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Una antología de cuentos excepcionales que transmiten la magia de la música. Decía E. T. A. Hoffmann que "la música abre al hombre un imperio desconocido, que no tiene nada que ver con el mundo sensible que nos rodea". De ahí su continua dedicación a este arte y su preocupación por sobresalir en ella. La crítica generalizada suele considerar a Hoffmann "un mediocre músico pero un genial narrador", como se refleja en esta edición que reúne ocho de sus cuentos escritos entre 1808 y 1817, en los que el leitmotiv es la música. En cada uno de ellos late un apasionado romanticismo y un profundo amor por alguien que parece vivir, pensar y respirar sólo por este arte. Pocos autores hay tan inspiradores como este prusiano y no es de extrañar que sus historias sirvieran de base para un buen número de composiciones musicales.
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Seitenzahl: 351
Veröffentlichungsjahr: 2019
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Akal / Básica de Bolsillo / 264
Serie Clásicos de la literatura alemana
E. T. A. Hoffmann
CUENTOS DE MÚSICA Y MÚSICOS
Edición de: José Sánchez López
Decía Hoffmann que «la música abre al hombre un imperio desconocido, que no tiene nada que ver con el mundo sensible que nos rodea». De ahí su continua dedicación a este arte y su preocupación por sobresalir en ella. La crítica generalizada suele considerar a Hoffmann «un mediocre músico pero un genial narrador», como se refleja en esta edición que reúne ocho de sus cuentos escritos entre 1808 y 1817, en los que el leitmotiv es la música. En cada uno de ellos late un apasionado romanticismo y un profundo amor por alguien que parece vivir, pensar y respirar sólo por la música. Varios temas se repiten a lo largo de los cuentos: la crítica a los malos profesores y a los intérpretes poco dotados, la música como varita mágica que transforma la realidad, la unión de música y amor platónico… Pocos autores hay tan inspiradores como Hoffmann y no es de extrañar que sus historias sirvieran de base para un buen número de composiciones musicales.
«Hoffmann, el llamado heraldo del espíritu romántico, no sólo pobló sus obras con un sinnúmero de músicos de ficción, sino que él mismo fue un claro ejemplo de la simbiosis de las artes tan deseada por los románticos.»
Alfonsina Janés Nadal
Diseño de portada
Sergio Ramírez
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© Ediciones Akal, S. A., 2019
Sector Foresta, 1
28760 Tres Cantos
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Fax: 918 044 028
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ISBN: 978-84-460-4705-6
A Agustina, como casi todo, como casi siempre
Hoffmann según un dibujo hecho por él mismo.
Introducción
Alemania en la época de E. T. A. Hoffmann
Puesto que la vida de nuestro autor transcurre entre los años 1776 y 1822, centraremos este breve esbozo histórico en los siguientes puntos, que pueden considerarse hitos: 1) Alemania antes de la Revolución francesa, 2) Alemania durante dicha Revolución y en la época napoleónica, 3) Alemania después del Congreso de Viena.
Desde la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), Alemania estaba dividida en numerosos y diminutos territorios: más de 300 de carácter soberano o semiautónomos y numerosas ciudades con categoría de estado. Por ello Samuel von Pufendorf (1632-1694) cree que se parece más a un monstruo que a un Estado moderno. Pero al mismo tiempo existían también entidades muy superiores en cuanto a extensión y peso político, como Prusia y Sajonia, entre otras.
Estos numerosos estados ejercían el poder legislativo y judicial, así como también la defensa y la policía, aunque se admita la existencia del Sacro Imperio Romano Germánico hasta 1806, fecha en que Francisco II, presionado por Napoleón, renuncia a la corona imperial. En ese mismo año se crea la Confederación del Rin, bajo el protectorado de Napoleón.
Durante el siglo XVIII, Alemania, como la mayoría de los países europeos, no fue ajena al movimiento de la Ilustración, entre cuyos principios debemos destacar necesariamente la importancia que se le da a la razón, la valoración positiva que se hace del ser humano y la igualdad, a la que tienen derecho todos los hombres. Como consecuencia de esto se ponía en entredicho el principio de soberanía de los gobernantes, así como el origen divino de los reyes. Al mismo tiempo va creciendo una burguesía que pretende rebelarse contra la nobleza.
En esta etapa hay que destacar el reinado de Federico II el Grande de Prusia (1740-1786), llamado «el viejo Fritz», en un tono entre cariñoso y despectivo. Considerado uno de los principales representantes del despotismo ilustrado, intentó llevar a cabo una política encaminada a conseguir la felicidad de los súbditos. Pero también se dedicó a organizar los territorios polacos que le habían correspondido en el primer reparto de Polonia (1772). Además trató de cultivar la amistad con intelectuales como Voltaire. Y también creó las condiciones favorables para el establecimiento de inmigrantes en Prusia, lo que tuvo como consecuencia el asentamiento de unos 300.000. No obstante, la sociedad siguió dividida en nobleza, burguesía y campesinado, con la prohibición, para estos dos últimos grupos o estamentos, de adquirir bienes de la primera. Sobre todo, los campesinos mejoraron sensiblemente sus condiciones, especialmente la de aquellos que eran feudatarios de la corona. Pero nada pudo con los junkers, poderosos terratenientes.
Durante el reinado de Federico Guillermo II (1786-1797), sucesor de Federico el Grande, se produjo el segundo reparto de Polonia (1793), por el que Prusia recibió Danzig, Thorn y Posen. Y poco después (1795) el tercero. Con ellos Prusia vería aumentado su territorio, y el número de polacos bajo administración prusiana llegó a ser superior al de alemanes. Hoffmann no fue del todo ajeno a estos hechos, pues, como sabemos por su biografía, desempeñó algunos cargos administrativos en esos territorios y allí contrajo matrimonio.
