Fantasía de secuestro y otros relatos eróticos sobre mujeres dominantes - Camille Bech - E-Book

Fantasía de secuestro y otros relatos eróticos sobre mujeres dominantes E-Book

Camille Bech

0,0

  • Herausgeber: LUST
  • Kategorie: Erotik
  • Sprache: Spanisch
Beschreibung

"Me arrodillé en los azulejos calentados por el sol y la arrimé al borde de la hamaca antes de hundir mi cara entre sus muslos. Tenía un sabor maravilloso de mujer, y sus pequeños movimientos contra mi cara confirmaron que estaba disfrutando con lo que le estaba haciendo." –En el baño con la Sra. Nielsen Ligues que nadie imaginaba, arrebatos de lujuria que saltan las convenciones sociales, fiestas donde el deseo es lo importante, juegos de roles... Siempre con mujeres decididas a tomar la iniciativa. Esto es lo que nos espera en cada uno de los relatos cortos de esta compilación. La compilación incluye los relatos: En el baño con la Sra. Nielsen Fantasía de secuestro El chico de la piscina Tinder Taxi Maliwan Si la cama está lista, aprovéchala El mayor deseo de una doctora Una mujer libre Estos relatos cortos se publican en colaboración con la productora fílmica sueca Erika Lust. Su intención es representar la naturaleza y diversidad humana a través de historias de pasión, intimidad, seducción y amor, en una fusión de historias poderosas con erotismo.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 176

Veröffentlichungsjahr: 2025

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



B. J. Hermansson, Camille Bech, Reiner Larsen Wiese, Lea Lind, Anita Bang, Alexandra Södergran

Fantasía de secuestro y otros relatos eróticos sobre mujeres dominantes

Translated by Cymbeline Nuñez

Lust

Fantasía de secuestro y otros relatos eróticos sobre mujeres dominantes

 

Translated by Cymbeline Nuñez

 

Original title: Fantasía de secuestro and Other Erotic Stories About Dominating Women (Spanish (neutral))

 

Original language: Danish

 

Copyright ©2022, 2024 B. J. Hermansson, Camille Bech, Reiner Larsen Wiese, Lea Lind, Anita Bang, Alexandra Södergran and LUST

 

All rights reserved

 

ISBN: 9788728591376

 

1st ebook edition

Format: EPUB 3.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

 

www.sagaegmont.com

Saga is a subsidiary of Egmont. Egmont is Denmark’s largest media company and fully owned by the Egmont Foundation, which donates almost 13,4 million euros annually to children in difficult circumstances.

En el Baño con la Sra. Nielsen

En 1989, yo era aprendiz en una gran empresa de albañilería. Me quedaba medio año de aprendizaje y, como la mayoría de los aprendices, estaba ansiando poder llamarme “cualificado”. Vivía en un pequeño apartamento y cada mañana cogía mi bicicleta y me iba al taller donde nos reuníamos para recibir las notificaciones de las tareas de la jornada. Me acuerdo del 24 de junio de 1989 muy bien; bueno, era el cumpleaños de mi padre y por eso quería acabar a una hora buena para ir a su celebración por la tarde. Mi compañero de trabajo y yo habíamos terminado una tarea de muchos días el día anterior en el puerto de Nordhavn. Tenía que irme al barrio de la embajada para arreglar una ducha que goteaba. Me quejé un poco, no era un encargo muy importante, era bastante trivial y no me ocuparía todo el día. Si, en este punto, hubiera sabido lo que conllevaba esta tarea, apenas me habría quejado. No tenía novia formal en ese momento y había estado ocupado con el trabajo y planeando el sesenta cumpleaños de mi padre durante varias semanas, así que no había estado disfrutando de mucha compañía femenina en ese tiempo. Eso no es una excusa, sino quizás meramente una explicación de por qué me comporté de una forma tan libre más tarde esa mañana.

