Manual de Terapia Familiar Sistémica. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja. Tomo 3 - Roberto Pereira Tercero - E-Book

Manual de Terapia Familiar Sistémica. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja. Tomo 3 E-Book

Roberto Pereira Tercero

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Un nuevo volumen se une al Manual de Terapia Familiar Sistémica de la Escuela Vasco-Navarra de TF. Tras los dedicados a la Formación Básica, y al Experto en Intervenciones Sistémicas, llega el que ocupa el tercer año de nuestra escuela, dedicado a la formación avanzada del Psicoterapeuta Familiar y de Pareja. Se trata del final lógico de la formación, su nivel más elevado, pero también de un regreso a los orígenes, porque en el origen de la TF está la Clínica. La TF nació y creció con unos objetivos claros: tratar de resolver, de atenuar al menos, los trastornos psicopatológicos, comenzando por el más grave de todos ellos: la psicosis esquizofrénica. Es cierto que hubo otros puntos de partida, especialmente en lo relacionado con la psicopatología infantil y adolescente, pero todos ellos partían de la práctica clínica. Después, como ya sabemos y podemos leer en el segundo tomo, se abrieron los caminos del campo sociosanitario, pero sin descuidar nunca el ámbito clínico: trabajo con los trastornos mentales graves, las adicciones, los TCA, las neurosis, el duelo o la TF con niños y adolescentes. Pronto los conflictos de la pareja y sus consecuencias adquirieron autonomía propia, creando un conjunto de teorías y prácticas adaptadas a estas dificultades relacionales, hasta el punto de que los terapeutas familiares pronto adquirieron la coletilla de "y de pareja". Costó más el trabajo con los individuos, pero había que adaptarse a la demanda, por lo que comenzaron a formularse propuestas de trabajo sistémico relacional con aquellos que, por diversas razones no querían incluirla a su familia en su proceso psicoterapéutico. Así nació la Terapia Individual Sistémica. Como los anteriores volúmenes, y siguiendo los programas de formación de la EVNTF, el texto se divide en 2 Bloques, incluyendo cada uno varios capítulos. El 1º es el dedicado a la TF en la práctica clínica. El 2º comienza con la TF en la Infancia y Adolescencia, sigue con el amplio campo de la T. de Pareja, la T.I.S., continúa con las indispensables Técnicas Activas, para finalizar con la Evaluación. Como sucede con los 2 primeros tomos, los autores de este 3º son docentes de la EVNTF, en la modalidad presencial u online. Así, aunque cambien en cada capítulo, hay una coherencia en el enfoque de la docencia. Esta diversidad y especialidad buscada para cada tema, vinculada a la experiencia formativa y a la práctica clínica, es una marca de contexto que ha mantenido desde su origen la EVNTF, buscando a los mejores profesores en cada una de las materias de nuestro programa, pero manteniendo simultáneamente una homogeneidad docente. En definitiva, un gran volumen que se añade de manera admirable al Manual de TF Sistémica de la EVNTF y que, como los anteriores, puede leerse de manera independiente. Que lo disfruten.

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Roberto Pereira Tercero (Coord.)

 

 

Manual de Terapia Familiar Sistémica

 

 

TOMO 3: Psicoterapeuta Familiar y de Pareja

 

 

© 2024 Roberto Pereira Tercero (Coord.)

 

 

© Juan Martínez de la Cuadra López, Eneko Mendiluze Plaza, Juan Antonio Abeijón Merchán, Silvia Macassi Sugahara, Fina Ruiz López, Roberto Pereira Tercero, Bani Maya Morodo, Itziar Fernández Núñez, Marina Gallego Claver, Rocío González Goizueta, Dora Ortiz Muñoz, Iñaki Aramberri Miranda, Lorena Bertino Menna, José M.ª Fuentes-Pila Estrada, Nuria Valentín Hermoso de Mendoza, Garazi Rivas Campo

 

 

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

 

 

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© EDICIONES MORATA, S. L. (2024)

Comunidad de Andalucía, 59. Bloque 3, 3.º C

28231 Las Rozas (Madrid)

www.edmorata.es

Derechos reservados

ISBNpapel: 978-84-19287-76-2

ISBNebook: 978-84-19287-77-9

Depósito legal: M-9.127-2024

Compuesto por: MyP

Printed in Spain — Impreso en España

Imprime: ELECE Industrias Gráficas, S. L. (Madrid)

 

Diseño de portada por por Ana Peláez Sanz

Nota de la editorial

En Ediciones Morata estamos comprometidos con la innovación y tenemos el compromiso de ofrecer cada vez mayor número de títulos de nuestro catálogo en formato digital.

Consideramos fundamental ofrecerle un producto de calidad y que su experiencia de lectura sea agradable así como que el proceso de compra sea sencillo.

Por eso le pedimos que sea responsable, somos una editorial independiente que lleva desde 1920 en el sector y busca poder continuar su tarea en un futuro. Para ello dependemos de que gente como usted respete nuestros contenidos y haga un buen uso de los mismos.

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A todas las familias, en general, sentido y razón de estos volúmenes

 

Y a nuestras familias, en particular, soporte, pretexto y motivo de navegar estas aguas

Introducción, Roberto Pereira Tercero

Relación de autores

BLOQUE I:La Terapia Familiar en la Práctica Clínica

CAPÍTULO 1. La terapia familiar en las psicosis, Juan Martínez de la Cuadra López y Eneko Mendiluze Plaza

Introducción.—Conceptos principales.—Algunas características familiares.—Paradigma Estructural.—La triangulación.—Paradigma Comunicacional.—Paradigma Identitario.—Identidad individual.—Identidad familiar.—Identidad social.—Algunas claves de intervención familiar.—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

CAPÍTULO 2. Claves en el análisis del pensamiento sistémico sobre las adicciones, Juan Antonio Abeijón Merchán

Introducción.—Las cuatro claves de analisis.—Primera clave: las conductas adictivas (CA) desde una perspectiva sistémico relacional. La mirada del sistema.—Segunda clave: Las CA en distintos contextos. Los modelos de asistencia.—Tercera clave: Relaciones que se establecen en las CA.—Cuarta clave: Tratamiento: ejes más importantes e intervención psicoterapéutica.—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

CAPÍTULO 3. La terapia familiar en los trastornos obsesivos, fóbicos y otros trastornos neuróticos, Silvia Macassi Sugahara

Introducción.—Las Neurosis: rasgos comunes.—Bases relacionales y la terapia familiar.—Las fobias.—El trastorno obsesivo compulsivo.—Otras manifestaciones neuróticas.—Intervención.—¿Con quién trabajar?—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

CAPÍTULO 4. Contextualización de los trastornos de la alimentación desde la perspectiva sistémica, Fina Ruiz López

Introducción.—Antecedentes.—Criterios y diagnóstico de los trastornos alimentarios.—Anorexia Nerviosa (AN) (307.1).—Bulimia nerviosa (BN) (307.51).—Trastorno alimentario de la ingestión de alimentos no especificado. TCANE (307.59) y 307.5.—Prevalencia de los trastornos AN y BN.—Factores asociados.—Factores socioculturales.—Factores biológicos.—Factores familiares desde la visión sistémica-relacional.—Modelo estructural.—Escuela de Milán. Mara Selvini Palazzoli y cols.: L. Boscolo, G. Cecchin y S. Prata.—Modelo bidimensional. Juan L. Linares.—Modelo estratégico-Terapia Breve.—Modelo Transgeneracional.—Ciclo vital.—Construccionismo y narrativa.—Polaridades semánticas.—Intervención.—Sistémica-relacional.—Caso Isabel y Jaime.—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

CAPÍTULO 5. La familia afligida: abordaje sistémico del duelo, RobertoPereira Tercero

Introducción.—Duelo y familia.—Definición de duelo familiar.—Reagrupamiento de la familia nuclear.—Intensificación del contacto con la familia extensa, o con personas cercanas afectivamente a la familia (amigos, etc.).—Disminución de la comunicación con el medio externo y de las actividades sociales.—Apoyo socio-cultural a la continuidad de la Familia.—Exigencia de tregua en los conflictos familiares: reconciliación.—Conductas frecuentes de debilidad reclamantes de protección.—El proceso familiar de duelo.—Reorganizar los sistemas comunicacionales.—Reorganizar las reglas de funcionamiento del sistema.—Redistribuir Roles y Funciones.—Adaptarse a una nueva realidad en la que el fallecido está ausente.—Etapas del Duelo Familiar.—El Doliente.—Duelo familiar funcional y disfuncional.—Duelo familiar funcional.—Duelo Familiar Disfuncional.—Duelo disfuncional en situaciones especiales.—La intervención familiar en el duelo.—La Intervención familiar sobre el duelo complicado.—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