El triunfo de la Revolución francesa fue recibido con entusiasmo en Alemania, por lo que suponía de avance para el desarrollo de las libertades, la igualdad de todos los seres humanos, la supresión de privilegios y la abolición de la esclavitud. Esta fue suprimida en 1807, aunque no de forma total, ya que eso hubiera supuesto una fuerte oposición de los junkers, que como compensación vieron aumentadas sus posesiones. También hay que atribuir, en cierto modo, al mismo hecho histórico otras reformas importantes conseguidas en Prusia, como la libertad para elegir ocupación, aunque continuaran las trabas y limitaciones económicas. Estas y otras reformas las llevó a cabo el barón Karl von Stein (1757-1831). Al ser destituido este por influencia de Napoleón, le sustituyó Karl August von Hardenberg (1750-1822), quien introdujo la plena libertad de industria y comercio.
Pero la admiración de los alemanes por Napoleón, especialmente prusianos, cambió por el apoyo al soberano alemán y se produjeron los enfrentamientos bélicos. Para ello se reformó la institución militar, abriéndola a la burguesía y a todos los individuos capaces. De esta forma se pretendía elevar la moral del ejército para enfrentarlo al ejército francés. En cierto sentido se ve a Napoleón como el unificador de los alemanes, ya que consiguió que se unieran para luchar contra él, puesto que lo consideraban un traidor al espíritu revolucionario. En esos enfrentamientos Prusia no tuvo éxito. No obstante, aunque derrotada en Jena y Auerstedt (1806), lo que supuso la pérdida de territorios y el establecimiento del 9.° Cuerpo del Ejército napoleónico en Berlín, también tuvo como resultado la prusianización de Alemania. La ampliación de las conquistas napoleónicas que sigue a dichos enfrentamientos tiene consecuencias negativas entremezcladas con las positivas: la igualdad de derechos suponía la igualdad de deberes. Por ello todos podían ser llamados a filas, el alemán podía ser sustituido por el francés y todo eso contribuiría a la pérdida del carácter e idiosincrasia alemanes. Para evitar que eso ocurra, surge y se va desarrollando el sentimiento nacional alemán.
Más adelante, en 1812, cuando Napoleón inició la campaña de Rusia, Prusia se declaró neutral, no apoyando al emperador. Esto y la batalla llamada de las Naciones, librada en Leipzig (1813), supuso la derrota de Napoleón, que volvió a Francia, renunciando en Fontainebleau a la corona imperial.
Alemania fue el país que desarrolló el movimiento nacionalista más poderoso contra Napoleón. Pero no solo contra este, sino también contra los franceses, puesto que los alemanes querían acabar con la influencia política de Francia y, principalmente, con la cultural. Ese esfuerzo parece que no resultó inútil, pues se ha llegado a decir que el florecimiento cultural vivido por Alemania durante la Revolución francesa y la época napoleónica tuvo como consecuencia que aquella sustituyera a Francia a la cabeza del concierto cultural europeo.
Hasta entonces el concepto de lo alemán en sentido político, geográfico y lingüístico era algo cuyos límites estaban poco precisos y además era poco apreciado. Pero en los años ochenta del siglo XVIII se experimenta un cambio importante, sobre todo con la aparición de Ideen zur Philosophie der Geschichte der Menschheit (Ideas para la filosofía de la historia de la humanidad), 1784-1791, de Johann Gottfried Herder (1744-1803), precursor del nacionalismo alemán. En ella se considera pueblo (Volk) a un grupo que comparte la misma lengua y defiende el carácter o espíritu nacional (Volksgeist) frente al cosmopolitismo. Herder no defendía la oposición o enfrentamiento entre las diferentes naciones o pueblos. Lo que sí defendía eran las diferencias frente a la semejanza. Por eso hacía más hincapié en aquellas. Pero su nacionalismo se ha considerado más cultural que político. El sentimiento de Volksgeist debe su desarrollo a Friedrich Ludwig Jahn (1778-1852), quien organizó un movimiento juvenil que recalcaba las tintas xenófobas y racistas.
La politización del nacionalismo alemán se produce en parte como consecuencia de la Revolución francesa; pero no solo iba dirigida contra Napoleón, sino también contra los gobernantes alemanes que se oponían al desarrollo de las libertades.
Se ha pensado que tal vez la Revolución francesa les hizo ver y envidiar en Francia algo que ellos no tenían: grandeza y unidad.
Un paso importante lo dará Johann Gottlieb Fichte (1762-1814), que primero fue un admirador y defensor de la Revolución francesa, pero desarrolla e intensifica su nacionalismo con motivo de la ocupación de Alemania por Napoleón. Escribió Der geschlossene Handelsstaat (El estado comercial cerrado), 1800, obra citada por Hoffmann en el primero de nuestros cuentos seleccionados. En ella defendía la intervención totalitaria del Estado, que debía dirigir y ordenar la economía. Pero va más lejos que Herder en su defensa del Volksgeist, ya que no solo trata de diferencias, sino que en las comparaciones con otros pueblos destaca la supremacía y superioridad de lo germánico frente a lo extranjero y considera necesario que los demás pueblos sean conocedores de ello. Estas ideas las expone de forma más explícita en Reden an die deutsche Nation (Discursos a la nación alemana), 1808. También contribuyeron a la prusianización de Alemania y a despertar el sentimiento patriótico Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), August Gneisenau (1760-1831) y Gerhard Johann David Scharnhorst (1755-1813), aunque no fueran prusianos.
Como consecuencia de la derrota de Napoleón se celebra el Congreso de Viena (1815), que tiene, entre otros efectos, el acrecentamiento de Prusia, que conservó los territorios de Posen, Thorn y Danzig y recibió Westfalia, parte de Sajonia y casi la totalidad de Renania. Aquí se explotaban ya los yacimientos del Rhur y del Sarre, que tanta importancia tendrían más adelante.
Pero más que intentar recomponer el Sacro Imperio Romano se confirmó fundamentalmente la reorganización francesa y napoleónica de Alemania. Tampoco se atendieron las aspiraciones de unidad que pretendían la creación de un Estado: Alemania. Por eso los reyes de Baviera, Würtemberg y Sajonia conservaron las coronas que les había dado Napoleón.
En el mismo año se creó la Cuádruple Alianza, constituida por Rusia, Inglaterra, Austria y Prusia, para prevenirse contra la posible amenaza de Francia. También de la misma fecha es el Deutscher Bund (Confederación Germánica), a la que pertenecían 39 estados, incluidos Austria y Prusia, en pugna por liderar los estados alemanes.