Llegué a la gran vivienda a las ocho de la mañana, y no tenía ni idea de quién vivía allí. Pertrechado con herramientas y mortero, llamé al timbre. Tuve que llamar tres veces antes de que al fin se abriera la puerta y entonces recibí mi primera impresión de la persona que vivía en esta casa grande.

La Sra. Nielsen, supongo que era ella, era una mujer de unos cuarenta años, bien proporcionada, lo cual no podía dejar de darme cuenta ya que ella no llevaba nada puesto excepto un albornoz corto que apenas cubría su delantera. Sus pechos generosos estaban casi visibles y sus labios rojos brillantes se separaron en una sonrisa cuando me vio en los escalones.

–Mi marido seguramente dijo que venías, pero se me escapan los detalles de este tipo de asunto. Entra…

Ella se dio la vuelta y se encaminó hacia dentro descalza y no pude hacer más que seguirla aunque me sentía un poco incómodo.

–¿Te gustaría empezar por una taza de café?

No era raro que se nos ofreciese café o una cerveza cuando estábamos trabajando, pero yo no sabía cómo iba a poder quedarme sentado delante de ella vestida así, bebiéndome una taza de café.

–Será mejor que me ponga a trabajar, pero quizás luego.

Con suerte cuando hubiera terminado ella estaría vestida. De lo contrario, podría decirle que me habían llamado del taller y que me tenía que ir deprisa.

Ella me llevó al baño principal y era obvio lo que estaba mal, así que me puse inmediatamente a trabajar y empecé a retirar el sellante y el mortero viejo para empezar a sustituirlo por mortero nuevo. Cuando me puse en pie para buscar la pistola de aplicación con la silicona, ella estaba de pie en el umbral de la puerta con una mirada ardiente en sus ojos azules. Estaba apoyada contra el quicio de la puerta, con la bata abierta y los labios abiertos en una gran sonrisa que me hizo bajar la vista y alcanzar la pistola de silicona.

Mientras intentaba concentrarme en mi trabajo, escuché cómo abrió los grifos de la bañera que era grande. No me atreví a dar la vuelta una vez hube terminado con el mortero. No cabía duda, la Sra. Nielsen se estaba dando un baño. Recogí mis cosas sin girarme y estaba pensando en cómo salir de allí sin que las cosas se pusieran demasiado complicadas.

–¿Has terminado ya? –su voz sonaba diferente, más ronca y me percaté de un tono exigente, lo cual me hizo preguntarme si la mujer había estado bebiendo desde temprano esa mañana.

–Sí, no era nada complicado.

Me di la vuelta sin mirarla, era embarazoso. Después de todo, yo sólo tenía veinte años y nunca había vivido la experiencia de tener clientes desvistiéndose en mi presencia.

–Acércate aquí, albañil.

Volví la vista hacia ella, la espuma de baño cubría la mayor parte de su cuerpo pero no todo su cuerpo, sus pechos estaban a la vista y flotaban suavemente sobre la superficie del agua.

–Como… ¿ya has acabado?

Tendió un brazo hacia mí, y como no sabía qué demonios hacer, tomé su mano y me dejé guiar hacia la bañera.

–¿Podrías enjabonarme la espalda?

Me pasó el jabón y titubeando, empecé a enjabonar su espalda y sus hombros mientras me percataba de los primeros movimientos en mis genitales.

–¿Cómo te llamas?

–Kim –dije, mientras enjabonaba y enjabonaba lo mejor que podía.

–Eres muy atento, Kim, las puedes tocar.

Sabía a qué se refería, y no pude menos que abrirme camino hacia su parte delantera, la sensación de sus pechos generosos en mis manos hizo que mi miembro se endureciese.

–¿Te gustan?

–Hmm ... sí, son suaves –dije tartamudeando, percatándome de cómo luchaba mi anaconda por salir. Ella cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás hasta que la reposó en el borde de la bañera. Yo no tenía ni idea de cuál sería el siguiente paso, así que continué masajeando sus atributos.

