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"Los dos Juan Carlos se encuentran. El símbolo y la persona. Cara a cara no se soportan. La versión se enfrenta a la realidad. Es una foto para la historia. Una situación insostenible." Años 90. Después de las Olimpiadas, el juancarlismo alcanza su apogeo. La Casa Real encarga al artista más popular un retrato de familia, pero Antonio López se toma veinte años para pintarlo y España cambia: el país descubre que el rey no era tan ejemplar como parecía. Cuando el pintor acaba el lienzo, el monarca ha abdicado y la monarquía está en mínimos históricos. El cuadro que era homenaje se convierte en caricatura. Este ensayo contiene varios duelos: el del Juan Carlos real contra el Juan Carlos pintado, el de la España eufórica de 1994 contra la deprimida en 2014 y el de los retratos reales de Goya y Velázquez contra el de Antonio López. La historia del arte, la crítica cultural y la crónica política se entrecruzan en Borbones y membrillos para descubrir la imposibilidad de la autonomía del arte. Un libro contra la ceguera que se empeña en librar al arte de la política y del contexto histórico.
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Seitenzahl: 114
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Peio h Riaño
Borbones y membrillos
La familia irreal de Antonio López
x
Primera edición, julio de 2023
© del texto Peio H Riaño
© Editorial Lengua de Trapo
Calle Corredera Baja de San Pablo 39
28004 Madrid
Colección Episodios Nacionales
Directores de colección: Jorge Lago y Manuel Guedán
Diseño de colección: Alejandro Cerezo
Diseño de cubierta y maquetación: Alicia Gómez (malisia.net)
www.lenguadetrapo.com
ISBN: 978-84-8381-280-8
Depósito Legal: M-21666-2022
Impreso por Kadmos
Impreso en España
Proyecto financiado por la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, Ministerio de Cultura y Deporte
Financiado por la Unión Europea-Next Generation EU
Texto publicado bajo licencia Creative Commons. Reconocimiento —no comercial—. Sin obra derivada 2.5. Se permite copiar, distribuir y comunicar públicamente por cualquier medio, siempre que sea de forma literal, citando autoría y fuente y sin fines comerciales.
Peio h Riaño
Borbones y membrillos
La familia irreal de Antonio López
Colección Episodios Nacionales
Lengua de Trapo
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Índice
1. Se armó el belén 9
2. El pintor populista 23
3. Una familia real 37
4. Fotomatón 53
5. Un museo vacío 65
6. Escaparatismo 79
7. Icono corrupto 95
8. El rey asustado 105
9. El patriarca 115
Agradecimientos 135
1. Se armó el belén
Molesta a su propio hijo. Tan padre y tan rey.
Tan real, tan falso.
Navidades de 2020, año de pandemia y confinamiento.
El año de la muerte.
Los operarios de Patrimonio Nacional madrugan.
La cuadrilla lleva una carretilla y una escalera.
Palacio es un laberinto de puertas.
Y pasillos estrechos.
Entran en la sala de Alabarderos.
Es el inicio del recorrido turístico.
La sala recibe a millón y medio de visitas al año.
Preparan la estancia para montar el belén napolitano.
Una inmensa escenografía con más de doscientas
figuritas.
En la réplica no faltan aves, camellos, ni elefantes.
Este año está dedicada a los Jardines de Aranjuez.
El escenario del misterio lo ocupa todo.
El telón de fondo supera los cuatro metros de altura.
Hace desaparecer las paredes.
Y los cuadros que cuelgan de ellas.
También el inmenso retrato de La familia de Juan
Carlos I
Deja de recibir a los visitantes del palacio en Navidad.
Cede los focos a los reyes magos.
Esta cuadrilla no va a tocar el belén.
Entra en la sala a por el cuadro de Antonio López.
Descolgarlo es una operación minuciosa.
Tiene un sistema especial que lo encaja en la pared.
En menos de una hora retiran la pintura.
Así se les ha ordenado.
Suben a la carretilla el lienzo.
Mide tres metros y medio de ancho por tres de alto.
Salen de Alabarderos con el retrato real.
La pintura abandona la sala por primera vez en seis años.
Cuelga en esta sala por una decisión de última hora.