Bloque II: La amplitud de la Terapia Familiar

CAPÍTULO 6. La Terapia Familiar en la infancia, Bani Maya Morodo e Itziar Fernández Núñez

Introducción a la Terapia Familiar con niños.—Aspectos básicos del desarrollo infantil.—El niño en el sistema familiar.—Comprensión sistémica del síntoma en la infancia.—Principales problemas psicopatológicos en la infancia.—Terapeutas sistémicos y sus recursos terapéuticos.—Elementos básicos de intervención en Terapia Familiar con niños.—Algunas herramientas técnicas de intervención.—Dibujo.—Juegos.—Otras herramientas.—Actuaciones terapéuticas arriesgadas.—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

CAPÍTULO 7. La Terapia Familiar en la adolescencia, Marina Gallego Claver y Rocío González Goizueta

Introducción a la terapia familiar con adolescentes.—Funcionamiento adolescente.—La adolescencia en el siglo XXI.—Pubertad, duelo y adolescencia.—La construcción de la identidad en la adolescencia.—El adolescente en el sistema familiar y el ciclo vital de la Familia.—Compresión sistémica del síntoma en la adolescencia.—Principales hipótesis relacionales sobre los problemas en la adolescencia.—Dificultades en el proceso de individuación.—Lealtades invisibles.—Paciente identificado, síntoma e incongruencia jerárquica.—Intervención en la terapia familiar con adolescentes.—Contexto voluntario vs. involuntario.—Entrevista familiar con un miembro adolescente.—Entrevista padres a solas.—Entrevista adolescente.—La intervención familiar.—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

CAPÍTULO 8. La pareja como sistema. Ideas para una terapia de pareja, Dora Ortiz Muñoz e Iñaki Aramberri Miranda

Introducción. La pareja como sistema. Fundamentos sistémicos.—Evolución del “ser pareja” a lo largo de los tiempos.—Áreas fundamentales de la pareja.—La funcionalidad en el sistema pareja.—El ciclo vital de la pareja.—Estadio I. “Luna de miel”. Construcción de la pareja: crear el vínculo y gestionar las fronteras.—Estadio II. “Aparición de las diferencias”. Ruptura de las expectativas idealizadas del otro.—Estadio III. “La lucha de poder”. Período de las quejas y las reivindicaciones.—Estadio IV. “Impasse”. Estancamiento relacional.—Estadio V. “Aceptación del crecimiento del otro”. La diferencia como enriquecimiento.—Estadio VI. “Disfrute de la pareja”. Etapa del crecimiento personal.—Algunas reflexiones.—Los contratos en la relación de pareja.—Características del “primer contrato”.—Pareja como iceberg.—Las reacciones de la pareja ante la crisis generada por la decepción.—Terapia de pareja.—Diferentes abordajes, diferentes modelos.—Algunas claves de la terapia de pareja.—Demanda y recorrido de la misma.—Evaluación de la dinámica de la pareja.—Algunas propuestas de intervención.—Caso: Miguel y Sonia.—Conclusiones.—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

CAPÍTULO 9. Terapia individual sistémica, Lorena Bertino Menna

Introducción.—Indicaciones de la Terapia Individual Sistémica.—Diferentes abordajes dentro de la TIS.—Hacia un modelo sistémico complejo en terapia individual.—La personalidad.—El enfoque diádico, la inclusión de la teoría del apego y el significado.—Lo trigeneracional.—La emocionalidad.—La inclusión de familiares significativos.—El terapeuta.—Consideraciones finales.—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

CAPÍTULO 10. Técnicas activas: La creatividad, espontaneidad, fantasía y el cuerpo en terapia, José M.ª Fuentes-Pila Estrada y Nuria Valentín Hermoso de Mendoza

Introducción.—El espacio terapéutico desde la creatividad y el juego.—¿A qué llamamos técnicas activas en el contexto de la terapia familiar?—Técnicas narrativas.—Collage y cuentos. un diálogo creativo al servicio del cambio.—Otras aproximaciones narrativas.—La palabra del cuerpo en terapia.—Introducción.—Dramatización.—Role-playing.—El juego.—Objetos intermediarios.—Esculturas.—El rol del terapeuta.—Anexo I, 295.—Anexo II.—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

CAPÍTULO 11. Escalas de evaluación en terapia familiar, Garazi Rivas Campo

Introducción. Historia de las escalas de evaluación familiar.—Criterios a seguir a la hora de escoger una escala de evaluación en TF.—Parámetros de calidad: Fiabilidaz y Validez.—Aspectos éticos a tener en cuenta.—Aplicación de las escalas de evaluación a las familias.—Algunas Escalas de evaluación.—Cuestionario de Adaptabilidad y Cohesión Familiar FACES.—Escala de diferenciación del self.—Cuestionario de Evaluación de las Relaciones Familiares Básicas (CERFB).—APGAR familiar.—SCORE-15.—Bibliografía de consulta.—Resumen.—Referencias bibliográficas.

Introducción

Un nuevo volumen se une al Manual de Terapia Familiar Sistémica de la Escuela Vasco-Navarra de TF. Tras los dedicados a la Formación Sistémica Básica, y al Experto en Intervenciones Sistémicas, llega el que se ocupa de la última etapa de la formación sistémica, el tercer año de nuestra escuela, la dedicada a la formación avanzada del Psicoterapeuta Familiar y de Pareja.

Se trata del final lógico de la formación, su nivel más elevado, pero también de un regreso a los orígenes. Porque, como ya hemos señalado en numerosas ocasiones, en el origen de la TF está la Clínica. La TF nació y creció con unos objetivos claros: tratar de resolver, de atenuar al menos, los trastornos psicopatológicos, comenzando por el más grave de todos ellos: la psicosis esquizofrénica. Encontrar el origen, las causas de la esquizofrenia, y desarrollar tratamientos que redujeran su impacto e incluso resolvieran el problema ocupó a buena parte de los pioneros de la TF. Bien es cierto que hubo otros puntos de partida, especialmente en todo lo relacionado con la psicopatología infantil y adolescente, pero todos ellos partían de la práctica clínica. Después, como ya sabemos y podemos leer en el segundo tomo, se abrieron los caminos del campo sociosanitario, o de los ámbitos escolar o judicial, y se descuidó un tanto el de la clínica, quizá por un cierto desánimo al no conseguir los entusiastas objetivos iniciales. Afortunadamente, el trabajo clínico de los terapeutas familiares no cesó, y asiste a un resurgir importante en estas décadas que llevamos recorridas del siglo XXI, en las que la psicoterapia sistémica en los llamados ahora trastornos mentales graves, así como en las adicciones, los trastornos alimentarios, e incluso en el antiguo campo de las neurosis registra un renovado interés. De la misma manera, se ha profundizado en la TF con niños y adolescentes, que nunca ha dejado de ser un campo fundamental en el que trabajar con el modelo sistémico relacional.

La TF se originó trabajando con familias completas, lo que se conoció en su momento como Terapia Familiar “conjunta”. Eso fue una gran novedad en el mundo psicoterapéutico, centrado primordialmente en la atención individual. Se había comenzado a trabajar con grupos, pero no eran grupos “naturales”, ya creados previamente, sino formados por pacientes que se conocían en la sala de terapia. Incluso, inicialmente, se intentó incluir a la TF como una rama de la psicoterapia grupal. Se estudiaban las relaciones entre los subsistemas familiares, eran importantes para entender lo que sucedía en el funcionamiento familiar, pero rara vez se hacía lo mismo con las relaciones dentro de los subsistemas y, muchísimo menos, con lo que le ocurría a cada miembro del sistema familiar individualmente, eso estaba casi prohibido. Esto pronto comenzó a cambiar, básicamente cuando la práctica de la TF salió de los hospitales o centros de salud mental y comenzó a practicarse en las consultas privadas, y empezaron a aparecer en esas consultas familias que no tenían hijos, o que estos eran mayores y ya no convivían con sus progenitores. Y nació la Terapia de Pareja, como una rama de la TF.