–¿No te vas a meter aquí dentro conmigo? –su voz era alta. Podía percibir que estaba caliente y yo ahora estaba bastante caliente también.

–Pero estoy trabajando –dije, nervioso.

Ella me agarró de la mano y la bajó hasta su vagina, que estaba toda afeitada excepto por una tira pequeña y estrecha por delante.

–Sra. Nielsen, yo ... usted está casada, ¿verdad?

Ella rió mientras presionaba mi mano contra su apertura, la postura era incómoda y la manga de mi chaqueta de albañil se había empapado de agua.

–Mi marido es viejo y ya no me puede satisfacer, Kim.

Pensé para mis adentros que eso probablemente no era mi problema, pero no dije nada.

–Venga, quítate la ropa… Dios mío, no hay de qué preocuparse.

Me puse en pie titubeante, la situación era irreal, no entendía qué estaba pasando o por qué, pero en poco tiempo estaba de pie desnudo al lado de la bañera, y cuando bajé la vista, vi a la Sra. Nielsen con mi polla en su mano.

–¿Tienes tu herramienta en orden, albañil…? Déjame probarla.

Gemí suavemente mientras ella abría los labios y me hacía desaparecer por completo en su garganta. La manera de chupármela de la Sra. Nielsen era increíble. Nunca me habían chupado de esta manera y gemí con fiereza cuando se metió por completo en la boca mi polla hasta la base. Cuando por fin me dejó deslizarme fuera de sus labios rojos ya no tuve ningún reparo en meterme en la bañera con ella, así que nos quedamos sentados cara a cara.

Acaricié sus piernas y me incliné hacia delante para tocar su vagina. Ella jadeó y agarró el borde de la bañera mientras yo hacía desaparecer dos dedos dentro de ella, estaba deseosa, no cabía duda pero para un albañil inexperimentado y un poco tímido, todo era casi demasiado bueno para ser real. Podía percibir que tenía que mantener el ritmo para no cambiar de parecer y marcharme de inmediato.

Fue como si la Sra. Nielsen hubiese percibido de mi inseguridad, ya que se incorporó y empezó a trabajar mi polla con la mano mientras presionaba sus labios y pechos contra mí. Lentamente, mis dudas desaparecieron, mi anaconda ya estaba en su mejor momento, así que la eché hacia atrás para tumbarme encima de ella. Gimió sonoramente, retorciéndose bajo mi cuerpo en anticipación de que la embistiese, yo estaba reventando de deseo y cuando finalmente la penetré, fue con un sonoro gemido. La Sra. Nielsen rodeó mi culo con sus piernas y me empujó aún más profundamente dentro de ella, mientras me decía guarradas con instrucciones de cómo hacer y lo agradable que era mi polla.

Me pilló desprevenido, y era joven, así que no tardó en apretarme tan fuerte que tuve que ceder para liberarme. Así que machaqué como loco mientras la pobre esposa gemía y se retorcía debajo de mí mientras yo la inundaba con mi semen.

–No has durado mucho, susurró cuando por fin me detuve –me besó con ternura mientras seguía dentro de ella y pronto descubrí que quería más.

Me salí de ella y me puse en pie, el agua se había enfriado y podía ver por sus pezones que estaba helada. Le tendí una mano y pronto los dos estábamos de pie desnudos, empapados y abrazados en la bañera mientras el agua fría se iba por el desagüe. Ella empezó a tocarme y mientras cerraba la mano entorno a mi polla y empezaba a acariciarla con fuerza, esta creció de nuevo para la Sra. Nielsen.

–Eres tan joven y tan grande –susurró ella, y en comparación con su marido, eso era bastante cierto; y por lo menos era agradable para un aprendiz de albañil escuchar que hablasen de él de esta manera. Se puso a gatas y metió el tapón en el desagüe, abrió el agua y añadió espuma de baño mientras yo acariciaba su culo. Era emocionante y había sitio justo para que me arrodillase detrás de ella mientras apoyaba los codos en el borde de la bañera.

