Las pasiones ponderadas - Eudald Espluga - E-Book

Las pasiones ponderadas E-Book

Eudald Espluga

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¿Es el actual independentismo, como sugiere la caverna madrileña, una continuación del pujolisme?, ¿han sufrido los habitantes del noreste de la piel de toro un rapto límbico?, ¿podemos describir lo que está pasando en Cataluña como "guerra, enfermedad y venganza"? Sencillamente: no, no y no. Para entender lo que está ocurriendo necesitamos nuevas metáforas y sensibilidades; a fin de cuentas, el escenario es completamente inédito. Asociaciones que rechazan cualquier sentimiento catalán pero que defienden con uñas y dientes la secesión, emprendedores que teorizan sobre las ventajas competitivas de la "Marca Barcelona", activistas cuya principal motivación es acabar con el Régimen del 78, pero que han encontrado en el nacionalismo el lubricante perfecto para hacer realidad las reivindicaciones iniciadas con el 15-M; ferias nacionalistas que evocan a Walt Disney antes que a cualquier régimen totalitario... A partir de las distintas expresiones del deseo secesionista y sobre el impulso de la dialéctica pascaliana entre razón y pasión, Eudald Espluga elabora una sagaz y peculiar propuesta para entender de una vez por todas cómo se relaciona Cataluña con su independencia. La respuesta, ahora sí, se llama Independentismo Emocionalmente Inteligente.

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Seitenzahl: 68

Veröffentlichungsjahr: 2015

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V. LAS PASIONES PONDERADAS

O cómo el independentismo catalán se volvió emocionalmente inteligente

Eudald Espluga

MUCKRAKER es la colección digital de Capitán Swing dedicada a la no ficción contemporánea, en un formato que hoy puede sonar disparatado como es el reportaje largo, y con un interés especialmente orientado a escritores locales y actuales. Por eso tu apoyo a estas obras es definitivo: con él avivamos la mejor tradición de periodismo crítico e inteligente, y al mismo tiempo aupamos voces nuevas en el terreno de la no ficción. A todos los lectores y lectoras que hacéis esto posible: gracias.

© De Las pasiones ponderadas: Eudald Espluga

Edición en ebook: febrero de 2015

© De esta edición:

Capitán Swing Libros, S.L.

Rafael Finat 58, 2º4 - 28044 Madrid

Tlf: 630 022 531

www.capitanswinglibros.com

ISBN DIGITAL: 978-84-943676-7-0

© Diseño gráfico:

Filo Estudio www.filoestudio.com

Corrección ortotipográfica: Juan Marqués

Maquetación ebook: Caurina Diseño Gráfico www.caurina.com

© Queda prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento.

© Bajo Licencia Creative Commons Reconocimiento–CompartirIgual (by-sa): Se permite el uso comercial de la obra y de las posibles obras derivadas, la distribución de las cuales se debe hacer con una licencia igual a la que regula la obra original.

Contenido

Portadilla

Créditos

SINOPSIS

Dedicatoria

Introducción

La tradición ciega

Nuevos independentistas en el «poble killo»

¿De qué hablamos cuando hablamos de «nuevo independentismo»?

La razón vacía

«Ciutadans» de un lugar llamado mundo

El lubricante nacionalista

Ni civilización ni barbarie

El catalanismo desapasionado: ¡compra Catalunya®!

Independentismo emocionalmente inteligente

Bibliografía

La tradición ciega

La razón vacía

SINOPSIS

¿Es el actual independentismo, como sugiere la caverna madrileña, una continuación del pujolisme?, ¿han sufrido los habitantes del noreste de la piel de toro un rapto límbico?, ¿podemos describir lo que está pasando en Cataluña como «guerra, enfermedad y venganza»? Sencillamente: no, no y no. Para entender lo que está ocurriendo necesitamos nuevas metáforas y sensibilidades; a fin de cuentas, el escenario es completamente inédito.

Asociaciones que rechazan cualquier sentimiento catalán pero que defienden con uñas y dientes la secesión, emprendedores que teorizan sobre las ventajas competitivas de la «Marca Barcelona», activistas cuya principal motivación es acabar con el Régimen del 78, pero que han encontrado en el nacionalismo el lubricante perfecto para hacer realidad las reivindicaciones iniciadas con el 15-M; ferias nacionalistas que evocan a Walt Disney antes que a cualquier régimen totalitario...

A partir de las distintas expresiones del deseo secesionista y sobre el impulso de la dialéctica pascaliana entre razón y pasión, Eudald Espluga elabora una sagaz y peculiar propuesta para entender de una vez por todas cómo se relaciona Cataluña con su independencia. La respuesta, ahora sí, se llama Independentismo Emocionalmente Inteligente.

Dedicatoria

A en Christophe Lee,

perquè no he pogut discutir

amb ell aquestes idees.

Introducción

«El corazón tiene razones que la razón no entiende.»

Blaise Pascal

«Yo también quiero la independencia de Cataluña».