Pronto los conflictos de la pareja y sus consecuencias adquirieron autonomía propia. Las dificultades de comunicación, los problemas derivados de negociar dos tradiciones, historias y mitos familiares en uno solo, la diferente manera de entender y practicar la sexualidad, los conflictos derivados de las infidelidades, los desacuerdos educativos y tantos otros fueron creando un corpus bibliográfico propio, y un desarrollo de teorías y prácticas adaptadas a estas dificultades relacionales, hasta el punto de que los terapeutas familiares pronto adquirieron la coletilla de “y de pareja”.

Costó más el trabajo con los individuos que, ya lo hemos dicho, se vivía casi como una traición de los orígenes de la TF que buscaba, precisamente, superar esa manera de abordar los problemas relacionales. Pero había que adaptarse a la demanda, por lo que, no hace tanto, comenzaron a formularse propuestas de trabajo sistémico relacional con los individuos que, o bien estaban emancipados y no tenían familia cerca, o bien no querían incluirla en un proceso psicoterapéutico que entendían como algo suyo. Así nació la Terapia Individual Sistémica.

La intervención con todos estos problemas, la intervención psicoterapéutica en general, se basó originalmente en la palabra, en provocar la reflexión sobre la conducta por medio de la expresión verbal. Esa era la herencia psicoanalítica que impregnó todas las psicoterapias en su origen, también la TF. Pero pronto comenzaron a utilizarse otras técnicas, primero basadas en imágenes —los test proyectivos, por ejemplo— o en dibujos —especialmente en el trabajo con niños—. Pero ¿Qué hacer con aquellos consultantes que tenían dificultades para la expresión oral, o no comprendían muy bien los constructos verbales más complejos? ¿Por qué no representar lo que les ocurría, si eso les resultaba más sencillo que contarlo con palabras? Nacieron así las dramatizaciones, a las que Moreno dio forma psicoterapéutica en el Psicodrama. Estas técnicas centradas en “actuar” fueron teniendo cada vez más peso en el arsenal terapéutico de los terapeutas familiares, especialmente a partir de los trabajos de Virginia Satir, una de las grandes pioneras en la utilización de estas técnicas, que fueron adquiriendo más y más complejidad hasta configurar una parte importante de la formación del TF sistémico, en lo que se conoce actualmente como Técnicas Activas.

Como los anteriores volúmenes, y siguiendo los programas de formación de la Escuela Vasco-Navarra de TF, el texto se divide en Bloques, incluyendo cada uno varios capítulos.

El primer Bloque es el dedicado a la TF en la práctica clínica con los principales trastornos psicopatológicos en los que se utiliza el modelo sistémico-relacional. Como no podía ser de otra manera, el primer capítulo es el dedicado a “La TF en la psicosis”, a cargo de Juan Martínez de la Cuadra y Eneko Mendiluze, a quienes ya pudimos leer en sendos capítulos el primer tomo. Los autores comienzan haciendo un repaso de la historia de la TF en su estrecha relación inicial con las psicosis, en particular con la esquizofrénica, repasando sus características desde los paradigmas estructural, comunicacional e identitario, para extenderse después en la psicoterapia sistémica con las familias con un trastorno psicótico. Finalmente hacen unas breves anotaciones sobre las tendencias más actuales en la intervención con este tipo de familias.

El segundo capítulo aborda otro gran campo de intervención clínica en el que la TF sistémica ha jugado un importante papel: el de las adicciones. En él, un gran experto en el tema, Juan Antonio Abeijón, hace un exhaustivo recorrido por las principales claves en el análisis del pensamiento sistémico en las adicciones. La primera clave que analiza es la de las conductas adictivas desde una perspectiva sistémico-familiar. La segunda se centra en los diferentes modelos asistenciales que se han desarrollado para abordar las conductas adictivas. La tercera estudia las relaciones que se establecen en los que participan en esas conductas, base diagnóstica desde el punto de vista sistémico. Y la cuarta y última, en el tratamiento, en la intervención psicoterapéutica en las adicciones.

En el tercero, Silvia Macassi estudia un campo clínico que siempre ha resultado complicado para el modelo sistémico, en el que en los últimos años se han registrado avances importantes: el campo de las neurosis. El capítulo, titulado “La TF en los Trastornos obsesivos, fóbicos y otros trastornos neuróticos” comienza definiendo los rasgos comunes de estos trastornos, así como sus bases relacionales, para terminar con una descripción de la intervención sistémico-relacional en estos problemas.

El cuarto capítulo está dedicado a otro grupo de entidades clínicas en los que el trabajo con las familias se ha revelado de gran importancia, los Trastornos de la conducta alimentaria. Fina Ruiz, gran experta en el campo, contextualiza estos trastornos desde la perspectiva sistémica, haciendo primero una breve introducción histórica de su desarrollo, describiendo detalladamente sus criterios diagnósticos, prevalencia y factores asociados. Se sumerge después en el análisis y descripción de los factores familiares desde la visión sistémico-relacional, terminando, como es común a todos estos capítulos dedicados a la práctica clínica, con la intervención psicoterapéutica, ilustrándola con un caso.

Y el primer Bloque de este volumen finaliza con “La familia afligida, el abordaje sistémico del duelo”. Su autor, el mismo que firma esta Introducción, comienza el capítulo centrando la relación, que no siempre ha estado clara, entre el duelo —por la pérdida de un ser querido, a veces es preciso recordarlo— y la familia, especialmente la más cercana al fallecido, ya que según quien sea éste puede ser la mayor crisis a la que haya que enfrentarse un sistema familiar y que, no en pocas ocasiones, lleva a su desaparición. Se pasa después a definir el duelo familiar y describir su proceso, sus características y las diferentes etapas por las que transcurre. Analiza después la figura del “doliente”, aquel miembro de la familia que a menudo asume, en exclusiva, la expresión de la aflicción durante el proceso de Duelo. Este rol a menudo conduce a un duelo familiar disfuncional del que se habla en extenso, tanto el más frecuente como el que se da en situaciones especiales, para terminar desarrollando la intervención familiar tanto en el duelo normal como en el complicado.

El segundo Bloque comienza con el otro gran campo originario de la TF: el de la psicoterapia infantil. En el capítulo seis, el primero de este bloque, Bani Maya e Itziar Fernández nos introducen la TF con niños, resumiendo algunos aspectos básicos del desarrollo infantil, y situando al niño en el sistema familiar. Nos explican que es crucial partir de la visión sistémica para entender los síntomas infantiles, detallando los principales problemas sintomatológicos en la infancia. Finalizan con los elementos básicos de la intervención en TF con niños, deteniéndose en algunas herramientas de intervención: el dibujo, el juego, y otros. Finalmente, alertan de algunas actuaciones terapéuticas arriesgadas. Un extenso y completo capítulo, salpicado de ejemplos prácticos.

Lógicamente, el siguiente capítulo, el séptimo, no tenía más remedio que dedicarse a ese otro período vital que precede a la edad adulta, tan importante para el desarrollo y la salud mental: la adolescencia. Marina Gallego y Rocío González nos introducen a la TF con adolescentes con algunas pinceladas sobre el funcionamiento adolescente en este siglo XXI, y la construcción de la identidad adolescente, para pasar después a situarlo en el mapa del sistema familiar y en su ciclo vital. Al igual que en el capítulo anterior, explican la importancia de la compresión sistémica del síntoma, en este caso del adolescente, deteniéndose en las principales hipótesis relacionales sobre los problemas en la adolescencia: las dificultades en el proceso de individuación, las lealtades invisibles o las incongruencias jerárquicas. Terminan con la intervención psicoterapéutica con las familias adolescentes, deteniéndose en la voluntariedad o involuntariedad de ésta, y en las características de la entrevista familiar con un miembro adolescente.

Y así llegamos al capítulo octavo, dedicado al amplio campo de la terapia de Pareja, y que sus autores, Dora Ortiz e Iñaki Aramberri, grandes expertos en el tema, titulan “La pareja como sistema. Ideas para una terapia de pareja”. Comienzan introduciendo los fundamentos conceptuales que van a vertebrar el texto, junto con una breve evolución historia del concepto de pareja a lo largo del tiempo. Examinan después áreas fundamentales de ésta: el vínculo amoroso, la jerarquía interna, la funcionalidad en el “sistema pareja”, su ciclo vital para adentrarse finalmente en el complejo mundo de los contratos en la relación de pareja. La segunda parte del capítulo se dedica en extenso a la intervención. Comienzan haciendo un recorrido por diferentes abordajes y modelos, pasando a señalar después las características particulares del proceso terapéutico en T de P. Para estructurar este proceso, señalan que es clave explorar las cinco dimensiones de la relación. Se detienen después en la sexualidad en la pareja, para proponer después diferentes intervenciones: metáforas, mapas, diagramas, el modelo IFS, las pautas transgeneracionales y algunos ejercicios concretos, todo ello ilustrado con varios casos clínicos. Un capítulo extenso y muy completo que recoge de manera admirable el complejo campo de la T de P.