–Vaya, qué culo tan maravilloso tiene –dije en voz alta mientras abría sus nalgas para verlo todo.

Ella gimió intensamente y pronto me estaba rogando que se la metiese dentro. Presioné contra su apertura y debido a que estaba muy mojada, me deslicé hacia dentro sin esfuerzo y empecé a follarla. Ella se toqueteaba mientras tanto, lo cual era algo nuevo para mí, y lo único que hacía con eso era calentarme más a mí. Esta era la primera vez que había estado con una mujer que se diese placer a sí misma y que expresase tan claramente lo que quería. Mi polla temblaba ante la visión de verla entrar y salir del coño bien lubricado de la Sra. Nielsen en movimientos rápidos; era sencillamente sobrecogedor, y aunque ya había llegado al clímax poco antes, ya estaba a punto de tener el siguiente orgasmo.

Sus pechos se movían bajo ella en un loco vaivén mientras se tocaba y pronto sucedió algo que yo nunca había experimentado. Era casi como si su coño intentase ahogar a mi polla mientras empezaba a tener largas y profundas contracciones que hicieron que la Sra. Nielsen gritase mientras echaba la cabeza atrás y gritaba mi nombre. De repente me di cuenta de que todas las chicas con las que había estado hasta ese momento, habían fingido. Esto era real y sin duda, algo mucho más valedero.

Yo, un aprendiz de albañil, acababa de darle a la Sra. Nielsen del barrio de la embajada, un orgasmo en su bañera después de aplicar mortero a su ducha. Era sencillamente demasiado perverso para mí, así que embestí la polla hasta la base unas cuantas veces más antes de eyacular de nuevo y esta vez fue incluso mejor que la primera.

–¿Estuvo bien, Sra. Nielsen? –pregunté con un leve tono de orgullo mientras me salía de ella.

–Oh sí, Kim… fue fantástico –ella estaba boca arriba y me miró mientras me salía de la bañera. Tenía que hacer cosas, también necesitaba un poco de tiempo a solas para procesar los eventos de la mañana.

El resto de la jornada siguió como de costumbre, me guardé para mí mis escapadas con la Sra. Nielsen pero las repasaba en la cabeza siempre que tenía ocasión. A las cuatro me fui corriendo a casa, tenía que ducharme antes de irme al cumpleaños de mi padre, y también tenía que aliviar un poco de la presión del día.

Mi experiencia con la Sra. Nielsen me había abierto horizontes. Estaba orgulloso de mí mismo y ya sabía que era un hombre con una herramienta que funcionaba bien, pero ahora también sabía que las mujeres que me doblaban en edad seguían queriendo sexo, lo cual era perfecto ya que me encontraba inmerso en un mar de mujeres de esas edades. Me sentía tan valiente; flirteé con las invitadas femeninas de mi padre toda la noche, había probado el deseo en los ojos de la Sra. Nielsen al abrir los labios y el dejar que mi anaconda se deslizara dentro de ella se había grabado a fuego en mis retinas.

En cierto momento tarde esa noche salí afuera para respirar un poco y de pie en el patio del jardín de la casa de mis padres, vi la secretaria de mi padre de pie al lado de la puerta del garaje llorando un poquito. Yo conocía a Jannie lo suficiente como para acercarme a ella y preguntarle si le ocurría algo.

–Kim ... disculpa, creí que estaba sola.

Me puso una mano en el hombro mientras me decía, conteniendo las lágrimas, que ella y su marido se iban a divorciar. Su marido había encontrado a otra, y ahora ella se sentía vieja y aburrida.

–No eres vieja, y estoy bastante seguro de que no eres aburrida tampoco.