Medio año después de la abdicación del protagonista.
La idea original era otra.
Querían llevarlo a «un pasillo del palacio de Aranjuez».
«Y nadie lo discutió cuando se planteó».
«Apenas hubo debate».
Cuenta un testigo que formó parte de aquella reunión.
El mito del retrato real crece en la prensa.
La leyenda es tan grande que aprovechan la popularidad.
Recuerda a Leonardo da Vinci.
También tenía problemas con los plazos de entrega.
Ya no es el palacio de Juan Carlos.
Pero a Patrimonio Nacional no le importa.
La decisión está tomada.
Y un símbolo caduco recibirá al pueblo.
No intuyen las consecuencias.
En 2015 la impunidad todavía ciega a la institución.
El juancarlismo está al borde de su declive.
Deciden reivindicarlo.
El cuadro es un lastre para la visita del palacio.
Es un gesto que nace caduco.
Es molesto como un padre repudiado.
La nueva presidencia quiere retirarlo de la vista pública.
La situación del rey emérito es insostenible para la
monarquía.
Insoportable para su hijo.
Contraproducente para la Casa Real.
El protagonista de los escándalos saluda a los visitantes.
Tampoco hay alternativa.
No existe el retrato de la familia real de Felipe VI.
Con la reina Letizia y las dos infantas.
No hay justificación.
Encajan la familia en el primero de los veinte salones.
Son fantasmas.
Enturbian los años dorados de los Borbones.
Aparecen al final de la escalera principal.
Un imperial acceso diseñado por Sabatini, en 1789.
El lienzo es grande como un remordimiento sin curar.
A la vista de todos.
Tan nocivo como la culpa para un católico.
Inventan una excusa para mantenerlo ahí.
Felipe VI aparece «acompañado de su familia paterna».
En el cuadro de Antonio López, Felipe huye.
No hay contacto.
No quiere contagiarse.
La figura se ha distanciado y evita la epidemia.
Patrimonio Nacional no soporta verlo ahí.
Pero no saben cómo descolgarlo sin escándalo.
El símbolo pesa demasiado.
Más que un exilio real a Abu Dabi.
Casa Real y Gobierno desvinculan el reinado de Felipe VI.
No quieren saber nada de Juan Carlos.
Y ese cuadro ahí.
«La Casa Real está marcando distancias».
»Eso es algo que yo agradezco».
Palabras de Pedro Sánchez.
Aparecen nuevas cuentas ocultas del monarca en Suiza.
Juan Carlos descarrila en todas las portadas de Europa.
Ya no silencian ni las españolas.
La crisis sanitaria arrastra al país a una ola de muerte.
Miedo, amenaza y confinamiento.
Felipe aprovecha el encierro.
Y rompe con Juan Carlos y sus manchas.
14 de marzo de 2020.
Pedro Sánchez se presenta ante los españoles.
Les dice que hay que resistir al COVID-19.
«El heroísmo consiste también en lavarse las manos».
«Y en quedarse en casa».
Sánchez cierra su comunicado con sobredosis de épica.
La «responsabilidad» ciudadana detendrá el virus...
Decreta el estado de alarma.
Y confinamiento de quince días.
Prolonga la medida casi cuatro meses.
Y mata toda posibilidad de manifestación.
Un día después del presidente «habla» el rey.
Felipe VI manda un escrito.
Dice que renuncia a toda herencia de su padre.
Le retira la asignación anual de 194.232 euros .
The Telegraph publica una información muy sensible.
Felipe figura como beneficiario de dos fundaciones.
Están a nombre de su padre.
Investigadas por presunto blanqueo de capitales.
El origen está en un regalo del rey de Arabia Saudí.
Agosto de 2008, le entrega cien millones de dólares.
Y Juan Carlos no lo declara a Hacienda.
Recibe los millones en la cuenta que tiene en Suiza.
A nombre de una fundación panameña: Lucum
Foundation.
¿Por qué cien millones de dólares a Juan Carlos?
Ese es el agujero negro de esta historia. No hay contratos ni documentos.
Sólo el registro del cuestionario «Know your client».
Conoce a tu cliente, qué ironía.
Responde y firma a las preguntas Arturo Fasana.
Es el gestor de la cuenta de Juan Carlos.