Hemos comenzado este segundo bloque con la familia —del niño y del adolescente— pasado después a la pareja, y llegamos en este noveno capítulo al individuo, en el que Lorena Bertino, una gran experta y docente en este tema nos presenta la “Terapia individual sistémica”. Comienza introduciendo la materia, pero se adentra rápidamente en un aspecto bastante polémico: las indicaciones de la T.I.S. En el ámbito del modelo sistémico que nació como una propuesta alternativa a la terapia individual, no es baladí definir con claridad el campo en el que este tipo de abordaje terapéutico resulta útil. La autora lo resuelve con soltura, basándose en el análisis de un modelo sistémico complejo, que incluye la personalidad individual, el enfoque diádico, la teoría del apego, lo trigeneracional, la emocionalidad, la inclusión de familiares significativos, para finalizar con la relación paciente-terapeuta.

Otro gran campo de intervención de la TF, utilizada desde sus orígenes y que ha ido complementándose a lo largo de su desarrollo, es el de las llamadas “Técnicas Activas”, aquellas en las que predominan, como dice el título del capítulo, “la creatividad, la fantasía y el (uso del) cuerpo en la terapia”, a lo que habría que añadir la movilidad, algo no siempre sencillo que es levantarse de la silla y aprender a utilizar todo el consultorio para favorecer lo no verbal, siempre tan importante en el modelo sistémico. Dos grandes conocedores de estas técnicas, Jose M.ª Fuentes-Pila y Nuria Valentín nos describen en este penúltimo capítulo, el décimo, un amplio arsenal de técnicas que pueden ser de gran utilidad en cualquier terapia individual, familiar o de pareja, con niños, adolescentes y adultos de cualquier edad. Desde el juego a la escultura, los collages y los cuentos, dramatizaciones y utilización de los llamados objetos intermedios, todo está ampliamente detallado en este exhaustivo recorrido por las T.A. El capítulo finaliza con algunos ejemplos prácticos, que completan los que han ido salpicando la descripción de cada una de las técnicas.

Pero todas estas técnicas, todas estas intervenciones ¿son útiles? Para saber algo tan fundamental hay que medir su efectividad, así que, como no podía ser de otra manera, este Bloque y el Volumen finaliza dedicando un capítulo, el undécimo, a las “Escalas de evaluación en TF”. En él, Garazi Rivas buena conocedora del tema, comienza por introducirnos en las escalas con una breve historia de la relación entre éstas y la TF. Tras desgranar criterios de utilización, fiabilidad y validez y la manera de presentarlas a las familias, sin descuidar los aspectos éticos de su utilización, describe algunas de las más importantes: FACES, EDS, CERFB, APGAR y más extensamente el SCORE 15, ya que fue una de las autoras de su validación en castellano.

Como sucede con los dos primeros tomos, todos los autores de este tercero son docentes de la EVNTF, en la modalidad presencial o en la online. Así, aunque los autores cambien en cada capítulo, hay una coherencia en la manera de enfocar la docencia, de resumir los conocimientos previos, una estructura común a todos ellos. Esta diversidad y especialidad buscada para cada tema, vinculada a la experiencia en la docencia y en la práctica clínica, es una marca de contexto que ha mantenido desde su origen la EVNTF, buscando a los mejores profesores en cada una de las materias de nuestro programa de formación, pero manteniendo, simultáneamente, una homogeneidad docente.

En definitiva, un gran volumen que estaba inicialmente previsto que cerrara el Manual. Sin embargo, el número de capítulos que recogen otros temas que impartimos en nuestra formación hacía éste excesivamente extenso, por lo que hemos optado por prolongar el manual hasta un cuarto volumen. Que disfruten este tercer tomo.

Relación de autores

Abeijón Merchán, Juan Antonio

Médico Psiquiatra. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja y Supervisor Docente acreditado por la FEATF y la FEAP a través de la AVNTF. Presidente de la FEATF (2015-2019) y de la AVNTF (2012-2016). Jefe del Centro de Salud Mental Julián Ajuriaguerra Toxicomanías y director de la Comunidad Terapéutica Manu-Ene (Osakidetza-Servicio Vasco de salud) hasta 2017. Presidente del Board EFTA-CIM (2018-2022). Supervisor Docente de la EVNTF.

Aramberri Miranda, Iñaki

Psicólogo Clínico. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja y Supervisor Docente acreditado por la FEATF y la FEAP a través de la AVNTF. Ex-presidente de la Asociación Vasco Navarra de Terapia Familiar (2016-2020). Práctica privada. Supervisor Docente de la Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar (EVNTF).

Bertino Menna, Lorena

Psicóloga Sanitaria. Psicoterapeuta de Familia y Pareja acreditada por FEAP y FEATF. Presidenta de la Asociación Vasco Navarra de Terapia Familiar. Docente habitual del Colegio de Psicólogos de Bizkaia. Supervisora Docente de EVNTF.

Fernández Nuñez, Itziar

Psicóloga Sanitaria. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja y Supervisora Docente acreditada por la FEATF y FEAP a través de la AVNTF. Coordinadora y Psicóloga en el Programa de Intervención Psicosocial, PIP, para los Servicios Sociales de Base del Ayuntamiento de Bilbao, gestionado por Agintzari SCIS. Coordinadora de la formación presencial de la EVNTF. Psicoterapeuta Familiar y Supervisora Docente en la EVNTF.

Fuentes-Pila Estrada, José M.ª

Farmacéutico. Psicoterapeuta de Familia y de Pareja acreditado por la FEATF a través de la AVNTF. Especialista en Drogas Tóxicas y Estupefacientes. Máster en Drogodependencias, U. de Deusto. Máster en Drogodependencias y SIDA, Open University, UNESCO. Máster en Tabaquismo, U. de Cantabria. Experto en Metodología de Educación para la Salud. Fundador y director del Instituto Cántabro de Conductas Adictivas y de SISTEMICCA (Instituto Cántabro de Psicoterapia). Práctica privada. Colaborador Docente de la EVNTF.

Gallego Claver, Marina

Licenciada en Psicología por Universidad Complutense de Madrid, especialidad Clínica y de la Salud. Habilitación sanitaria por la Comunidad de Madrid. Psicoterapeuta de Familia y Pareja acreditada por la FEATF a través de la AATF. Formación en Terapia de Pareja-Centro Kine. Máster Neuropsicología-AEPCC. Psicoterapeuta familiar en Faim-Espacio Ariadna. Práctica privada. Colaboradora Docente de la EVNTF.

González Goizueta, Rocío

Licenciada en Psicología: especialidad Clínica y Salud. UNED. Psicoterapeuta de Familia y de Pareja acreditada por la FEATF a través de la AATF. Experto en Evaluación Diagnóstica en niños, adolescentes y adultos mediante técnicas proyectivas. COP Madrid. Habilitación Sanitaria por el Gobierno de Aragón. Psicóloga en Centro Educativo y de Internamiento por Medida Judicial de Juslibol, CEIMJ, FAIM. Práctica privada. Colaboradora docente de la EVNTF.

Macassi Sugahara, Silvia

Licenciada en psicología por la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (UNIFE) en Lima (Perú). Psicóloga General Sanitario. Máster en TF Sistémica por la Escuela de TF del Hospital de Sant Pau-U. Autónoma de Barcelona. Postgrado en Mediación Familiar por el Fórum Europeo. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja y Supervisora Docente acreditada por la FEATF y FEAP a través de la SCTF. Forma parte del equipo del Instituto Sistémico de Barcelona (ISBA). Docente y supervisora de equipos de profesionales de diferentes instituciones en el ámbito psico-social-sanitario y educativo. Vicesecretaria de la Junta de la de la Sociedad Catalana de Terapia Familiar. Práctica privada. Colaboradora docente de la EVNTF.