El sentimiento nacionalista siguió tomando auge, primero en las universidades, entre profesores y estudiantes. Se creó la Burschenschaft (1815), movimiento juvenil de discusión, que celebró un congreso nacional en Wartburg (1817), en el que se pronunciaron discursos nacionalistas muy inflamados. Dos años después, al ser asesinado August von Kotzebue (1761-1819), la reacción de Metternich fue convocar una conferencia en Karlsbad (1819), donde consiguió la disolución de la Burschenschaft y frenar el nacionalismo alemán.
La literatura alemana en la época de E. T. A. Hoffmann
A principios del siglo XVIII, la situación no era muy halagüeña para la literatura alemana, ya que la mayor parte de los ciudadanos no sabía leer ni escribir y los que sabían se limitaban a leer la Biblia y otras lecturas de carácter religioso. Pero incluso más adelante, en unos años inmediatos al nacimiento de E. T. A. Hoffmann o cuando este lleva a cabo su obra literaria, la situación no ha mejorado mucho. Según datos de la época, en 1770 ni siquiera el 15 por 100 sabía leer y en 1800 apenas llegaba al 25 por 100.
La situación tan negativa para la literatura va cambiando lentamente gracias a las publicaciones semanales que pretenden hacer llegar la cultura a un público más amplio y más variado. Será decisiva en este sentido la labor de semanarios como Der Biedermann (El ciudadano llano),Der Patriot (El patriota), Die vernünftigen Tadlerinnen (Las censuradoras juiciosas). A ello hay que añadir las sociedades de lectores, aunque estas serán bastante clasistas y excluyen al pueblo llano, permitiendo entre sus componentes solo la presencia de nobles y pudientes.
Todo esto contribuyó a que fuese desapareciendo el poeta cortesano o asalariado que trabajaba o escribía para un señor del que dependía económicamente. De esta forma irá conquistando una mayor independencia aunque sea a costa de la seguridad. Pero la inseguridad no era solo de causa económica, sino que a ella contribuyó también la censura, especialmente de carácter religioso, que sufrieron grandes escritores, como Lessing, Wieland y Goethe. No es de extrañar que los escritores lucharan con todas sus fuerzas por conseguir la libertad de prensa y la abolición de la censura; no obstante, esta se mantendría incluso después de la Revolución francesa.
La naturalidad, que podríamos considerar uno de los principios fundamentales de la Ilustración, va perdiendo terreno gracias a Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781) y a los seguidores del Sturm und Drang (Tempestad y empuje). Estos últimos dan a su movimiento el mismo nombre que dio Friedrich Maximilian von Klinger (1752-1831) a una de sus piezas dramáticas (1776), y del que el citado dramaturgo fue uno de los principales componentes. Frente a la naturalidad y la imitación, ellos dan una gran importancia a la inspiración y al genio, lo que ya anuncia la mentalidad romántica.
Como en otros países, el teatro experimentó un gran desarrollo, ya que fue considerado el medio más idóneo para difundir las ideas ilustradas. El panorama que presenta Johann Christoph Gottsched (1700-1766) no era nada envidiable. Según él, existían dos tipos de teatro: uno populachero y otro aristocrático; ninguno de ellos apropiado para difundir el pensamiento ilustrado, por lo que dicho autor se planteó una renovación que empezó por el primero. Imitando a franceses e ingleses intentó crear un teatro alemán respetuoso con el normativismo neoclasicista, al que no fueron ajenas las influencias recibidas de Horacio y Boileau, autores muy admirados por él y en quienes se inspiró, especialmente para la obra Versuch einer critischen Dichtkunst vor die deutschen (Ensayo de un arte poética crítica para los alemanes), 1730. Esa renovación la llevó a cabo en la práctica con su tragedia Der sterbende Cato (Catón moribundo), 1732, obra muy representada. Entre sus seguidores se cuenta su mujer, Luise Adelgunde Victorie Kulmus, que pretendió hacer en la comedia lo que Gottsched hizo en la tragedia. Entre otras obras destacan Pietisterey im Fischbein-Rocke (Beaterías con faldas de ballena), 1736, muy polémica, censurada y prohibida, y calificada de «injuriosa y atea» por Federico Guillermo II, pero muy estimada por Gottsched.
Lessing reprocha a estos dramaturgos la excesiva dependencia de los teatros extranjeros y defiende la creación de un teatro nacional alemán. Este y otros autores, apoyados por estamentos oficiales, contribuyeron al nacimiento de un teatro que se caracterizó sobre todo por su crítica social. Pero Lessing no se encuentra solo, aunque sus obras sean relevantes: Minna von Barnhelm (1767), Emilia Galotti (1772) y Nathan der Weise (Natán el Sabio), 1779. También hay que contar en esta línea de crítica social a Schiller: Die Räuber (Los bandidos), 1781, Kabale und Liebe (Intriga y amor), 1784; Goethe: Götz von Berlichingen (1771-1773). Pero sobre todo a Jacob Michael Reinhold Lenz (1751-1792), autor de Der Hofmeister (El preceptor), 1774, y Die Soldaten (Los soldados), 1776, que es quien se atreve a rebelarse contra las rígidas normas establecidas por Gottsched, mezclando lo trágico con lo cómico, lo serio con lo satírico. También reaccionaron contra las normas que pretendía establecer Gottsched, el suizo Jakob Bodmer (1698-1783) y los hermanos Johann Elias (1719-1749) y Johann Adolf Schlegel (1721-1793).
Los temas sometidos a crítica son, fundamentalmente, las relaciones familiares entre padres e hijos, entre marido y mujer, como sucede en Die Räuber, de Schiller, y Die Zwillinge (Los gemelos), 1776, de Klinger.