Escribe que el dinero es un «regalo» del rey Abdalá.
Abdalá llama «hermano» a Juan Carlos.
No se ha podido demostrar que sea una comisión.
El cobro de Juan Carlos por el AVE a La Meca.
Fue obra de un consorcio de doce empresas españolas.
Arabia Saudí no colabora con países occidentales.
Y la causa queda archivada.
Siguiente fecha: 13 de abril de 2012.
Entre las cuatro y las cinco de la mañana.
Juan Carlos se cae.
El pronóstico es complicado.
Fractura de cadera.
Tiene 74 años y está matando elefantes en Botsuana.
Fuera de su agenda oficial.
Le acompaña Corinna, de 47 años.
Y el hijo de esta, Alexander, de 10.
Regresa el 18 de abril de 2012.
Pide perdón.
«Lo siento mucho, me he equivocao y no volverá a
ocurrir».
Los gestores del banco suizo rechazan a Juan Carlos.
Le comunican que no quieren problemas.
La titularidad de ese fondo sin declarar les compromete.
Dos meses después de pedir perdón cierra la cuenta.
Antes transfiere el dinero a su amante, Corinna Larsen.
Ella también los esconde.
En otro paraíso fiscal.
Las Bahamas.
El rey se había equivocado, pero insistía en el error.
Su plan seguía en marcha.
Aquí viene la versión más romántica del regalo.
Los cien millones a Juan Carlos son para su nueva vida.
Una junto con Corinna.
Quiere casarse con ella.
Los millones son el colchón.
Confía en ella y le entrega la dote.
Pero la relación se rompe y Corinna se queda el dinero.
Juan Carlos le reclama el fondo millonario.
Pero ha perdido su regalo saudí.
Hay otro regalo que Casa Real tampoco aclara.
Un millón y medio de euros del rey de Baréin.
En abril de 2010.
Fasana lo lleva a Ginebra.
En una maleta repleta de billetes.
El malestar social con los Borbones se multiplica.
El cuadro es un engorro político.
«En la presidencia se debate dónde instalarlo».
Patrimonio Nacional reconoce su inquietud en julio de
2020.
El símbolo conecta el legado del padre con el del hijo.
Pero ha rechazado la herencia de Juan Carlos.
Los símbolos no están envasados al vacío.
Juan Carlos representó la españolidad durante la
Transición.
El padre protector de la patria democrática.
La imagen de la nueva España, moderna y en color.
El símbolo murió el 13 de abril 2012.
A las cuatro de la mañana, en Botsuana.
Una vida de tres décadas.
Antes de arder en el descrédito.
Antes de perder la asignación económica del Estado.
Antes de vivir en los Emiratos Árabes Unidos.
Antes de declarar a Hacienda su fortuna oculta en Suiza.
El arte tampoco nace y crece en una burbuja.
No está aislado.
No está al margen.
No es autónomo, aunque es su aspiración.
Antonio López no ha construido una imagen impertérrita.
Ha hecho una imagen instrumental.
Y ha sido alterada.
Por lo sucedido más allá del marco.
Más allá del estudio del artista.
La creación quiere librarse de todo lo que no sea crear.
Y se convierte en una anécdota.
Nada está libre de política, ni de la política.
El arte universal es el conflicto.
Lo otro es decoración.
El símbolo que fabrica el pintor realista muta.
Pinta mientras los protagonistas escriben su historia.
Y los periódicos la cuentan.
Desde 1993 fabricando una idea de la Corona.
Que se pudre.
Una saga en decadencia.
Fuera del taller, el elogio se vuelve ira.
Los Borbones quieren mantener su inviolabilidad.
Pero Juan Carlos la compromete.
El monarca arrastra al descrédito a la monarquía.
La población toma las plazas y reclama regeneración.
Ya no tiene el perdón garantizado.
Es inviolable, pero no inmune.
Cuarenta años después, España ve al rey desnudo.
Una rebelión de urgencia.
La unidad nacional se diluye en cada telediario.
El cuadro que celebraba, ahora envenena.
Apenas seis años expuesto al público.
Ya no soporta la mirada ni un día más.
En las Navidades de 2020 Juan Carlos no vive en España.