Martínez de la Cuadra López, Juan

Psicólogo. Psicoterapeuta familiar y de pareja, supervisor docente de la FEATF a través de la AATF. Psicólogo y coordinador del Centro de Rehabilitación Psicosocial gestionado por Fundación Rey Ardid en Zaragoza. Tutor adjunto de MIR y PIR y colaborador docente Grado Psicología Universidad de Zaragoza y UNED. Práctica privada. Supervisor Docente de la EVNTF.

Maya Morodo, Bani

Psicóloga Clínica. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja y Supervisora Docente acreditada por la FEATF y FEAP a través de la AVNTF. Psicóloga Clínica del Servicio Navarro de Salud, Salud Mental, desde 1991 hasta la actualidad. Directora del CSM Casco Viejo de Pamplona desde 2020. Supervisora Docente de la EVNTF.

Mendiluze Plaza, Eneko

Psicólogo y Psicoterapeuta de familia y pareja, acreditado por la FEATF a través de la AVNTF. Máster en Programación Neuro-Lingüística. Formación con grupoanálisis en trastornos de la personalidad y su tratamiento grupal, familiar y multifamiliar en adolescentes y jóvenes. Forma parte del Equipo de Agintzari Navarra SCIS en el programa de adopción SAFAYA dependiente del Gobierno de Navarra y en el programa de Parentalidad Positiva dependiente del Ayuntamiento de Pamplona. Colaborador docente de la EVNTF.

Ortiz Muñoz, Dora

Psicóloga Clínica. Psicoterapeuta familiar y de pareja. Supervisora Docente acreditada por la FEATF y la FEAP. Formación en reprocesamiento del trauma, método "Aleceia". Supervisora docente durante 15 años en la Escuela de Terapia Familiar de Sant Pau (Barcelona). Docente de la EVNTF en la modalidad online desde el 2008 hasta la actualidad. Supervisora clínica en diferentes Centros de Salud Mental para Adultos (CSMA). Práctica privada.

Pereira Tercero, Roberto

Psiquiatra, Psicoterapeuta familiar y de pareja acreditado por la FEATF y FEAP a través de la AVNTF. Director de la EVNTF y de Euskarri, centro de Intervención en Violencia Filio-Parental, ha presidido la AVNTF, la FEATF y Relates, y es presidente de Honor de SEVIFIP. Dirige la colección de TF iberoamericana de la editorial Morata. Supervisor Docente de la EVNTF.

Rivas Campo, Garazi

Licenciada en Psicología. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja acreditada por la FEATF a través de la AVNTF. Máster en Salud Mental y Terapias Psicológicas por la Universidad de Deusto. Premio 2014 de Investigación de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar-FEATF. Psicóloga con habilitación sanitaria. Psicóloga en el Programa de intervención Socio Educativa y Psicosocial del Ayuntamiento de Sestao. Colaboradora Docente de la EVNTF.

Ruiz López, Fina

Psicóloga Clínica. Máster en TF por la U. Autónoma de Barcelona. Mediadora Familiar. Supervisora Docente en la Escola de Teràpia Familiar del Hospital de Sant Pau. Coordinación e intervención como Terapeuta Familiar en servicio de rehabilitación en salud mental. Mediadora Familiar en conflictos de separación y divorcio. Práctica privada. Colaboradora Docente de la EVNTF.

Valentín Hermoso de Mendoza, Nuria

Licenciada en Psicología, Universidad Civil de Salamanca. Formación en Psicodrama y terapia de grupo, Instituto de técnicas de grupo y psicodrama. Experto en Sexología y Educación Sexual, Universidad de Alcalá. Máster en Terapia Familiar y de Pareja, Asociación Vasca de Psicoterapias Dinámica y Sistémica. Psicoterapeuta Familiar y de Pareja acreditada por la FEATF y FEAP a través de la AVNTF. Práctica privada. Colaboradora docente de la EVNTF.

Además de esta relación de autores, todos ellos profesores del Máster presencial y/o online de Formación en Terapia Familiar de la EVNTF, este libro no hubiera podido salir adelante sin la colaboración del equipo administrativo de la EVNTF, y especialmente de la exalumna y colaboradora de nuestra escuela Eneritz Santiago Solaegui que ha leído una y otra vez el borrador y hecho innumerables correcciones en el texto.

BLOQUE I:La Terapia Familiar en la Práctica Clínica

Bloque I

La terapia familiar en las psicosis

Introducción.

Conceptos principales.

Algunas Características principales.

Paradigma estructural.

La triangulación.

Paradigma comunicacional.

Paradigma identidad.

Identidad individual.

Identidad familiar.

Identidad social.

Algunas claves de intervención familiar.

Nuevas tendencias.

Bibliografía de consulta.

Resumen.

Referencias bibliográficas.

Introducción

A pesar de que el origen de la esquizofrenia es un tema controvertido, las experiencias psicóticas han sido y son el manantial de conocimiento de la perspectiva sistémica en terapia familiar. Las explicaciones biológicas, evolutivas, psicológicas, acontecimientos vitales, espirituales, filosóficas o existenciales no han dado con su causa de forma inequívoca, de modo que, gracias a ello, continúa una ardua investigación que, de momento, no tiene indicios de ver la luz definitiva, sino que asistimos a un progreso epistemológico en constante revisión. De hecho, el presente capítulo habla de la esquizofrenia, expresión más grave del espectro psicótico, junto con el resto de las experiencias psicóticas, motivo por el que, en su título, consta el concepto más englobado de las psicosis.

En este sentido amplificador, tal y como comienza el Capítulo 1 del primer tomo de este Manual de Terapia Familiar Sistémica (Pereira, 2023) en las siguientes líneas se expone brevemente el desarrollo de la comprensión de la experiencia psicótica desde una perspectiva relacional, ya que en las familias con miembros con este tipo de sintomatología generadoras de sufrimiento se han detectado similitudes como: frialdad afectiva o distancia emocional, desviación comunicacional relacionada con no definir la relación, comunicación paradójica o doble vincular, complementariedad y homeostasis rígida, frecuentes desconfirmaciones relacionadas con “no existes” y relaciones pseudomutuales relacionadas con la dificultad de individuación. Por lo tanto, desde una etiología relacional, no se observa la psique aislada e individual, sino más bien las estructuras supraindividuales que nacen de la interacción entre personas.

Realizando una descripción cronológica de esta observación relacional y recogida de forma detallada en el primer capítulo del primer tomo de este manual, en la década de los 50 el grupo procedente del psicoanálisis con la representante de la tendencia neofreudiana Frieda Fromm-Reichmann (1942), psiquiatra-psicoanalista miembro del Instituto Psicoanalítico de Frankfurt, acuñó el término “Madre Esquizofrenógena”, distinguiéndola como dominante, insegura, agresiva y rechazante, con demasiado control y sobreprotección sobre sus descendientes, inmiscuyéndose de forma excesiva en su vida. John Nathaniel Rosen (1975), comenzó a escribir artículos sobre su modelo nombrado psicoanálisis directo tratamiento de las psicosis sin medicamentos donde denominó a la madre como perversa y constató la función de supervivencia de la esquizofrenia.

Antes de la década de los años 60, Harold Searles (1959), había descrito las 6 vías para volver a alguien loco en la que sobresale el origen circular de la experiencia psicótica. En los mismos términos, Theodore Lidz (1957) habló de la transmisión de la irracionalidad concluyendo que la esquizofrenia es aprendida producto de la incapacidad de la madre para establecer límites intergeneracionales. Posteriormente, resumió su estudio en el libro “El medio intrafamiliar de los pacientes esquizofrénicos: Cisma marital y Sesgo Marital (1971). Lyman Wynne (1958), se expresó en términos de intergeneracionalidad, describiendo relaciones pseudomutuales y el cerco de goma ante la capacidad de las familias para neutralizar cualquier intento de cambio terapéutico.

Por mencionar sólo dos pioneros más de la década de los 50, por un lado, Murray Bowen (1991), tal y como se recoge en el citado capítulo primero del tomo I de este manual (Pereira, 2023), describió el continuo de fusión del self y la diferenciación del self, en el que en un polo ubicaba la masa yoica indiferenciada y en el otro la masa yoica diferenciada, concluyendo que la esquizofrenia es un proceso que requiere de tres o más generaciones para desarrollarse. Por último, se debe mencionar a Iván Boszormeny-Nagy (1973) y su detallada observación de la moral y la ética prestando especial atención a conceptos como reciprocidad, lealtad, culpa, vergüenza y justicia. Desarrolló un enfoque contextual que integraba psicología individual, interpersonal, existencial, sistémica e intergeneracional.