Por lo que respecta a la novela, cabe decir algo parecido a lo dicho sobre el teatro. Menospreciada a principios del xviii, los ilustrados vieron en ella grandes posibilidades, pero para ello debería experimentar cambios notables. Tenía que romper las ataduras con las literaturas extranjeras y hacer héroe de las narraciones a personajes cotidianos de la vida nacional. Después de una etapa en que las imitaciones de la novelística inglesa y francesa e incluso española, serían muy claras, por parte de Christoph Martín Wieland (1732-1813), Christian Fürchtegott Gellert (1715-1769) y Sophie von La Roche (1739-1807), se da por iniciada la novela burguesa alemana con la aparición de Leiden des jungen Werthers (Desventuras del joven Werther), 1774, de Goethe. En su protagonista, burgués e insatisfecho, que termina suicidándose, se ha visto un gran parecido con algunos héroes de los dramas o tragedias burgueses de la misma época. La forma autobiográfica del Werther, así como la de las Confesiones, de Rousseau, ejercería una gran influencia en otros autores y obras, por ejemplo en Anton Reiser (1785-1790), de Karl Philip Moritz (1756-1793).
Lo que caracteriza a la poesía de la época es la variedad, tanto en el contenido como en la expresión. Pero quizá lo más relevante sea la enorme presencia del yo lírico. Ejemplo de poesía que canta al amor y a la naturaleza lo tenemos en Goethe. Pero al lado de esta hay también una poesía de crítica social, muy emparentada con el teatro y la novela que antes hemos señalado. Se pretendía crear una poesía popular y nacional, tanto en los temas como en las formas. Y a ello contribuyeron Bürger, Goethe, Herder (1744-1803), Christian Friedrich Daniel Schubart (1739-1791) y Johann Heinrich Voss (1751-1826).
La fábula, que había sido olvidada y desprestigiada, conoció un gran resurgimiento gracias a su brevedad y carácter didáctico. Lessing no solo recopiló y escribió fábulas, sino que también teorizó sobre ellas. Muy variadas en cuanto a su forma, temática y extensión, se caracterizan por tener un sentido moralizador, que luego será de crítica social y finalmente política. Sus cultivadores son Ch. Fürchtegott G., fabulista moralizador en Fabeln und Erzählungen (Fábulas y relatos), 1746-1748, y novelista en Das Leben der schwedischen Gräfin von G*** (La vida de la condesa sueca de G***), 1747; y Lessing.
Siguiendo los consejos de este último se cultivó un tipo de literatura amena, fácil, moralizadora, por lo que se puede decir que en esta época surgió la literatura infantil. De entre esos autores sobresale Joachim Heinrich Campe (1756-1818), por el gran número de escritos de carácter teórico: Allgemeine Revision des gesamten Schul- und Erziehungswesens (Revisión general del sistema escolar y educativo en su totalidad), 1785-1792. Entre sus seguidores, autores de éxito, se cuentan Johann Bernhard Basedow (1724-1790) y Christian Felix Weisse (1726-1804).
Siguiendo a Heine, se ha llamado Kunstperiode o periodo artístico a la época que va desde la Revolución francesa (1789) hasta la muerte de Goethe (1832). Esta época está dominada esencialmente por dicho autor y otros también muy significativos y se debate entre el clasicismo y el Romanticismo. Es una época en la que el arte y el artista se elevan por encima de la vida.
La Revolución francesa tuvo repercusiones en la literatura que se pueden reducir a las siguientes: la clásica, representada por Goethe y Schiller, opuestos a la Revolución; la romántica, de los hermanos Schlegel y Novalis, también contrarios a la Revolución, pero que se apartaban de los clásicos sobre todo en su oposición a la literatura ilustrada. Sin embargo, hubo un grupo de escritores llamados jacobinos, por su similitud con los revolucionarios de posturas radicales, que pretendían cambios importantes en la literatura y en la vida de Alemania, partidarios por tanto de la Revolución. La politización y el sentimiento popular son lo más característico de ellos.
No fue ajena a la corriente clasicista la influencia que ejerció el arqueólogo e historiador del arte Johann Joachim Winckelmann (1717-1768) con sus obras Gedanken über die Nachahmung der griechischen Werke in der Malerei und Bildhauerkunst(Reflexiones sobre la imitación de las obras pictóricas y escultóricas griegas), 1755, en la que defendió «la noble sencillez y serena grandeza», como ideal artístico; Anmerkungen über die Baukunstder Alten (Observaciones sobre la arquitectura de los antiguos), 1764; Geschichte der Kunst des Altertums (Historia del arte de la Antigüedad), 1764. Este interés se hizo extensivo al mundo clásico y se aprecia sobre todo en autores como Goethe y Lessing.
La figura más destacada de este periodo, y tal vez de toda la literatura alemana, es Johann Wolfgang Goethe (1749-1832), que, invitado por el duque de Sajonia-Weimar, vivió allí largo tiempo, ocupándose de numerosas y variadas tareas: consejero, director de teatro, comisión de minas, etc. Allí escribió y estrenó Iphigenie auf Tauris (Ifigenia en Táuride: 1.ª versión, en prosa, 1779; 2.ª versión, en verso blanco, 1780; 3.ª versión, en yambos, 1786), en la que trata el mito, desprovisto de barbarie y crueldad. De esta época son también Egmont (1787) y Tasso (1790), dramas dedicados a un personaje político y literario, respectivamente, y en las que deja entrever algunas de sus preocupaciones. Ante la Revolución francesa no permaneció indiferente, de tal modo que no solo escribió obras relacionadas con ella como la tragedia Hermann und Dorotea (1797), sino que incluso tomó parte en la guerra como soldado (1792). Relacionadas con estos hechos escribirá tiempo después algunas obras. Con la llegada de Schiller a Weimar, surge la amistad entre ambos, y esa relación amistosa dará como fruto la novela de Goethe Wilhelm Meisters Lehrjahre (Años de aprendizaje de Guillermo Meister), 1794-1796, y su colaboración conjunta en las publicaciones periódicas Die Horen (Las horas) y Die Xenien (Las xenias). También son fruto de la colaboración numerosos epigramas y baladas.