Ella había puesto ambos brazos entorno a mi cuello y se había puesto de puntillas para alcanzar mis labios.

–¿No le darías a una vieja aburrida un beso, Kim?

Yo reí, por qué no, pensé yo y mis pensamientos volvieron al maravilloso cuerpo de la Sra. Nielsen. Bajé la cabeza y besé apasionadamente la secretaria de cuarenta y cinco años de mi padre.

Nos interrumpió la voz de mi hermano llamándome desde la terraza, Jannie se separó de mí y desapareció detrás de los arbustos de lilas, no sé a donde, pero quizás estaba escondida para que no nos vieran juntos. Qué pena, pensé y seguí a mi hermano entrando en la casa.

–Creí que te habías marchado.

–No, no ... sólo necesitaba un poco de aire.

Un cuarto de hora más tarde vi a Jannie con los otros invitados, estaba hablando con mi padre, quizás era mi imaginación pero parecía que estaban flirteando y mi padre le cogió de la mano varias veces.

Catorce días más tarde, la locura había vuelto a la casa de la embajada, esta vez era la pared entorno a la vivienda la que necesitaba reparaciones, lo cual me llevaría varios días. Intenté ocultar mi entusiasmo cuando mi jefe me dio la orden. Al igual que la primera vez que estuve, la Sra. Nielsen abrió la puerta vestida casi sin nada, sonrió misteriosamente y casi me arrastró puerta adentro.

–Llegas justo a tiempo, estoy a punto de bañarme, así que, podrías enjabonarme la espalda, ¿sí?

La miré y no pude reprimir una sonrisa, ella era guapa, desde luego no le pasaba nada a su apetito sexual y no había duda de lo que tenía en mente.

–Sra. Nielsen, ¿y su esposo?

–Mi esposo está en la oficina… además ya no me puede satisfacer, no te preocupes por él, cariño, yo no me preocupo.

Me acompañó al baño mientras me preguntaba si yo prefería la bañera o la ducha.

–Bueno, me parece que será la ducha –dije con una sonrisa mientras ella me empezaba a desnudar.

Se había quitado su pequeño albornoz y yo no podía dejar de mirar sus atributos, eran excepcionalmente bellos, no pude contenerme y me incline para metérmelos en la boca, primero uno y luego el otro. Ella jadeó mientas liberaba mi miembro medio duro que no tardó mucho en ponerse tieso.

–Es bastante bonito, albañil –se arrodilló delante de mí y cuando alzó sus ojos de coneja, dejó que su lengua se deslizara por la punta de mi pene.

Expresé mi entusiasmo en voz muy alta y ella separó sus labios rojos color sangre y me invitó a entrar, agarré su cabeza y la presioné contra mí. La follé por la boca, no pude evitarlo, era tan perverso y a ella no pareció importarle demasiado.

Cuando hice una pausa me dejó salir y jadeó antes de seguir chupándome.

–Sra. Nielsen… debería parar ahora si quiere unirse a mí –gemí yo retirándome de entre sus labios.

Ella abrió la ducha, y el sonido del agua caliente se mezcló con nuestras respiraciones aceleradas. La volteé de manera que quedó de espaldas a mí antes de agacharme y empezar a lamer su coño. Ella gimió, y mientras yo hundía mi lengua en ella y ella se masajeaba con fiereza sus pechos grandes. Me desplacé hacia sus nalgas y la lamí entorno al agujero prieto mientras mis dedos jugueteaban con su coño. Estaba mojada, y susurró mi nombre una y otra vez presionándose contra mi cara. Mientras yo metía un dedo en su ano, ella emitió un sonido que durante un breve momento me hizo pensar que no le había gustado. Cuando iba a parar me rogó que siguiera, lo cual hice con toda la disposición del mundo.