En los años 60 el trabajo desarrollado por el grupo de Palo Alto o Colegio Invisible, ya que sus miembros pertenecían a varias instituciones, supuso un salto a la hora de acotar la observación a la comunicación en los sistemas familiares. El denominado grupo interdisciplinario de Bateson estuvo formado, entre otras personas relevantes de la historia de la terapia familiar, por quien diera el nombre al grupo, el antropólogo, biólogo y lingüista Gregory Bateson, el ingeniero químico y antropólogo John Weakland, el psiquiatra Don D. Jackson y el licenciado en Artes Teatrales Jay Haley. Estos cuatro pioneros publicaron el libro “Hacia una teoría de la esquizofrenia” (1956) en el que detallaban la comunicación equizofrenógena y desarrollaron la hipótesis etiológica de la esquizofrenia al albur de la teoría del doble vínculo. La trabajadora social Virginia Satir y el psiquiatra Donald Jackson también fueron dos terapeutas destacados del grupo.

Las décadas de los años 60, 70 y 80 fueron de gran expansión epistemológica y la antipsiquiatría de David Cooper y Ronald D. Laing (1967) cómo máximos exponentes tienen cabida en este breve análisis cronológico. Desde la visión contracultural, crítica a la medicalización y a las categorías diagnósticas, D. Cooper influenciado, entre otros, por Thomas Szasz y Michael Foucault, acuño el concepto antipsiquiatría. Describió la esquizofrenia como una crisis microsocial en virtud de valores culturales en la que las personas profesionales también forman parte.

Conceptos principales

Antes de comenzar a desarrollar los paradigmas (comunicación, estructura e identidad) e incluso los descubrimientos más relevantes desde la concepción sistémica, es oportuno comenzar por la definición de psicosis que propone la A.P.A. (American Psychiatric Association) en su manual de referencia de los trastornos mentales DSM IV, p. 279, en el que define el término psicosis como “una pérdida de las fronteras del ego o un grave deterioro de la evaluación de la realidad, refiriéndose a ideas delirantes y alucinaciones manifiestas”.

Es una regresión defensiva a estados yoicos menos evolucionados, menos integrados y en palabras de Lowen (1983), la experiencia psicótica “es como un río que desborda sus riberas y se extiende por los campos circundantes, arrasando las fronteras que normalmente existen en la tierra y el agua. De manera similar, los sentimientos salen a borbotones y borran las fronteras normales del yo, dificultando así que la persona pueda distinguir entre su interior y la realidad externa. Esta realidad se vuelve confusa y borrosa. Como cuando un río se desborda, uno siente que el agua está por todas partes, que no hay tierra sólida debajo. La persona tiene una sensación como si no hubiera nada sólido a lo que aferrarse. Se siente como si fuera a la deriva, completamente enajenada” (p. 198).

Y así es como la mente se sale del surco, en latín delirare, distorsiona la realidad pudiendo llegar a comprometer incluso una de nuestras principales herramientas de regulación, el lenguaje. La intensidad de los síntomas y su duración son variables a tener en consideración y el espectro psicótico nos habla de una amplia y diversa gama de expresiones que pueden agruparse de diferentes formas.

Una clasificación sencilla y clarificadora es la relacionada con los síntomas positivos y negativos. Los positivos más mencionados en la literatura son las alucinaciones relacionadas con los sentidos (auditivas, visuales, olfativas, gustativas, táctiles) y los delirios relacionados con las creencias. La siguiente tabla recoge diferentes tipos de delirios:

Tabla 1.1. Diferentes tipos de delirios

De referencia

“Si han pintado los postes de correos de amarillo es porque saben que con ese color señalan mi presencia”.

De interpretación

“Esa forma de mirar, ese gesto con la cabeza es la señal que se hacen entre los dos”.

De influencia

“Cuando me miran así no me dejan pensar: se me meten dentro de mí y me tuercen los pensamientos”.

De persecución

“Tantas cámaras, tantas cámaras... Son para vigilarnos, para que no podamos descubrir a los Iluminati que dirigen el mundo en la sombra”.

De grandeza

“Tengo que purgar yo por toda la humanidad porque solo yo he querido condenar al Padre de la Santísima Trinidad”.

Celotípico

“Porque ella el otro día volvió a salir de verde, que es el color que le gusta a ese tío...”.

Según Heimann (citada por Cancrini y La Rosa, 1991, p. 38) en la psicología de la vida cotidiana abundan ejemplos de delirios y una vez aquí, es preciso hacer una aclaración en relación a las alucinaciones auditivas y, más concretamente, sobre las voces, sobre su intensidad, manifestación y duración, ya que las psicóticas son difíciles de controlar, se manifiestan de media entre los 16 y 25 años y pueden ocurrir muchas veces al día.

Los estudios indican que para algunas personas oír voces es una respuesta ante acontecimientos traumáticos de la vida especialmente durante la infancia (acoso, abandono y abuso físico, sexual o emocional) y según Richard Bentall, profesor de la Universidad de Sheffield, “la evidencia de la asociación entre una infancia adversa y un trastorno psicótico en el futuro es casi tan robusta estadísticamente como la que existe entre fumar y el cáncer de pulmón” (Hearing the Voice, 2022). La falta de sueño, hambre extrema, drogas, sentirse bajo amenaza y estrés también se consideran como potenciales desencadenantes.

“Oigo voces distintas. Cada voz tiene su propia personalidad. A menudo intentan decirme qué hacer o intentan interponer sus propios pensamientos o sentimientos sobre un tema en concreto... Mis voces son de distintas edades y grado de madurez. Muchas de ellas se han identificado y se han dado nombres a sí mismas. Con frecuencia tengo conversaciones con ellas. A veces son agradables, pero muchas otras veces no” (Hearing the Voice, 2022).

La desorganización del pensamiento y comportamiento, las ideas inconexas y el habla sin orden semántico adecuado o hilo argumentativo también hay quien lo agrupa dentro de los síntomas positivos. En cuanto a los síntomas negativos más significativos son el aplanamiento de la expresión emocional, la abulia-apatía caracterizada por la disminución para realizar actividades sociales, académicas o laborales, la alogia relacionada con el empobrecimiento del pensamiento y la anhedonia relacionada con la dificultad para sentir placer.

Los síntomas positivos, los floridos, son los que más asombro e interés generan. Pero los negativos son los que condicionan realmente la evolución sintomatológica, ya que la destructividad psíquica del retraimiento y aislamiento social en los mamíferos humanos es devastadora.

Sabido es que existen diferentes fases en la evolución sintomatológica, desde la fase premórbida inicial, a la prodrómica posterior, el primer episodio psicótico (psicosis incipiente y aguda), periodo crítico y, por último, la fase tardía. En este sentido, la detección precoz e intervención en las fases iniciales son variables de gran impacto en la evolución de la intervención. Además, del mismo modo que la homosexualidad hace no mucho era una enfermedad mental o las personas con dislexia se han transformado en personas con hiperactividad, quizás en un futuro próximo las psicosis sean consideradas como síntomas previos a la depresión. La realidad maníaco-depresiva o bipolar nos aproxima notoriamente a esta posibilidad.

Algunas características familiares

Las familias con un miembro diagnosticado con esquizofrenia responden a una gran defensa y protección hacia el exterior, formando un sistema aglutinado (Bumiller y Cerviño, 2023, p. 386),con límites internos difusos y externos rígidos, manteniendo una fuerte tendencia homeostática muy resistente al cambio dificultando la construcción del yo individual en favor del yo familiar aglutinado.

En la época de la apertura de los manicomios y la reforma psiquiátrica, los investigadores Julian Leff y Christine Vaughn(1981)observaron la rapidez con la que algunas personas volvían a recaer al regresar a sus hogares tras los ingresos. Investigaron los factores familiares que podrían estar influyendo y utilizando la variable Emoción Expresada desarrollada en el MRC (Institute of Social Psychiatry: Medical Research Council) de Londres encontraron datos esclarecedores. El criticismo, la hostilidad y la sobreimplicación emocional, en detrimento de la calidez y los comentarios positivos, son predictores de recaídas. Cabe mencionar al sociólogo y médico George Brown (1962) como máximo exponente del MRC así como la entrevista semiestructurada que desarrollaron, Camberwell Family Interview, que posibilitó realizar exhaustivas investigaciones.