Se ha fugado a Abu Dabi.
El retrato sigue recibiendo a los súbditos.
Y a las visitas oficiales.
Felipe no tiene un símbolo propio como rey.
Acorralado por la realidad antimonárquica.
Asustado.
Teme dar un paso en falso.
La Corona tiene la autoestima por los suelos.
El dilema de Palacio.
No saben cómo retirar el lienzo del monarca fugado.
La primera presidenta de Patrimonio Nacional en setenta años se atreve.
Ve una oportunidad en el belén napolitano.
Podría retirarlo para siempre sin armar escándalo.
Sin comunicarlo.
La polémica para la monarquía es la transparencia.
Han vivido cuatro décadas en un paraíso paralelo.
Zarzuela off shore.
Necesitan ser visibles.
En pintura.
Una campaña de publicidad hecha por el pintor realista.
En la Navidad de 2020 el país está enfermo y moribundo.
Sumido en la pandemia del COVID-19.
La visita al Palacio Real está limitada a la mitad de
público.
El exuberante belén debe estar listo en diciembre.
El cuadro no aguanta más.
Y salta un nuevo capítulo de las cloacas del Borbón
emérito.
Descubren otra cuenta en Suiza.
Juan Carlos oculta a Hacienda casi ocho millones de euros.
El dinero lo retiró del banco en 2018.
Cuatro años después de abdicar.
Renuncia al trono, pero no al dinero ilegal.
No parece respetar las leyes.
No parece temer a la justicia española.
La situación es insostenible.
El cuadro recibe a miles de personas al día.
Las noticias sobre el presunto defraudador no cesan.
Desbordan los planes de Casa Real.
Escondía la fortuna en una sociedad instrumental.
A nombre de su primo Álvaro de Orleans-Borbón.
En Liechtenstein.
A nombre de su primo Álvaro de Orleans-Borbón.
En Liechtenstein, desde 2003.
Niega una y otra vez ser el testaferro de su primo rey.
En 2014 Juan Carlos abdica y pierde su inviolabilidad.
Pero sigue manejando dinero sin declarar.
En 2021 descubre que Hacienda le está investigando.
Juan Carlos está expatriado en Emiratos Árabes Unidos.
Y corre a pagar los impuestos que no ha tributado.
Hace dos regularizaciones fiscales.
Abona más de cuatro millones a la Agencia Tributaria.
Con el pago, Juan Carlos reconoce el fraude.
Libra el banquillo en el último momento.
Elude el delito fiscal.
Antes de que le comuniquen que es investigado.
El resto de delitos de Juan Carlos han prescrito.
Felipe renuncia a la herencia.
Conocía su situación desde hacía un año.
Felipe retiene la información un año.
Con los españoles encerrados en casa.
Comunica su ruptura con Juan Carlos.
¿Qué fue antes el confinamiento o la renuncia al padre?
Casa Real construye en los medios otro retrato.
El monarca anticorrupción.
Nace el regente que renuncia al padre.
Para continuar con su poder.
Felipe emerge como «el regenerador».
Sacrifica la pieza mayor.
Con una promesa.
Romper con la tradición borbónica del enriquecimiento al margen de la ley.
No hay mejor propaganda.
España es el epicentro de la pandemia en Europa.
Casa Real mueve ficha contra Juan Carlos.
Felipe, la autoridad moral libre de toda sombra.
El rey limpio de sospecha.
El Borbón íntegro, honesto y transparente.
Que no acepta preguntas sobre las miserias de su padre.
El monarca que sigue sin crearse un símbolo propio.
Felipe no quiere retratos pintados.
Prefiere portadas.
El hijo que repudia al padre en público.
Y el cuadro que los une a la vista de todos.
Un símbolo que contradice las intenciones.
El lienzo de Antonio López se llena de realidad.
Ese realismo que el pintor trató de camuflar.
La mirada es otra.
El «salvador» de la democracia es evasor de impuestos.
Donde había admiración, hay indignación.
Felipe no convence a toda la España confinada.
Esa misma noche hay cacerolada.
Denuncian los desmanes de la monarquía.
Que done a la sanidad pública los cien millones.
España no puede con más corrupción.
No soporta ni a los corruptos ni a los comisionistas.