La otra gran figura de la época y de la literatura alemana, muy unida a Goethe tanto por razones de amistad como literarias, es Johann Christoph Friedrich von Schiller (1759-1805). Durante su estancia en Weimar llevó a cabo una importante producción dramática relacionada con temas y personajes históricos: Wallenstein (1798-1799), Maria Stuart (1800), Die Jungfrauvon Orleans (La doncella de Orleans), 1801, todas ellas situadas en épocas pretéritas. Wilhelm Tell (Guillermo Tell), 1804, centrada en la lucha de Suiza por su libertad.
De la época del llamado periodo artístico es también el Romanticismo, caracterizado por su espíritu renovador, su admiración por la Edad Media y la importancia que concede a los sentimientos. Su florecimiento no se limita a una ciudad o centro, sino que se dan diferentes círculos en numerosas ciudades y son muchos los autores considerados románticos. Entre otros caracteres comunes, los románticos comparten su admiración por la mitología, aprecio de lo inconsciente o irracional y valoración de lo popular, tanto canciones, como leyendas y cuentos. Y sobre todo un afán de libertad para el individuo, pero especialmente para el artista, cuya fantasía no se verá sometida a ninguna norma ni regla. Se considera pioneros del Romanticismo a Friedrich von Schlegel (1772-1829) y August Wilhelm Schlegel (1767-1845), teorizadores que además llevaron a la práctica, a veces con polémica, sus ideas románticas. Del primero son Fragmente e Ideen y Lucinde (1799), novela. Del segundo Über schöne Literatur und Kunst (Sobre literatura y arte), 1802-1804, y Über dramatische Kunst und Literatur (Sobre arte dramático y literatura), 1808. Otro autor que se convirtió en legendario, debido a su temprana muerte, fue Novalis, pseudónimo de Friedrich von Hardenberg (1772-1801), que escribió las novelas Die Lehrlinge zu Sais (Los discípulos en Sais), 1798-1800, a la que se refiere Hoffmann en El enemigo de la música, y Heinrich von Ofterdingen (1802), inconclusa, cuyo protagonista es uno de los maestros cantores, que también aparece en un cuento de Hoffmann; y la obra poética Hymnen an die Nacht (Himnos a la noche), 1800. Ludwig Tieck (1773-1853) fue un romántico muy prolífico que cultivó diversos géneros: Die Geschichte des Herrn William Lovell (La historia del señor W. L.), 1795-1786, Franz-Sternbalds Wanderungen (Las peregrinaciones de Franz Sternbald), 1798, y Der junge Tischlermeister (El joven ebanista), 1836, novelas; Der gestiefelte Kater (El gato con botas), 1797, teatro; Blonder Eckbert (E. el rubio), 1796, Der Runenberg (La montaña de las runas), 1802, Der getreue Eckart (E. el fiel) y Tannhäuser, cuentos fantásticos.
La atención que se dedica a la infancia, así como una predilección por lo popular, tiene entre otras consecuencias el desarrollo de una literatura infantil, que se manifiesta en la nueva elaboración o recopilación de cuentos o leyendas. Prueba de esto son Volkslieder (Canciones populares), 1778-1779, de Herder; Dschinistan (1786-1789), de Christoph Martin Wieland (1733-1813); Märchen (Leyendas), 1795, de Goethe; Volksmärchen der deutschen (Cuentos populares alemanes), 1787, de Johann Karl August Musäus (1735-1787); Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico del muchacho), 1806-1808, recopilación de canciones antiguas e infantiles que llevaron a cabo Achim von Arnim (1781-1831) y Clemens von Brentano (1778-1842); Kinder-und Hausmärchen (Cuentos para la infancia y el hogar), 1812, y Deutsche Sagen (Leyendas alemanas), 1816, de los hermanos Grimm. Además surge un gran número de mujeres que se dan a conocer como escritoras y que intentan seguir los pasos de la iniciadora, Sophie von La Roche, autora de Die Geschichte des Fräulein von Sternheim (La historia de la señorita von St.), 1771, novela epistolar.
Hubo además otras mujeres relacionadas con grandes escritores, pero esa relación no las favoreció y se vieron obligadas a permanecer en la sombra, limitándose a ser colaboradoras o a publicar sus obras bajo pseudónimo. De entre ellas debemos citar a Dorothea Veit (1763-1839), hija de Moses Mendelssohn y casada con Friedrich Schlegel, autora de la novela Florentin (1801); Sophie Mereau (1770-1806), casada durante algún tiempo con Schiller; Caroline von Günderode (1780-1806), poetisa a quien se debe Gedichte und Phantasien (Poemas y fantasías), 1804, y Poetische Fragmente (Fragmentos poéticos), 1805.
Los jacobinos, a los que ya nos hemos referido, son un grupo de escritores que ponen la literatura al servicio de una ideología y que se muestran simpatizantes o defensores de las ideas revolucionarias. Están muy relacionados con la breve república de Maguncia, que dio origen a una literatura política, de viajes y a la novela satírica. Ejemplos de ello son Johann Georg Adam Forster (1754-1794), partidario de la Revolución francesa, que escribió Ansichten vom Niederrhein (Vistas del Bajo Rin), 1791-1794, y Joachim Heinrich Campe (1746-1818), autor de una adaptación del Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, titulada Robinson der Jüngere (El nuevo Robinson), 1779. También hubo una lírica política, cuyo representante más destacado fue Friedrich Gottlieb Klopstock (1724-1803). Muestra de esa lírica patriótica es la obra de este autor Mein Vaterland (Mi patria), 1768. Pero Klopstock se ha hecho famoso, aunque no siempre haya sido muy leído, sobre todo por sus Oden (Odas), 1771, y Der Messias (El Mesías), 1748-1773, poema épico de carácter religioso, en el que destaca su optimismo frente a otras obras similares que trataron el mismo tema.
Coetáneos de clasicistas, románticos y jacobinos, pero independientes en su trayectoria, son Jean Paul, Kleist y Hölderlin.