H. Stierlin (1997), amplificando lo afectivo (ello), cognitivo (yo) y moral (superyo), observó la mutualidad, reconociendo la capacidad de la identidad individual para evolucionar y diferenciarse de la identidad familiar, singularizándose desde un reconocimiento recíproco de capacidades y potencialidades. L. Wynne (1958) identificó la importancia del concepto de mutualidad positiva para el desarrollo de la identidad, donde la persona es valorada como una participante con una identidad propia dentro de la interacción. En familias con un miembro con sintomatología psicótica, se puede dar lo que nombró como pseudomutualidad, es decir, una forma de interacción en el que los miembros de la familia sacrifican su desarrollo individual en favor del sistema familiar, favoreciendo así la unión sin conflictos emancipatorios y prevaleciendo la pertenencia sobre la diferenciación.

Otra propuesta relacionada con la anterior estrategia defensiva o de protección es la observada por G. Bateson (1956). En las familias con sintomatología psicótica los miembros generalmente presentan dificultades para poder cambiar de posición, roles simétricos o complementarios, quedando cada persona cristalizada en su posición de forma rígida.

Como se ha señalado, por lo tanto, es frecuente un acoplamiento rígido de los miembros familiares debido al estilo relacional simbiótico desarrollado y el coste percibido en la discrepancia. Con el objetivo de ordenar lo descubierto hasta el momento, en las siguientes líneas se desarrollan de forma diferenciada tres paradigmas, estructural, comunicacional e identitario, que en ciertos momentos se entrecruzan y complementan.

Paradigma Estructural

El Manual de psiquiatría y psicopatología de la década de los 90 escrito por Cancrini y La Rosa (1991), habla de la función defensiva de la sintomatología psicótica y relaciona el trastorno psicológico con el grado de vinculación-desvinculación de la persona designada hacia su familia. La siguiente tabla adaptada recoge su propuesta teniendo como base los criterios diagnósticos del DSM III revisado de la época:

Tabla 1.2. Tipos de desvinculación (elaboración propia)

Fase del Ciclo Vital

Características

Diagnóstico Psiquiátrico en la persona designado

Desvinculación

imposible

Mucho antes del tiempo en que esta se da normalmente, los/as jóvenes han demostrado ya evidentes dificultades en la fase de individuación y han empezado a cerrarse todas las posibilidades de llegar a ella. Pseudomutualidad.

Síndrome disociativo y esquizofrenias “verdaderas”.

Desvinculación

inaceptable

La familia no logra hacer frente a un hecho, la emancipación afectiva: la desvinculación no se produce o se produce durante breves periodos y en sectores limitados. Situación de Impasse en los padres.

Síndrome paranoide y esquizofrenias catatónicas.

Desvinculación

aparente

La desvinculación se presenta de una manera incompleta y parcial, con retornos imprevistos hacia atrás, o con graves limitaciones de la persona.

Crisis de tipo esquizoafectivo, crisis maníacas y depresivas, formas graves de anorexia mental o toxicomanías de tipo C.

Desvinculación

de compromiso

Existe un compromiso, un proyecto, que no pertenece al sujeto, sino a la familia.

Trastorno psicótico de personalidad; esquizoide o límite con posibles complicaciones de tipo “brote psicótico”, forma menos graves de toxicomanías tipo C, anorexias “verdaderas”.

Desvinculación

posible

Se da una desvinculación en base a un proyecto vital individual del sujeto al margen de la realidad familiar.

Trastornos neuróticos y/o de la pareja joven.

La familia aglutinada con sintomatología psicótica se caracteriza por fronteras con el exterior muy firmes, con escasa permeabilidad, y muy poca distancia relacional entre sus miembros,poniendo dificultades a los miembros del sistema en tener un desarrollo propio que les permita tomar decisiones de emancipación y conectar con el exterior imposibilitando en muchas ocasiones la opción de un desarrollo ajena a la familia (Minuchin,1974), quedando las personas a merced del mantenimiento y sostén de un sistema estricto. Las familias de transacción psicótica tienden a una rigidez poco adaptable e influenciable por los cambios del exterior o por las propias necesidades de sus miembros a lo largo de su ciclo vital. La jerarquía queda frecuentemente a merced de una coalición entre subsistemas, triangulando a uno de los hijos.

Enrique tiene 33 años vive con sus padres, lleva un seguimiento con el servicio de salud mental desde los 18 años cuando tuvo su primer brote psicótico y actualmente mantiene un diagnóstico de esquizofrenia paranoide. Siempre se ha sentido muy unido a su madre, que dicen que se comprenden muy bien y que muchas veces no hace falta decir nada para saber lo que piensa el otro. En su familia no es común tener encuentros sociales, su madre trabaja en las tareas de casa y su padre trabaja en una cadena de montaje de coches. Enrique no ha tenido muchos contactos sociales, su percepción de los demás es de desconfianza y alto riesgo, una creencia que comparten los miembros de la familia. Enrique percibe en muchas ocasiones que la gente le vigila, y que incluso algunos le pueden ver sus pensamientos. Estas situaciones generan crisis en Enrique que hace que no le puedan dejar solo ni pueda salir de casa durante unas semanas. Esto supone que el padre tenga que hacer la compra y todos los recados fuera de casa, quedando la familia supeditada a la aparición del síntoma, y como condiciona en sus miembros el reparto obligativo de los roles, y la necesidad de cada miembro.

Las diferentes vivencias y organización familiar, lleva a situaciones que generan una alteración en la estructura, muchas veces adaptiva y flexible, y otras situaciones que se rigidifican, una situación común es un conflicto continuado de pareja en el que es incluido un tercero, un hijo, en el que queda organizado el conflicto en una estructura a tres. La triangulación.

La triangulación

J. Haley es el primero que señala la triangulación como forma de organización familiar, acuñando el término triángulo perverso con tres características principales (1967):

1. Dos de las personas implicadas por lo menos pertenecen a diferentes generaciones.2. Se crea una coalición entre dos personas en contra del otro participante.3. La coalición es encubierta, velada, por los miembros.

M. Bowen (1991) desde una visión intergeneracional, considera el triángulo como la forma estable más pequeña dentro de un sistema, ya que al contar con tres participantes tolera más tensión que una relación diádica. La composición es una coalición entre dos personas y la posición incómoda un tercero enfrentado a estos, buscando cambiar de posición hacía un acercamiento a uno de los miembros. Si aumenta mucho la tensión se incorpora un nuevo triángulo entrelazado con el primero, teniendo algún miembro compartido, y así sucesivamente.

El Equipo de Milán, con el liderazgo de Mara Selvini, describió en los años 80 una conjunción de elementos en la interacción familiar con gran perspicacia en su libro “Los juegos psicóticos en la familia” (1990), aproximándose también al paradigma comunicacional, en el que describieron las siguientes fases para la eclosión de las psicosis:

1. El impasse de la pareja conyugal, en el que tras un conflicto prolongado en el tiempo la relación ha llegado a una situación sin salida, buscan introducir a un hijo en este juego. 2. La intromisión del hijo en el juego conyugal con una estrategia trampa y negada, que atribuye linealmente responsabilidades y culpas, víctima y verdugo.3. Conducta inusitada del hijo en la que ritualiza, con alguna conducta explícita, su posición en defensa de uno contra otro, defendiendo a la víctima de la relación diádica. Ya está dentro de la coalición de forma explícita. 4. El viraje del presunto aliado, en la que la víctima conyugal no se muestra como tal, y se acerca al verdugo cambiando el juego, y dejando en evidencia el rol del hijo implicado, traicionándolo. 5. La eclosión de la psicosis, el hijo se siente solo y abandonado en un rol principal que resulta desconfirmador, abrumador y genera rabia, con mucha dificultad para ser desvelada. 6. Las estrategias basadas en el síntoma. Ambos cónyuges equilibran sus posiciones con la nueva situación, en la que los síntomas del hijo, en gran medida, estructuran el funcionamiento familiar.

J. L. Linares (2019) explica que las principales propiedades estructurales y organizativas de un sistema son la cohesión (aglutinada-desligada), la adaptabilidad (rigidez-caoticidad) y la jerarquía. Además, en relación con este apartado, realiza una audaz contribución y unifica la triangulación con la desconfirmación, creando una explicación conjunta, la triangulación descofirmadora quedando el hijo/a atrapado en la dimensión conyugal desde la parentalidad como se observa en el siguiente paradigma.

