada en el tercer piso del mismo edificio donde vive Hércules Poirot. ¿Podrá el detective ayudarlos a desentrañar este curioso misterio? En "El tercer piso", el elemento de suspenso se ve a través de dos de los personajes principales: Donovan Bailey y Jimmy Faulkner. Los lectores se sentirán como si fueran parte de la trama, convirtiéndose ellos mismos en detectives.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 27
Veröffentlichungsjahr: 2023
—¡Maldición! —dijo Pat— frunciendo el ceño revolvió impaciente la bagatela de seda al que ella llamaba “su bolso de noche”.
Los dos jóvenes y su amiga la miraban con ansiedad. Estaban todos ante la puerta cerrada del piso de Patricia Garnett.
—Es inútil —exclamó Pat—. No está aquí. ¿Qué haremos ahora?
—¿Qué es la vida sin una llave? —murmuró Jimmy Faulkener.
Era un muchacho de baja estatura, hombros anchos y ojos azules, con una alegre expresión.
—No hagas bromas, Jimmy. Esto es serio.
—Revisa nuevamente, Pat —propuso Donovan Bayley—. Debe de estar allí.
Tenía una voz perezosa y agradable que hacía juego con su figura delgada y oscura.
—Si es que la trajiste —acotó la otra muchacha, Mildred Hope.
—Claro que la traje —replicó Pat—. Creo que se la di a uno de ustedes —se dirigió a los jóvenes con mirada acusadora—. Le dije a Donovan que me la guardara.
Pero no encontraría un chivo expiatorio tan fácilmente. Donovan lo negó de plano y Jimmy lo respaldó.
—Yo mismo vi cuando la metías en tu bolso —dijo Jimmy.
—Bueno, entonces uno de los dos la perdió al recoger mi bolso. Se me ha caído un par de veces.
—¿Un par de veces? —exclamó Donovan—. Se te ha caído al menos una docena de veces, además de dejarlo olvidado en todas las ocasiones posibles.
—Lo que no entiendo es cómo no perdiste todo lo demás —agregó Jimmy.
—El punto es... ¿cómo vamos a entrar? —se preocupó Mildred.
Era una joven sensata que iba al grano, aunque no era tan atractiva como la impulsiva e impertinente Pat. Los cuatro permanecieron frente la puerta cerrada, indecisos.
—¿Y no podrá ayudarnos el portero? —sugirió Jimmy—. ¿No tiene una llave maestra o algo parecido?
Pat negó con la cabeza. Sólo había dos llaves. Una estaba en el interior del piso colgada en la cocina y la otra estaba, o debería haber estado, en el maldito bolso.
—Si por, lo menos viviera en la planta baja, podríamos romper una ventana o algo por el estilo —se lamentó Pat—. Donovan, ¿no te gustaría ser un ladrón escalador?
Donovan rechazó amable pero firmemente la propuesta. Y Jimmy acotó Jimmy por su parte:
—Un cuarto piso... gracias pero es un poco arriesgado.
—¿Y la escalera de incendios? —sugirió Donovan.
—No hay escalera de incendios.
—Pues debiera haber una —replicó Jimmy—. Un edificio de cinco pisos debería tener escalera de incendios.
—Totalmente de acuerdo —respondió Pat— pero lo que debería ser ahora no nos ayuda en nada. ¿Cómo voy a entrar a mi casa?
—¿Tampoco hay una especie de ascensor adicional? —intervino Donovan—. Uno de esos en los que se envía mercadería o cosas así...
—¡El ascensor de servicio! —recordó Pat—. Pero sólo es un montacargas en forma de cesta. ¡Ya sé! ¿Y el ascensor del carbón?
—Bueno —dijo Donovan— es una idea.
—Estará cerrado —opinó Mildred, desalentadora—. En la cocina de Pat, digo, seguramente estará cerrado por dentro.
—No lo creo —replicó Donovan,
—Eso no ocurre en la cocina de Pat —exclamó Jimmy—. Pat nunca cierra con llave ni pone cerrojos.
—No creo que esté cerrado —acotó Pat—. Esta mañana saqué el cubo de la basura, y estoy segura de no haber cerrado porque no volví a pasar por allí.