Jean Paul, cuyo verdadero nombre era Johann Paul Friedrich Richter (1763-1825), de ideas republicanas, estuvo más próximo a románticos y jacobinos que a clasicistas. Autor de novelas: Hesperus (1795), en la que aparece un mundo de ensueño con figuras de muy diferente identidad; Titan (1800-1803), inspirada en la visita a Goethe y Schiller, refleja muy bien la postura del autor frente al clasicismo y al Romanticismo, contra los que arremete; Die unsichtbare Loge (La logia invisible), 1793; Flegeljahre (Años inmaduros), 1804-1805; y de una obra teórica: Vorschule der Ästhetik (Introducción a la estética), 1804.
Heinrich von Kleist (1777-1811), de vida atormentada, terminó suicidándose. Fundó varias revistas, que tuvieron escasa difusión y corta vida. Tampoco tuvo éxito su teatro, apenas representado: Die Familie Schrofenstein (1803), Der zerbrochene Krug (El cántaro roto), 1805-1806, Penthesilea (1807), Kätchen von Heilbronn (Catalina de Heilbronn), 1807, obra muy apreciada por Hoffmann, que preparaba su representación cuando se suicidó el autor; Der Prinz Friedrich von Homburg (El príncipe Federico de Homburg), 1809-1811, Hermannschlacht (La batalla de Hermann), 1808. Sin embargo, sí han merecido la atención incluso de críticos actuales y de directores de cine sus narraciones, en las que aborda temas como la violencia, la sexualidad, etc.: Michael Kohlhaas (1808), Die Marquise von O... (1808), Der Findling (El expósito), Der Zweikampf (El duelo), Das Erdbeben in Chili (El terremoto de Chile) y Die Verlobung in Santo Domingo (Esponsales en Santo Domingo).
Johann Christian Friedrich Hölderlin (1770-1843) cultivó diversos géneros: lírica, dramática y narrativa, en los que demostró sus dos grandes admiraciones, por Grecia y por la Revolución francesa. Es autor de una amplia obra poética, y de Hyperion (1797-1799), novela epistolar en la que compara el mundo actual, empobrecido espiritualmente, con el mundo clásico; y Empedokles (h. 1799), drama que tiene bastante en común por sus ideas con la anterior. Pero la obra de Hölderlin más valorada son sus poesías líricas, llenas de ritmo, emoción y sonoridad, aunque a veces con un lenguaje oscuro: Menschenbeifall (Aplauso humano),Hyperions Schicksalslied (Canto del destino de Hiperión) y odas y elegías.
El movimiento romántico fue evolucionando hacia lo que se llama romanticismo tardío, caracterizado por su predilección hacia lo misterioso, lo oculto, lo siniestro, y entre sus autores se incluye a E. T. A. Hoffmann, Adelbert von Chamisso (1781-1838), de origen francés, y Joseph von Eichendorff (1788-1857). No hablaremos del primero, puesto que a él está dedicado el siguiente apartado de esta Introducción. Chamisso tiene en común con Hoffmann, con el que compartió tertulia, el interés por el tema de la alucinación o falta de identidad, que trata en su novela Peter Schlemihls wundersame Geschichte (La historia maravillosa de Peter Schlemihl), 1814, cuyo protagonista vende su sombra. Eichendorff muestra su preocupación por la armonía tanto en su obra lírica como en la narrativa. Esta última está compuesta por los siguientes títulos: Ahnung und Gegenwart (Presentimiento y presente), 1815, Das Marmorbild (La estatua de mármol), 1819, y Aus dem Leben eines Taugenichts (La vida de un tunante), 1826, novela corta de forma autobiográfica.
Goethe, que vivió hasta bien entrado el siglo XIX, pudo reflexionar sobre su obra anterior y volver sobre alguna escrita anteriormente. A esta época, llamada posclasicista, pertenece Die Wilhelm Meisters Wanderjahre (Los años de peregrinaje de Guillermo Meister), 1821, nueva versión ampliada de Wilhelm Meister. De 1809 es Wilhelm Meister. Die Wahlverwandschaften (Guillermo Meister. Las afinidades electivas), ideada en principio para que formara parte de Die Wanderjahre, tiene como tema fundamental la renuncia, aunque también se tratan cuestiones relacionadas con las ciencias naturales. Pero la obra cumbre de Goethe, no solo de esta época, sino de toda su producción literaria, es Faust. A él dedicó más de 50 años. De esta obra ya habían aparecido el Urfaust (Fausto primitivo). Después Faust. Ein Fragment (Fausto. Un fragmento), 1790. Tras un paréntesis, aparece la que se considera 1.ª parte definitiva, Faust, derTragödie erster Teil (Fausto, primera parte de la tragedia), 1790. Otro paréntesis prolongado y escribirá la llamada 2.ª parte, que terminará poco antes de su muerte, pero aparecerá con su obra póstuma: Faust, der Tragödie zweiter Teil(Fausto,segunda parte de la tragedia). El personaje, tomado de la tradición, y tratado por numerosos autores, ha dado origen a una obra que se presta a múltiples controversias e interpretaciones, por lo que respecta a su contenido, ideas, intencionalidad, género literario, etcétera.
El autor y su obra
Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, personalidad polifacética, ya que no solo fue escritor, sino también músico, pintor, dibujante y caricaturista, nació el 24 de enero de 1776 en Königsberg. Esta ciudad, a orillas del río Pregel, pertenecía entonces a la Prusia Oriental. Ocupada por los franceses en 1807, se hizo famosa por otro de sus hijos, el filósofo I. Kant, que ejerció la docencia en su universidad, fundada en 1554. En la Segunda Guerra Mundial se incorporó a la URSS, que en 1946 le dio el nombre de Kaliningrado. Tercer hijo del matrimonio compuesto por Christoph Ludwig Hoffmann (1736-1797), procurador del Tribunal de la Corte Prusiana y su prima Louise Albertine Doerffer (1748-1796). Su nacimiento tiene algo en común con lo que él nos dice sobre uno de sus personajes: Johannes Kreisler. Al separarse sus padres (1778), nuestro autor se va con la madre, que regresa al domicilio materno, donde viven Sophie Louise Doerffer, abuela de Hoffmann; sus tías, Johanna Sophie Doerffer (1745-1803) y Charlotte Wilhelmine, muerta en 1779 a los 24 años, a la que él llama Tante Füsschen («tía piececitos»); y su tío Otto Wilhelm Doerffer, jurista y gran amante de la música. Además, en la casa de arriba vive la madre de Zacharias Werner, que está loca. En 1782 inicia su asistencia a la Escuela Reformista de Königsberg, donde conocerá a Theodor Gottlieb von Hippel (1775-1843), con el que entablará una amistad que durará toda la vida, aunque en algunas épocas hubiese cierto distanciamiento entre ambos. Empieza a recibir enseñanza musical de su tío Otto, que semanalmente daba conciertos en su casa, mostrando su predilección por Bach, hijo, y Wolf. Esa enseñanza será continuada después por el organista Podbiesky, a quien se referirá al hacer la biografía de Kreisler en Lebens-Ansichten des Katers Murr (Opiniones del gato Murr), 1820-1822; y también fueron sus maestros C. G. Richter y C. O. Gladau. Al mismo tiempo recibe lecciones del pintor Saemann. Su afición temprana a la lectura le lleva a familiarizarse con diversos autores que ejercerán una decisiva influencia en su obra, tanto alemanes (Schiller, Goethe), como británicos (Swift, Sterne y Shakespeare). Tampoco le fue ajeno Cervantes, especialmente sus Novelas ejemplares.