Paradigma Comunicacional

La década de los años 50 y 60 fue la época del nacimiento del paradigma comunicacional. La interacción humana cobró gran interés y relevancia en varios sectores de la sociedad de habla inglesa y en este sentido, el grupo de Palo Alto, en California, en su artículo Hacia una teoría de la esquizofrenia (1972),describió lo que nombraron comunicación esquizofrenógena con el dilema de los mensajes contradictorios o doble vinculares como cimiento epistemológico de la esquizofrenia. Existen varias condiciones necesarias para que esta situación comunicacional paradójica se consolide:

1. Dos o más personas significativas en la que existe una relación de poder, padres, profesores... para que se desencadene el doble vínculo. 2. Experiencia recurrente, se tiene que presentar por una de las personas implicadas de forma habitual.3. Un primer mensaje que no se puede rechazar o eludir.4. Un segundo mensaje que se contradice con el primero y que, al igual que este, no puede ser eludido.5. Un mandato familiar, o tercer mensaje, que imposibilita a la persona señalada resolver el conflicto escapando de la escena y/o metacomunicando.

Cuando la persona sintomática ha aprendido a percibir su vida como un universo de pautas doble vinculares, un único elemento puede ser desencadenante de la duda existencial y vacío que implica convivir bajo mensajes contradictorios. Una sensación de incomprensión, inseguridad, culpa, ansiedad, confusión e indefensión aprendida envuelve, ahoga y desintegra a la persona doble vinculada. El grupo de Bateson habló sobre la debilidad yoica propia de las personas con experiencias psicóticas como “una perturbación que impide identificar e interpretar aquellas señales que deberían servir para decir al sujeto qué clase de mensajees un mensaje por él recibido” (Bateson, 1972, p. 223).

Un ejemplo clásico es el del padre que regala a su hija una camisa de cuadros y otra de rayas. Al día siguiente, la hija se viste con la camisa de rayas y le pregunta su padre, “¿no te ha gustado la camisa de cuadros?”. Inmediatamente después la hija se cambia de camisa y el padre le pregunta en esta nueva ocasión si no le gusta la camisa de rayas (Searles, 1959).

Posteriormente, reconocieron que “en la esquizofrenia el doble vínculo es una condición necesaria pero no suficiente para explicar la etiología y, a la inversa, es un subproducto inevitable de la comunicación esquizofrénica” (Bateson y cols, 1963, p. 84).

En el reino Unido, R. Laing (1973) uno de los fundadores de la antipsiquiatría, que para entonces ya había conocido a J. Bowlby y D.W. Winnicott en el londinense Instituto Tavistock, habló de desconfirmación y falso yo, a la vez que identifico el fenómeno de la mistificación en el que, al individuo mistificado, ante la amenaza de conflicto, se le imponen emociones, capacidades y responsabilidades, creciendo en un clima enmascarado de ofuscación donde no se puede percibir la realidad con claridad. Los progenitores, de este modo, ajustan la narración de los hechos manteniendo la coherencia familiar, forzando a todos los miembros a mantener un relato único, aunque existan vivencias diferentes, llegando incluso a poder definir a la persona en base al relato y encorsetando su identidad al servicio del sistema familiar.

Expresó que en las familias con miembros psicóticos existen reglas y metareglas donde se prohíbe hablar de determinados temas para luego prohibir hablar de las prohibiciones y así, sucesivamente, hasta el infinito. Veamos un ejemplo:

Un adolescente percibe con claridad el enojo y la expresión hostil de su madre y padre. Lo denuncia y los adultos lo niegan con rotundidad. La escena se repite y el padre le dice —¡Cállate, siempre estás con la misma bobada!—. Con este mensaje, le dicen al menor que está equivocado en su modo de percibir el mundo, es decir, es desconfirmado en su percepción y experiencia, no pudiendo lograr una visión consistente y firme respecto a sí mismo y la realidad con la que se relaciona.

Otro ejemplo puede ser el padre que le dice a su hijo, “con esos ojitos que se te caen estoy seguro de que te sientes cansado y que quieres irte ahora a la cama, ¿verdad?”.

La desconfirmación descrita por Laing, que absorbió contenido de la obra de L. Wynne, junto al doble vínculo identificado por Bateson, forma la base epistemológica de la desconfirmación expresada por Waltzlawick. Posteriormente, el contemporáneo Juan Luis Linares, desarrolla el concepto de la triangulación desconfirmadora recogiendo las investigaciones de sus predecesores. Así, cita Linares, las palabras de Waltzlawick “no existe una situación imaginable peor que hacer que alguien pase totalmente desapercibido en un determinado contexto relacional” (citado por Linares, 2019, p. 45)

Tabla 1.3. Conceptos importantes (elaboración propia)

 

Desde los diferentes caminos relacionales de la conversación como la confirmación, el rechazo o la desconfirmación y siendo sabedores de que en ocasiones las fronteras conceptuales son difusas, Linares (2019) realiza un gran esfuerzo aclaratorio al que quiere contribuir el presente capítulo a través de la siguiente tabla:

Tabla 1.4. Diferencias entre descalificación y desconfirmación (elaboración propia)

 

Base relacional

Base comunicacional

Reformulación interna y emoción

Tino asociado

Descalificación

Calificación o valoración

“Estás equivocado”

“No valgo”Tristeza

Depresión

Desconfirmación

Confirmación o reconocimiento

Inexistencia

“No soy nada” Vacío, desintegración

Psicosis

La valoración, ya sea en el polo positivo o negativo, implica ser visto mientras que el reconocimiento, implica ser o no ser visto. Dependiendo de la intensidad y duración de la experiencia, puede dar lugar a desarrollar trastornos asociados como la depresión en el caso de la descalificación o la experiencia psicótica en la desconfirmación. No es lo mismo que te digan “estas equivocado” (entre comillas como signo de expresión verbal) que te hagan vivir la experiencia de inexistencia, que es innombrable. Un ejemplo clásico de desconfirmación es el siguiente:

Jorge, padre de Luis y Leire, oye que se abre la puerta de casa y dice, —¿Luis? —No, Leire— responde su hija, y el padre calla y no dice nada mientras que cuando llega Luis suele llamarlo para contarle algo. Según el filósofo del lenguaje M. Bajtín, de donde se nutre el modelo finlandés de Diálogo Abierto, “para la palabra y, en consecuencia, para el ser humano, no hay nada más terrible que la falta de respuesta (M. Bajtín, 1984, p. 127).

En este sentido, a la hora de hablar de tratamiento, la construcción de redes confirmatorias resulta fundamental.

Paradigma Identitario

La identidad ha sido definida de formas muy diversas. En este apartado, la identidad se considera el núcleo de la mente donde el ser permanece constante (p. ej., blanca, europea, heterosexual y madre), en torno a una narrativa con mayores márgenes de fluctuación (p. ej., trabajando en una gestoría, con ganas de cambiar de trabajo, cansada del trato poco humano y deseando poder dedicar más tiempo a su familia). En etapas tempranas del ciclo vital individual, la identidad posee una permeabilidad que va perdiendo con el tiempo. La identidad junto a la narrativa es el resultado de un proceso retroalimentado de asimilación; ambas son claves a la hora de concebir la realidad y el modo de ubicarse en el mundo. En palabras de J. Linares, “la identidad es el espacio donde el individuo se reconoce a sí mismo y, como tal, es extraordinariamente resistente al cambio. Las narrativas, sin embargo, resultan ampliamente negociables.” (Linares, 1996, p. 27).

Una de las dificultades en el desarrollo de la identidad individual es la diferenciación o emancipación identitaria, pudiendo quedar atrapada en una identidad familiar en la que se observe una falta de confirmación del otro comprometiendo gravemente el desarrollo de la alteridad. En familias con miembros psicóticos se observa está dificultad en el desarrollo de la identidad individual desde un rígido “todos somos uno”, influenciado por una mitología familiar dificultosamente movible. La pertenencia al sistema familiar responde a un elevado grado de reglas, rituales y mitos que desde una perspectiva de corresponsabilidad influye en el desarrollo del individuo.

Además de la identidad individual y familiar, se puede hablar de la identidad social que se construye en base a una experiencia vincular con personas ajenas al núcleo familiar. El vínculo social en el desarrollo de la persona es una evolución natural que posibilita diferentes sentidos del sí mismo. En personas con psicosis, es un proceso espinoso que complejamente pueden llegar a permitirse, ya que quedan inmersos en una amalgama identitaria familiar compartida. Para poder tener representación fuera del sistema familiar tienen que haber resuelto satisfactoriamente el proceso de construcción de la identidad individual.

Identidad individual