La última tarde - Joel Calero - E-Book

La última tarde E-Book

Joel Calero

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Beschreibung

Diecinueve años después, el reencuentro de una pareja se lleva a cabo en Lima para concretar una separación. Marcados por el desamor y asuntos del pasado, aún sin resolver, Laura y Ramón son protagonistas de una historia de violencia. Entre la confrontación de las memorias y su reconciliación, el director y guionista Joel Calero relata con La última tarde una lectura alternativa sobre el olvido y el perdón en una sociedad en busca de respuestas. Esta publicación invita al lector a conocer el guion de la película que obtuvo el premio a Mejor Director en el 32º Festival Internacional de Cine en Guadalajara (2016). Además incluye el prólogo de la guionista Paz Alicia Garciadiego, apuntes del director, comentarios sobre la película y fotogramas.

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Seitenzahl: 123

Veröffentlichungsjahr: 2024

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©Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)

Primera publicación: octubre de 2017

Autor: Joel Calero

Editora: Diana Félix

Correctora de estilo: Isabel Domínguez

Diseño de cubierta: Martha Rechkemmer

Diagramación: Martha Rechkemmer

Diseño de arte de anteportada: NOWALS

Editor del proyecto editorial

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas S. A. C.

Av. Alonso de Molina 1611, Lima 33 (Perú)

Teléf: 313-3333

www.upc.edu.pe

Primera edición: octubre de 2017

Versión ebook 2017Digitalizado y Distribuido por Saxo.com Perú S.A.C.http://yopublico.saxo.comTelf: 51-1-221-9998Dirección: Calle Dos de Mayo 534 Of. 304,Miraflores Lima-Perú

BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ

Centro Bibliográfico Nacional

791.430985

Calero, Joel, 1968-

C23

La última tarde : guion cinematográfico / Joel Calero.-- 1a ed.-- Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, 2017

(Lima : Dosmasuno).

145 p. : il. col., retrs. ; 22 cm.

D.L. 2017-11200

ISBN de la versión impresa: 978-612-318-109-3

ISBN de la versión PDF: 978-612-318-113-0

ISBN de las versiones epub y mobi: 978-612-318-114-7

1. La última tarde (Película cinematográfica) 2. Películas cinematográficas - Perú 3. Guiones cinematográficos - Perú I. Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas II. Título

BNP: 2017-2711

DOI: http://dx.doi.org/10.19083/978-612-318-109-3

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo, por escrito, de la editorial.

El contenido de este libro es responsabilidad del autor y no refleja necesariamente la opinión de los editores.

Para Mavilo, por supuesto

ÍNDICE

Agradecimientos

Prólogo

Guion

Apuntes del director

Resonancias

Fotogramas de la película

Fotografía: Angello Cueva

Joel Calero es guionista, director y productor de sus dos largometrajes. Cielo Oscuro (2012) obtuvo el premio a Mejor Opera Prima Peruana en el 16° Festival de Cine de Lima y representó al Perú en la preselección de los Premios Goya de España. La última tarde (2016) obtuvo el premio a Mejor Director en el 32° Festival Internacional de Cine en Guadalajara, luego de haber obtenido el premio a Mejor Actriz (Punta del Este), Mejor Actor (Lima), Premio de la Juventud (Valladolid) y Premio del público (Lima). Actualmente, desarrolla La piel más temida que obtuvo la beca del XIV Curso de Desarrollo de Proyectos Cinematogr á ficos Iberoamericanos (Madrid).

ORCID: 0000-0002-3582-8575

AGRADECIMIENTO

Los agradecimientos en un filme suelen ser kilométricos:

A Sole, Santiago y Matías por, literalmente, todo.

A Carolina Herrera por su compromiso leal desde el inicio.

A Paz Alicia Garciadiego y Marcelo Figueras por su comprometida inteligencia en las sucesivas reescrituras del guion.

A Katerina y Lucho por soportar mis, a veces, desmesuradas exigencias.

A papá, mamá, Noli, Mavilo, Diana, Valentina, Fernando, Nati y Graciela por estar siempre pendientes.

Al Curso de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos Iberoamericanos porque, hasta ahora, la cocina siempre ha empezado allí.