Ingresa en la Universidad de Königsberg (1792), llamada la «Albertina», para estudiar Derecho, y lee a Rousseau.
Su primer gran amor será una discípula suya, Dora Hatt (1766-1803), mujer casada, con varios hijos, bastante mayor que él y que parece no le correspondió en un primer momento. Estos amores, idealizados, aparecen en Das Majorat (El mayorazgo), 1817. A veces la llama Innamorata y Cora, personaje de La sacerdotisa del sol, de A. F. Kotzebue. Por entonces ya es Mozart su músico preferido y entre las obras de este, Don Juan, a la que llamará la «ópera de las óperas». Escribe una novela titulada Cornaro, que ofreció en vano a una editorial. Corre el año 1796 cuando lee por primera vez Don Carlos, de Schiller, en la que encuentra una gran relación con su vida, lo que le llevará a leerla por lo menos seis veces. En junio de ese mismo año viaja a Glogau, donde visita la iglesia de los jesuitas y conoce al pintor Molinari, a quien ayuda a pintar la iglesia y que le servirá de modelo para Die Jesuitenkirche in G. (La iglesia delos jesuitas de G.), 1817. Al año siguiente se interrumpe su amistad con Dora. Después de romper con ella (1798), se promete con su prima Sophie Wilhelmine Constantine Doerffer, «Minna». Al ser nombrado su tío Johann Ludwig Doerffer, padre de Minna, consejero del Tribunal Supremo de Berlín, se traslada con él a esta ciudad, desde donde escribe entusiasmado a Hippel. Allí conoce al cantante Franz von Holbein (1779-1855), al director de orquesta Bernhard Anselm Weber (1766-1821) y al actor Johann Friedrich Fleck. Además, durante su estancia en Berlín recibe clases de música de Johann Friedrich Reichardt (1752-1814). En marzo de 1800 es nombrado asesor de la Corte Suprema en Posen, territorios incorporados a Prusia como consecuencia del reparto de Polonia. Allí conoce a Marianna Tecla Michaelina Rorer, a la que llama Mischa (1781-1859). Después de romper con Minna Doerffer (1802), contrae matrimonio con Mischa el 26 de junio de 1802 en la iglesia del Corpus Christi de Posen. En Berlín había empezado a componer canciones para guitarra e intentó sin éxito estrenar la opereta Die Maske (La máscara). Le fue mejor con Scherz, List und Rache (Broma, astucia y venganza), 1801, inspirada en Goethe y juzgada favorablemente por Reichardt. Dio a conocer unas caricaturas, en las que ridiculizaba a varias personalidades conocidas, entre ellas a militares prusianos. Como castigo, será destituido y trasladado a Plock, un pueblo a orillas del Vístula, pequeño, aburrido, sin vida cultural ni artística. Para combatir el aburrimiento se refugiaba en la música y empezó a escribir un diario. Consigue, gracias a su amigo Hippel, el traslado a Varsovia, donde se siente entusiasmado. Allí conoce a Julius Itzig (Hitzig desde 1809), quien le presta las obras de Calderón de la Barca, traducidas por los hermanos Schlegel, y le familiariza con Tieck, Novalis y Fichte. Este amigo será, además, su primer biógrafo. Parece que de un año antes es su primer escrito impreso, Schreiben eines Klostergeistlichen an seinen Freund in der Hauptstadt (Escrito de un monje a un amigo de la capital), 1803. Al mismo tiempo que trabaja en la opereta Die lustigen Musikanten (Los divertidos músicos callejeros), inspirada en Clemens von Brentano y estrenada en 1805, lee Las confesiones, de J. J. Rousseau, tal vez por trigésima vez. Es por entonces cuando se llama por primera vez E. T. A. Hoffmann, ya que cambia su tercer nombre, Wilhelm, por Amadeus, como muestra de su admiración por Wolfgang Amadeus Mozart. En julio nace su única hija, a quien llama Cecilia, en honor de la patrona de la música. Todo parece marchar bien, hasta que el 28 de noviembre de 1806 los franceses invaden la ciudad. Se queda sin empleo y abandona Varsovia, porque no quiere acatar la autoridad de Napoleón. Se marcha a Berlín, mientras que su familia se queda en Posen, donde muere Cecilia (1807). En Berlín se dedica a componer música y a dibujar, esperando con ello superar las dificultades económicas. Pero la situación era bastante difícil. Recibe la ayuda de sus amigos Hippel y Hitzig y traba amistad con Fichte, Friedrich Schleiermacher y Chamisso. Después de componer Liebe und Eifersucht (Amor y celos), inspirada en Calderón, y Die Schärpe und die Blume (La banda y la flor), es invitado a dirigir el teatro de Bamberg, ciudad gótica y episcopal a orillas del Meno. Goza de gran tranquilidad dando clases de canto a cinco condesas y también a Julia Mark, esposa del cónsul de Estados Unidos. En Bamberg conoce al que será su amigo y editor, Carl Friedrich Kunz, comerciante de vinos, persona muy culta, quien posee una gran biblioteca. Allí se quedó durante varios años ejerciendo como compositor, director de orquesta y de teatro. Se enamora de su alumna Julia Mark o Marc, de 13 años. Estos amores aparecerán en Nachricht von den neuesten Schicksalen des Hundes Berganza (Noticia del nuevo destino del perro Berganza). Las proposiciones de Hoffmann son rechazadas al principio por Julia, que incluso sentía temor ante él. Pero pronto ese temor se cambia en admiración y se convierte en su amada ideal. Tanto