Se puso más y más ardiente, me detuve y la incliné por encima del grifo antes de empujar mi polla en su coño. Ella se movió cada vez más deprisa contra mí y empecé a acariciarle el clítoris, haciéndola gemir en voz alta. Sus gemidos eran tan fuertes que temí que alguien nos descubriera, así que le tapé la boca con la mano mientras su vagina latía en mi polla.

En cuanto terminó, me retire y exactamente como había hecho en sueños, la empujé para que se arrodillara delante de mí y le pedí que sacara la lengua para poder eyacular en su boca. Se convirtió en una realidad ante mis ojos mientras mi semen le llenaba la cara y la lengua en un chorro largo y constante que me liberó del deseo casi ardiente que sentía por esta mujer desconocida.

Media hora más tarde, cuando estaba afuera en el jardín reparando la pared dañada por la helada, ella salió con una taza de café para mí.

–Qué encantador aspecto tienes –susurró.

Yo sólo podía decir lo mismo de ella, llevaba puesta una falda corta y una blusa ceñida que realzaba sus pechos hermosos, y su largo cabello rubio estaba recogido en una coleta. Hacía calor aunque todavía no era mediodía y me preguntó si me gustaría tomar una cerveza fría en el patio a la hora de comer. No sé de ningún obrero que se niegue a tomar una cerveza con una temperatura de veinticinco grados y naturalmente, acepté.

Seguí mi trabajo de reparación de la pared hasta el mediodía cuando la Sra. Nielsen anunció que la comida estaba lista en la terraza. Pensé en lo extraño que era lo cómodo que me sentía estando al lado de ella. No me sentía ni cohibido ni nervioso cuando me senté en mi silla y empecé a untar un poco de mantequilla en mi pan de centeno. La Sra. Nielsen era una mujer bella y no tenía señales evidentes de envejecimiento aparte de un poco de celulitis en la parte de atrás de sus muslos. Sus pechos eran firmes y su piel era suave y tentadora mientras se acurrucaba cerca de mí.

–¿Cuántos años tienes, Kim?

Yo le sonreí, nunca lo habíamos hablado, al igual que yo no tenía ni idea de cuál era su nombre de pila.

–Veinte –dije yo colocando una loncha de salchichón encima de media rebanada de pan de centeno.

–Dios mío, ¿sólo tienes veinte años?

–Hmm, ¿cuántos años pensaba?

Ella me miró con intensidad antes de contestar.

–Te había hecho más mayor, quizás veintiséis, veintisiete.

Me sentí halagado, especialmente si lo que le había llevado a engaño era mi capacidad sexual.

–Bueno, ahora que ya lo sabe, me gustaría saber si la Sra. Nielsen tiene nombre de pila.

Ella rió y se retiró unos pelos de su cabello claro de la frente; afuera, a la luz del sol, era más bella de lo que había pensado.

–Me llamo Liv.

Cuando terminamos de comer le ayudé a despejar la mesa y cuando estaba listo para salir afuera para seguir trabajando, me siguió.

–Acompáñame. Hay algo que quiero enseñarte.

La seguí a la parte trasera de la casa grande, donde me enseñó una ducha al aire libre en un recinto en la esquina de un patio encantador.

–¿No necesitas refrescarte, Kim? –susurró ella mientras me desabrochaba lentamente los pantalones.

–Liv –suspiré–, nunca voy a terminar con la pared.

Demasiado tarde, su mano se encontró con mi polla medio dura, creció a velocidad récord al doble de su tamaño. Ella tenía una manera de ser imperiosa. Pronto la había desnudado y me había quitado la ropa, y mientras que el agua caía por nuestros cuerpos recalentados, nos besamos intensamente y exploramos con curiosidad nuestros cuerpos. Era bello, era perverso, era justo en el centro del barrio más elegante de la ciudad, y estábamos rodeados de vecinos en el jardín casi centenario. Nos quedamos allí de pie desnudos y ardientes e hicimos el amor bajo una ducha al aire libre como dos adolescentes hambrientos.