Y a cada uno de los miembros del equipo técnico y artístico que se dieron íntegros en esta película.

PRÓLOGO

Dice una canción del mexicano José José, El amor acaba. El pesimismo es habitual en los boleros; el realismo no. El bolero generalmente reniega de las obviedades del mundo real, empero esta canción nos dice lo que todos sabemos: el amor acaba.

El fin de una pareja es casi ineludible; por ello, todos nos hemos planteado cómo sería el reencuentro con ese otro que una vez nos hizo vibrar, con ese amor apagado y olvidado. Y constatar con tristeza que el recuerdo de ese otro, que alguna vez creímos imborrable, se diluye en el tiempo, porque afortunadamente no hay nadie inolvidable. Los rostros, los gestos, las voces, los amores, todo se diluye en el torrente del olvido.

Por ello, cuando el guion de Joel Calero cayó en mis manos supe que el tema –el final de una pareja– me interesaba. Más aún: me movía y me conmovía. Hablaba de amores, de finales y de épocas revolucionarias. Las tres cosas me habían tocado en primera persona. Y, tal vez por eso mismo, me preocupaba.

Pensé: ella, la burguesita; él, el revolucionario. El fantasma del lugar común revoloteaba sobre ellos como torva ave de mal agüero. El punto de partida de la situación lo hacía blanco de simplificaciones empobrecedoras. El cariz político del reencuentro podía convertir a sus protagonistas en emblemas del Perú y de América Latina: la niña bien y el guerrillero, que tanto se han prestado para la evocación nostálgica y para la simplificación.

… Ay, los enormes daños del cliché…

El peligro del cartabón acechaba a cada instante, porque siempre es más fácil tener la consabida respuesta en la punta de la lengua, que indagar en busca de una respuesta propia. Los clichés no son más que respuestas universales a situaciones particulares. El catecismo, su catecismo perdura, porque nos enseña las verdades inamovibles.

Claro que está óptica simplificadora habría variado a lo largo de las décadas. En los años setenta, la balanza se habría inclinado a favor de él: el guerrillero idealista; libertario ofrendado a la causa del pueblo, del proletariado, de la clase obrera o de cualquier causa que se escribiera con mayúscula, con la mirada cargada de futuro (¿acaso Silvio Rodríguez en su momento no lo dictaminó así?). Por lo tanto, nuestro revolucionario estaría inefablemente obligado a abandonar a su amor burgués que lo alejaba, con sus frivolidades y demandas, de la causa. La causa siempre está o debería estar por encima de las personas. Punto y basta.

En los años noventa, la óptica permutaría y preconizaría como libertaria la causa feminista. La joven, burguesa o no, pero mujer por sobre todo, se buscaría a sí misma, a su identidad, a su individualidad para liberarse de las cadenas milenarias que la sujetan dentro de los estrechos horizontes del hogar, de lo doméstico. Porque desde la óptica feminista, la liberación de la mujer del macho opresor es prioritaria. Su opresión dura las 24 horas del día y es milenaria, mucho más antigua que la lucha de clases. El guerrillero, desde esta tesitura, lucha por la libertad de “otros” en abstracto, y resulta incapaz de entender la libertad de su pareja, esclavizándola a sus ideales. Farol de la calle y obscuridad en la casa, dirían las abuelas.

Ambas simplificaciones eran los peligros que colgaban como espada de Damocles sobre la empresa de Calero: su película La última tarde. Un peligro no menor. Pero Joel Calero es valiente. Sabía que los esquemas y clichés lo acechaban. Los esquivó airoso; más que airoso, triunfante.

Digo que es valiente porque para vencer las ópticas facilistas, sobadas, se necesita valor. Enfrentarse al lugar común, que por lo común es poderoso, y decirle: mis personajes son míos y no se sujetan a tus reglas. Levantar el Yo por encima del Nosotros. Espetarle a la sensatez: mis protagonistas son gentes, no emblemas. La ficción se escribe de lo particular a lo universal. Si se realiza el proceso a la inversa, lo que el guionista logra son acartonadas consignas.