Al habla Nacho, ultranacionalista español y racista militante. Nacho emplea ese enunciado para rematar su posición ante el desafío soberanista. Corre el verano de 2013, finales de julio. Nos encontramos en un almacén a la hora del desayuno. Nacho y yo trabajamos de temporada en un supermercado, crecimos en el mismo pueblo y fuimos al colegio juntos. Quizá porque soy el único de nuestra generación que no solo habla el catalán en la intimidad, mi compañero de trabajo ha decidido confiarme sus conclusiones, convencido de mi ánimo separatista: Nacho me confiesa que «ama a España» y que «odia a los catalufos», aunque a pesar de esto, él cree que ya está bien de tanto mamoneo desde la administración central. No lo dice con estas palabras, claro, ni tampoco incorpora el viral «Espanya ens roba», pero Nacho aplica de una forma un tanto paradójica el eslogan del partido xenófobo con el que simpatiza: «Primero los de casa». El problema es que en su caso los nacionales son los de afuera y los «catalufos» los de casa. En cuanto a su espíritu, atormentado por la dialéctica pugilística entre cerebro y corazón, ay, ha sucumbido al golpe bajo de esa pasión disfrazada de razón que es el interés:

«Yo también quiero la independencia de Cataluña».

Puede que su caso parezca exagerado y cómico. Sin embargo, sus contradicciones no dejan lugar a dudas: él encarna el triunfo de un discurso independentista que no ve la creación de un Estado propio como un fin en sí mismo, sino como un instrumento.

Ahora bien, Nacho no es el único que ve en la independencia un medio deseable para sus propósitos. Esa es, por ejemplo, la postura de Antonio Baños, quien la reclama para armar una revolución democrática. Con él están también ciertos sectores de la izquierda, que ven en Cataluña la chispa de una futurible rebelión española. El retorno de la política tras el laureado «fin de la historia» —que en España dimos en llamar «transición»— se traduciría en una esperanza cuyos inicios arrancarían en el 15-M y la Primavera Árabe, por lo que el catalanismo se les aparece como el lubricante definitivo que les permitirá terminar, ¡al fin!, con este quiero-y-no-puedo.

Con todo, Baños está tan lejos como Nacho de ondear la quatribarrada entre lágrimas mientras canta Els Segadors con la voz rota de una believer. Independentista de cintura para arriba, internacionalista de cintura para abajo, su argumento concluye con las mismas palabras:

«Yo también quiero la independencia de Cataluña».

Pero no todos están dispuestos a renunciar a la bandera: de un tiempo a esta parte, existe toda una industria centrada exclusivamente en la creación de productos catalanistas y merchandising independentista. De hecho, con el tricentenario por enseña, todo el panorama cultural —medios de comunicación incluidos— se ha volcado en la organización de eventos y espectáculos relacionados con el catalanismo. Sin embargo, y por mucho que le pese a los lectores de La Razón, no estamos ante la explosión de un totalitarismo monumentalista y chovinista: los catalanes no han perdido las riendas de la parte concupiscente de su alma, ni se han entregado a la furia del nacionalismo irracionalista. Qué va. Aquí no es Hitler el hombre del bigote que está tras el tinglado, sino Walt Disney: poco a poco, Cataluña se está transformando en el parque temático del soberanismo.

Del nacionalismo banal se ha pasado a la banalización del nacionalismo.

La Marca Cataluña se consume sobre todo de puertas para adentro, de modo que los sujetos se identifican con su nación como lo harían con cualquier otra marca cuyo storytelling esté destinado a definir un modo de vida: runner, vegano o independentista, ¿qué más da? Este catalanismo desapasionado, apenas un instrumento para la autorrealización, se adquiere en el supermercado identitario con solo expresar racionalmente las preferencias de uno:

«Yo también quiero la independencia de Cataluña».

Aquí todos coinciden en la necesidad de la independencia, aunque sus razones sean terriblemente distintas, cuando no opuestas. ¿Cómo explicar entonces esta confluencia? La metáfora que mejor ha condensado esta conversión masiva al soberanismo ha sido la del «punto de no retorno», según la cual los catalanes, hartos de que les dieran para el pelo descuartizando estatuts y desestabilizando balanzas, habrían dado un paso adelante: del pactismo a la rauxa independentista.

No obstante, esta metáfora implica que el catalanismo siempre ha sido un mismo sentimiento que solo varía en cuestión de grado. Así lo entienden al menos en la caverna mediática madrileña: la misma tradición ciega cultivada por el clan mafioso de los Pujol sería la que ahora nos habría estallado en la cara.

Precisamente, este ensayo nace del rechazo a estas interpretaciones continuistas del nacionalismo catalán. Y es que a pesar de la cantidad de elementos que permanecen intactos, la manifestación del 11 de setiembre de 2012 significó una cesura histórica respecto a las formas de independentismo precedentes: no podemos equipararlo con el independentismo ligado a la lucha antifranquista, preocupado principalmente por la cuestión de la justicia social, ni tampoco puede igualarse al catalanismo electoralista de Pujol. Por lo tanto, se hace necesario escuchar los nuevos relatos, con especial atención a los recién conversos, y preguntarse: ¿qué tienen en común el independentismo de Nacho, Antonio Baños y los nacionalistas® que los separa irremediablemente del viejo catalanismo?