en el diario de Julia como en el de Hoffmann hay continuas referencias a ese amor durante los años 1810, 1811 y 1812. Él se refiere a ella llamándola Kätchen, nombre tomado de la obra Kätchen von Heilbronn, de Heinrich von Kleist, que pensaba estrenar. Quedó muy impresionado por el suicidio de su autor. En 1812 se cambia definitivamente su tercer nombre, Wilhelm, por el de Amadeus. En este mismo año se produce la interrupción de las clases, el compromiso matrimonial de Julia y su matrimonio con Graepel. La separación será definitiva. Empieza su labor literaria con la publicación de Ritter Gluck (El caballero Gluck), 1809. Son años de una gran actividad, tanto musical como literaria. Al relato antes citado le siguen varios volúmenes de Kreisleriana. Se trata de una colección de escritos variados que tienen en común el argumento musical, atribuidos a Johannes Kreisler, y entre los que hay divagaciones, fantasías y consideraciones preferentemente satíricas. Se siente atraído por la medicina y la psiquiatría y algunas tendencias de moda entonces, como el mesmerismo y el magnetismo. En ello influyó bastante su trato con Adalbert-Friedrich Marcus y con el Dr. Friedrich Speyer. En 1813 publica Don Juan, relato en el que se entremezclan elementos autobiográficos con la ficción. En ese mismo año es nombrado director de teatro de Leipzig. Pero la guerra entre Prusia y Francia, y más concretamente la batalla de Dresde, hace difícil su incorporación y su labor como director. Sus experiencias de la guerra en esta ciudad alemana, llamada la «Florencia del Norte», las reflejará en un escrito titulado Die Vision auf dem Schlachtfelde bei Dresden (Visión del campo de batalla en Dresde). En los años siguientes publica Fantasiestücke in Callots Manier (Fantasías a la manera de Callot), 1814-1815, con prólogo de Jean Paul, que le consigue su editor Kunz. Por consejo de Hippel regresa a Berlín para dedicarse a la asesoría jurídica. Allí se relaciona con Chamisso, Tieck, Fouqué, Contessa, con quienes se reúne en el café Manderlée. Conoce a Eichendorff. Publica Die Fermate (La fermata), 1815, relato en el que se mezcla lo pictórico y lo musical. Aparece Die Elixiere des Teufels (Los elixires del diablo), 1815-1816, considerada una novela sobre la locura y especialmente sobre la esquizofrenia. Para escribirla se documentó con sus amigos médicos y con visitas al manicomio de Sankt Getreu. Publica su obra predilecta, Der goldne Topf (El puchero de oro), tal vez su cuento más famoso y el mejor, Nussknacker und Mausekönig (El cascanueces y el rey de los ratones), 1816. Desde que llegó a Berlín en 1814 se reunía con un grupo de amigos: Theodor Gottlieb von Hippel, el barón Friedrich de la Motte Fouqué, a quien se le llama Lothar; Carl Wilhelm Salice-Contessa, que aparece como Silvestre; Ludwig Robert; Julius Eduard Hitzig, que es Ottmar; Adelbert von Chamisso, a quien se le da el nombre de Cyprian; David Ferdinand Koreff, que es a veces Vinzenz y a veces Dr. K. Estos formaban lo que primero se llamó orden serafina y más tarde Hermanos de San Serapión. Se llamó orden serafina o seráfica porque se constituyó el 12 de octubre de 1814, festividad de san Serafín de Montegranaro (Montegranaro, 1540-Ascoli Piceno, 1604), capuchino italiano. Esta orden existió durante casi dos años y se disolvió en la segunda mitad de 1816. La restauración se produjo a finales del otoño de 1818, pero entonces pasó a llamarse orden de San Serapión, porque las tertulias se reanudaron en la festividad de este santo, asceta y mártir egipcio del siglo IV, cuando se produjo la vuelta de Chamisso de un viaje alrededor del mundo. Hoffmann aparece con el nombre de Theodor. Por eso mismo el ciclo narrativo que se iba a titular Die Seraphinenbrüder (Los hermanos de San Serafín) pasó a titularse Die Serapionsbrüder (Los hermanos de San Serapión). Estos años en Berlín, como los anteriores en Bamberg, Dresde y Leipzig, son de una gran actividad literaria. No obstante sigue intentando triunfar como músico. Por fin, en 1816, consigue ver estrenada su ópera Undine (Ondina), con texto de La Motte-Fouqué. Entre 1816 y 1817 se publicaron las dos partes de Nachtstücke (Cuadros nocturnos). Están compuestos por una serie de cuentos o relatos en los que predomina un carácter estremecedor, misterioso y siniestro. De este último año es Rat Krespel (El consejero Krespel), cuyo contenido fundamental es el efecto de la música sobre una enferma. Se ha querido identificar a su protagonista, Krespel, con Koreff. También por entonces publicó Der Kampf der Sänger (La contienda de los cantores), cuento trovadoresco. Entre 1819 y 1821 se editó Die Serapions-Brüder, que recoge una serie de relatos aparecidos ya: Das Fräulein von Scuderi (La señorita de Scuderi), Meister Martin der Küfner (Maese Martín el tonelero), Die Bergwerke zu Falun (Las minas de Falun), Rat Krespel y Nussknacker und Mausekönig. De los últimos años de su vida son Prinzessin Brambilla (La princesa Brambilla), 1821, inspirada por los grabados de Callot y la comedia del arte, muy elogiada por Heinrich Heine y Charles Baudelaire; Meister Floh (Maese Pulga),