Y con ese motu Calero se enfrentó a su historia y la bordó. Para ello, Joel logró construir a la pareja desde la amorosa incisión con bisturí en el corazón de los personajes. Como dice él mismo: armar una Comisión de la Verdad en el corazón de la pareja. Masticando con ellos su rabia, su rencor, su olvido, su ternura. Sin dales tregua, sin permitirles subterfugios.

Empero es una operación que tiene que realizarse desde la compasión en el sentido más cabal de la palabra. Sin juzgar, sin saber de antemano lo que van a responder. No se trata tan solo de ver desde la óptica de uno y la óptica de la otra: caer en ese falso ecumenismo. Calero logra, y lo logra con destreza, armar a sus personajes con pedazos de entrañas y de carne. Sin juicios y por lo tanto sin prejuicios. Joel traza a sus protagonistas no nada más con criterios de justeza y equidad, propios más de un tribunal judicial en donde cada uno de los implicados toma la palabra por turnos, sino a partir de una construcción interna, creativa. Por eso están vivos, palpitantes. Por eso el espectador les cree y se conmueve durante esa última tarde que comparten.

La película crea sus dos personajes desde el impulso de lo amoroso, queriéndolos, amándolos, odiándolos, para entenderlos y entender su amor, porque era indispensable la construcción primero de la historia de amor y luego la de su entorno. Por eso están vivos, palpitantes durante la última tarde que comparten.

Porque por sobre todo La última tarde es una historia de amor. De un amor sin retorno.

Y decía que Joel Calero había abordado al guerrillero y a la burguesita con compasión, esa palabra tan mal vista en español, pero tan indispensable para los que contamos historias. Por ello, uno y otra nos resultan entrañables. Sabemos que no estarán juntos nunca más. Y, como ellos, desearíamos que regresen a esa arcadia dorada de sus primeros días de amor, a sabiendas de que no lo harán, prefiriendo –también– que no lo hagan, que es mejor que cada uno siga su camino. Con la certeza triste de que al final de esa tarde se despedirán, se olvidarán y se convertirán, uno y otra, en retazos de olores, gestos, acaso alguna frase dicha alguna tarde. Luego, serán el olvido.

Pero la película es mucho más que un reencuentro, más que un retrato feroz y amoroso de dos personajes cualesquiera. Son dos personajes que responden por un Perú específico. Probablemente el inmediato antecesor del Perú de hoy, que recuerda entre brumas y marasmo la época atroz de la guerrilla, de los atentados, de la represión furiosa.

Un Perú que ha optado por olvidar, pero, al olvidar, Perú se olvida de sí mismo.

Es por ello indispensable un sacudón de la consciencia, una recuperación, aunque sea fugaz, de aquellos años, de aquella época. Una compasiva e inclemente revisión de qué hicimos los que lo hicimos. Lo necesita el Perú, como lo necesitan Ramón y Laura, para seguir adelante con sus vidas. Dándole vida a su vida, con el pasado a cuestas.

Sí, fui yo y lo hice, se dice la pareja luego del reencuentro. Sí lo hice, todos lo hicimos, se dice el Perú, luego de reencontrarse con esa época. Hacerse cargo y seguir adelante. Y Ramón y Laura se sumergirán en las dulces ciénegas del olvido. Como esos tiempos, se irán perdiendo de la memoria común, incluso entre los que fueron protagonistas de esa época aciaga.

Porque, para terminar también con una canción del mismo José José, Ya lo pasado, pasado.

Paz Alicia GarciadiegoCiudad de México, junio de 2017

Guion cinematográfico

1. INT. OFICINA DE JUEZ/JUZGADO. DÍA

Ramón (47) espera sentado en una banca de madera en una amplia y antigua oficina de un juzgado civil. Viste jeans, camisa, chompa y casaca de cuero marrón, al estilo “oenegero”. Luce impaciente, expectante.

Frente a él, un juez (55) revisa una pila de legajos. Su escritorio está lleno de fólderes, sellos y tampones, banderines institucionales diversos, una antigua computadora e impresora, etcétera. Frente a su escritorio, hay dos sillas vacías. Y, detrás, al costado de los anaqueles de metal rebosantes de archivadores, la banca donde está sentado Ramón. El juez mira su reloj.

JUEZ

Disculpe, caballero… ¿La otra parte se demora…?

RAMÓN

Espero que no… ¿Cuánto tiempo más podría esperar…?

El juez coge una hoja que está encima de la torre de legajos y la revisa.

JUEZ

Puedo esperarlos diez minutos, hasta las diez y diez… Si no, ya tendría que ser la semana entrante… Martes o miércoles que vuelvo a tener audiencias… ¿Usted podría…?

RAMÓN

Me voy a Cusco mañana…

JUEZ

¿Vacaciones…?

RAMÓN

No, vivo en Cusco…

El juez vuelve a mirar los fólderes que tiene encima de su mesa. Por un instante se interrumpe el diálogo. Sin embargo, como si se hubiera quedado pensando en lo que hablaban, retoma la conversación.

JUEZ

Mire… Incluso si la señora llega a las diez y cuarto podríamos acabar la diligencia hoy mismo para que no haya hecho su viaje en vano…

RAMÓN

Gracias…

(Mira su reloj)

Ramón asiente. El ambiente regresa al silencio inicial, pero por muy poco tiempo.

Se abre la puerta y aparece Laura, apresurada y aturdida por llegar tarde. Laura (42) es una mujer muy guapa. Viste muy moderna, con buen gusto y discreción. En el Perú, por sus rasgos físicos, su finura y su manera de vestir, se diría que es una “pituca”, aunque sin esa cierta arrogancia o displicencia que se le suele atribuir a quienes se les denomina así. Por el contrario, basta intercambiar unas pocas palabras con ella para percibirla empática y natural.

LAURA

Les pido perdón por la demora… Lo siento…

Laura camina hacia Ramón y lo saluda con un beso.

LAURA

Oye, discúlpame…

RAMÓN

No te preocupes…

Luego, avanza hacia el juez y le extiende la mano.

LAURA

Laura… Laura Gatti…

JUEZ

Encantado, señora… Tomen asiento… Y empecemos esta diligencia de una vez por todas porque si no se van a quedar sin divorciar…

Laura voltea hacia Ramón.

LAURA

(Junta las manos, suplicante)

Perdón…

JUEZ

Lo importante es que ya está aquí…

El juez mira la hora en su reloj y se dispone a empezar.

JUEZ (CONT’D)

A ver, señores… Yo tengo que salir ahora mismo, pero si seguimos todo el protocolo que –por otra parte– es necesario, nos vamos a tardar de 25 a 30 minutos y no voy a poder terminar esta diligencia… Pero si ustedes están de acuerdo yo puedo divorciarlos ya mismo sin tener que leer absolutamente nada de lo que ustedes tendrían que escuchar para darme su conformidad, punto por punto… Y asumiendo lo que está en los folios y en vista de que este es un divorcio de común acuerdo me voy a limitar a preguntar a cada una de las partes para que me ratifiquen su conformidad… ¿Están de acuerdo…?

Ramón asiente. Laura mira fijamente a Ramón, que se siente mirado y gira la cabeza hacia ella. Todo ha sido tan apresurado hasta este momento, que es el primer instante en que él y ella se miran de verdad. Hay una inesperada tensión y solemnidad en el ambiente.

JUEZ (CONT’D)

Señor Juan Ramón Medina Pérez, natural de Cusco, de 47 años, ¿está usted de acuerdo en dar por disuelto este vínculo matrimonial para todo fin y efecto…?

(Ramón asiente)

Igualmente, señora Laura Gatti Silva, natural de Lima, de 42 años, ¿está usted de acuerdo en dar por disuelto este vínculo matrimonial para todo fin y efecto…?

LAURA

Sí…

JUEZ

Entonces, no queda más que firmar a cuádruple copia y en todas las hojas correspondientes… Pero antes lo hago yo para dar plena fe y conformidad…

Para simplificar el trámite, el juez –de forma involuntaria– ha usado una formulación que evoca el protocolo verbal de los matrimonios, lo que ha distendido la tensión inicial y le ha conferido un cierto ánimo risueño a la escena.